Un trébol, una pistola y una botella de whiskey: lo irlandés en el cine

Más que un recorrido por la historia de la cinematografía de Irlanda, el siguiente ensayo aborda las representaciones más notorias de lo irlandés en el cine y la televisión.

Gary Oldman encarna al mítico duende Leprechaun en Interstate 60 (2002), dirigida por Bob Gale.

A Comadre

El hombre y la mujer, el amor, ¿Qué son? Un corcho y una botella
—James Joyce

En general, cuando pensamos en lo irlandés hay un acervo de referencias que se entrecruzan en nuestra mente bajo cuatro ejes fundamentales: San Patricio —la imaginería relativa a la festividad, el alcohol desbordando, los saltos de las danzas célticas, el sonido de gaitas y violines—, el trébol de tres hojas —que simboliza la santa trinidad y, en algunas versiones que añaden una hoja, la buena fortuna—, el conflicto político-religioso entre el gobierno irlandés y diversas facciones del IRA (Irish Republican Army), y desde luego el Leprechaun, ese mágico duendecillo de barba roja, traje verde y sombrero de copa que adopta la forma de un viejito que fuma su pipa y hace travesuras por doquier.

Asimismo, desde su tradición literaria —Dublineses de Joyce o Relatos de Beckett—  los pequeños relatos irlandeses evocan una serie de tragedias pálidas, sangrientas y absurdas. Eso vemos retratado en Pandillas de Nueva York (2002) de Martin Scorsese, que aborda la historia de la generación de Irish-americans del siglo XIX forjando sus fortunas en la naciente ciudad. Esa misma atmósfera respiramos, de manera un poco menos cruenta pero de mayor aliento histórico, en la aclamada serie de la BBC Peaky Blinders, (2013-) que sucede en medio de la rebelión independentista de Irlanda frente a la Corona Británica (Easter Rebellion of 1919), y luego en una sucesión de guerras civiles que desembocarán en los atentados perpetrados por el IRA entre 1968 y 1998, hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo. La imagen es siempre la misma: hombres y mujeres escuálidos, de ojos claros y tez lívida, que sobreviven como pueden bajo un telón de fondo donde la violencia, la ebriedad y la corrupción política gobiernan los destinos humanos.

Ambientada entre Birmingham y Belfast en los años veinte, la teleserie Peaky Blinders retoma constantes alusiones a los pactos entre pandillas irlandesas, miembros del IRA y contrabandistas locales en contra de la policía monárquica de Winston Churchill.

La tradición de San Patricio y su sello dionisíaco en la imagen

Cuenta la leyenda que la formación del máximo símbolo irlandés tuvo su génesis en un prodigio: San Patricio, evangelizador y santo patrono de los borrachos, dio cacería a todas las serpientes de la isla y, lo que es lo mismo en lenguaje alegórico, logró explicar el concepto de la Santa Trinidad a los druidas celtas con un trébol de tres hojas, una de sus plantas sagradas. No obstante, es hasta 1737 cuando se convierte en un evento civil y distintivo de la diáspora irlandesa, particularmente en Boston, y luego se extendió a otros lugares del mundo. Dicha transformación le dio un carácter laico al evento y estableció un indulto: los niños pueden comer dulces ese día a pesar de estar en Cuaresma, y a los adultos se les permite beber (litros y litros) de cerveza.

Jimmy McNulty, detective de la policía de Baltimore y héroe de la mítica serie de HBO The Wire (2002-2008), es el heredero directo de la tragicidad y el encanto de sus antepasados. Botellas de whiskey Jameson y cerveza Guiness acompañan siempre sus pesquisas, sus duelos y sus desamores. Mujeriego, irreverente, genial y apasionado, McNulty carga con una identidad fracturada: mitad americano, mitad irlandés, solo conoce la tranquilidad (o el olvido) cuando resuelve un gran caso policíaco o tiene un sospechoso con el cual obsesionarse. Ese problema identitario se convierte en intriga en el universo de violencia de Scorsese, quien lo combina con el problema de la delación (¿Quién es el traidor/soplón?) y lo poetiza en dos obras magnas: Pandillas de Nueva York y Los infiltrados (2006). Curiosamente, el actor protagónico que interpreta a  William Costigan Jr.  y a Amsterdam Vallon, dos hombres perseguidos por un violento pasado familiar y ávidos de venganza, es el gran Leonardo Dicraprio.

Una de las escenas emblemáticas de La naranja mecánica —que está llena de escenas emblemáticas y por eso es una obra maestra— muestra a un vagabundo pelirrojo, panzón y de sombrero de copa que pasa sus noches cantando “Molly Mallone”, el himno de la ciudad de Dublín, a cambio de monedas para comprar otra botella de whiskey. Este personaje, acaso una encarnación del espíritu del duendecillo Leprechaun, se le conocerá luego como “el ebrio bajo el puente” (The drunk under de bridge) y su presencia simbólica marcará el estado más corrupto y, años más tarde, el estado más ingenuo del inolvidable Alexander Delarge:

Las mafias irlandesas en Estados Unidos

En El padrino (1972) se menciona que Tom Hagen, consejero y abogado de los Corleone, es irlandés. No es casualidad que el único “extranjero” de la familia más relevante de la mafia en el cine lo sea, pues Tom representa la sagacidad y la astucia. De igual manera, Scorsese construye a su gánster irlandés en el marco de Atlantic City bajo la prohibición de los años veinte: en la teleserie Boardwalk Empire,Enoch Thompson, interpretado por el genio de Steve Buscemi, controla la ciudad tras bambalinas y defiende sus intereses contra la mafia italiana de Chicago y Nueva York. En la figura de “Nucky” presenciamos la cara más hipócrita del catolicismo ortodoxo. En cambio, en la de su hermano, el jefe de policía Elias Thompson, se presenta la villanía del prototípico irlandés alcohólico, holgazán y cobarde que hace mal su trabajo, regresa a casa solo para maltratar a su familia y vive sumido entre las apuestas y la bebida.

El jefe de policía Elias Thompson (Shea Whigham) y su hermano, el dueño de la ciudad y jefe de la mafia en Atlantic City Enoch Tompson, son defensores del orgullo irlandés en la teleserie Boardwalk Empire.

Una bandera bajo el estigma de la guerra: algunas recomendaciones históricas

Los irlandeses oscilan entre dos polos: la nostalgia nacionalista y el anarquismo apátrida. A imagen y semejanza, su bandera retrata dicha escisión. Si bien es cierto que todas las banderas son íconos históricos, la de Irlanda tiene una historia muy particular. Se creó en 1848 como una huella de su división religiosa y un llamado al armisticio en medio de su cruenta guerra. El color verde representa al bando republicano, católico e independentista —que ocupa la mayor parte de Irlanda del Norte en la actualidad— y el color naranja evoca la facción protestante, los monárquicos seguidores de Guillermo III de Orange. La franja blanca en medio es una voluntad de paz entre ambos extremos en pro de la unión nacional, una paz muy débil que se ha resquebrajado decenas de veces durante el siglo XX.

En la cinematografía el conflicto protagonizado por el partido político de izquierda nacionalista Sin Fein —que significa “nosotros solos” en irlandés— ha sido reflejada en numerosas ocasiones. Entre todas las producciones, vale la pena rescatar En el nombre del padre (1993) de Jim Sheridan, que recrea la injusta acusación de varios jóvenes irlandeses por la supuesta participación en varios atentados con bomba perpetrados por miembros del IRA en Londres durante el año de 1975. En la misma línea, Hambre (2003) de Steve McQueen revisa minuciosamente los eventos más álgidos ocurridos en torno a las huelgas de hambre de los presos políticos en Irlanda del Norte en 1981. El trabajo de archivo, evidente en el guion, le valió a McQueen la cámara de oro en el festival de Cannes de 2008.

Daniel Day Lewis, mismo villano de Pandillas de Nueva York, interpreta a un supuesto confeso y militante del IRA en En el nombre del padre (1993).

 

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero pedagógico de francés en Éditions Maison des Langues

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