Las mujeres de Roma. Entrevista con Yalitza Aparicio y Marina de Tavira

La cinta de Alfonso Cuarón, que acaba de estrenarse en algunas salas comerciales, retrata la vida de una familia de clase media en un año marcado por las turbulencias de la década de 1970 en la Ciudad de México. Es una oda al matriarcado, que representan la nana Cleo (Yalitza Aparicio) y Sofía, la madre de familia (Marina de Tavira). Sin ellas no se explicaría el éxito de esta película. Sus trayectorias son, sin embargo, casi opuestas. De Tavira tiene una amplia y reconocida carrera en cine, teatro y televisión. Yalitza, en cambio, es una joven de 24 años que vive en Tlaxiaco, Oaxaca, y que acaba de recorrer el mundo como protagonista de esta película.

Imágenes cortesía de Netflix

Una audición misteriosa

Habitualmente, cuando se hace un casting los actores suelen conocer la naturaleza del proyecto, pero Roma fue un caso diferente desde el inicio. “Luis Rosales, el director de casting de la película, me invitó a hacer un proyecto pero no me dijo qué era, ni de quién. Fue una audición diferente a todas, porque en realidad se trató de hablar de mí frente a la cámara, de compartir quién era yo”, recuerda Marina. En la siguiente fase del casting le revelaron el nombre de la cabeza de proyecto y Marina quedó asombrada. “De pronto un día me llega un mensaje de: ‘Tienes un call back’, y seguía sin saber quién era el director. Ahí ya hice una escena de la película pero con los textos cambiados —ésa fue luego una estrategia de Alfonso durante el rodaje—. Acabando esa audición me dijeron quién era el director y yo no lo podía creer.”

Al no ser actriz profesional, Yali vivió un proceso muy distinto y aún más misterioso. “Me hicieron un casting en Tlaxiaco, Oaxaca, al que asistí obligada por mi hermana. Ella quería ver cómo era un casting y fuimos las dos. Fuimos varias chicas, pasamos varios filtros, y cuando llegué al Estado de México me pidieron que invitara a una amiga que hablara otra lengua y así invité a Nancy (Adela), que habla mixteco”.

Sin embargo, como en ese proceso no se conocía ni la naturaleza del proyecto, ni las especificaciones del personaje, había demasiado escepticismo alrededor de Yali. “Decía mi familia: ‘¿y si es un secuestro, y si se llevan a las chicas?’, pero poco a poco la gente de la producción se acercó a mi familia y los fueron convenciendo”.

Cuando finalmente le revelaron a Yali que todo era para un filme de Alfonso Cuarón, ella leyó sobre él y buscó algunas fotografías. Pero incluso al verlo siguió creyendo que todo era un engaño. “Cuando lo conocí en persona, pues simplemente creí que no era él porque en las fotos se veía diferente, y cuando llegó lo vi muy delgado. Lo único que le dije a mi mamá es: ‘Vámonos de aquí, porque nos están engañando’. Pero ella me dijo que no nos iba a pasar nada”, recuerda Yali.

Al final del proceso de selección, Cuarón convocó a Marina y a Yali para verlas interactuar. “Llegué y estaba Yali ahí, y nos dejaron como una hora solas, hablando, y así estuvimos conociéndonos”, apunta Marina. “Después nos pasaron a probar ropa; y esa sesión terminó con Alfonso invitándonos a las dos juntas a ser parte de su película”.

Un rodaje peculiar

Para filmar Roma Cuarón tampoco siguió la práctica común de darles a sus actrices un guion para que lo pudieran estudiar; más bien les iba dando breves indicaciones antes de cada escena.

Para Marina, una actriz de enorme bagaje y privilegiada memoria gracias al teatro, esto, lejos de ser un obstáculo, fue una motivación. “No me dio susto, al contrario. Evidentemente venía de Alfonso Cuarón, y yo sabía que él sabía lo que hacía. Me pareció increíble y divertido; después tuvo su complejidad.” Cuarón se sentaba con ellas y les hablaba sobre sus personajes. “En mi caso, que creo que se parece un poco al de Yali, tuvimos una sesión en la que me habló de todos los antecedentes del personaje hasta el momento previo al inicio de la película. Me contó dónde había nacido, cómo conoció a su esposo, cómo eran sus hijos, dónde habían nacido; detalles de la vida, de cómo era la vida social y económica de la familia hasta el punto en el que empieza la película. De ahí ya no dijo nada más, nada de lo que iba suceder. Después me dijo: ‘Ya olvídalo todo, confía que ahí está’, y empezó el rodaje”.

Previo a cada secuencia, Cuarón se llevaba a cada actor por separado a darles breves indicaciones de este tipo. “A cada quien le decía algo. Yo no sé qué les decía a los demás, pero concretamente a mí me decía los diálogos, y me decía: ‘Di algo parecido a esto’, y lo increíble es que siempre terminaba coincidiendo con lo que él había escrito”, recuerda Marina. “Pero la forma en la que nos lo decía nos hacía sentir que éramos nosotros quienes habíamos llegado a esa forma de expresarnos. A los otros les decía otras cosas, y montaba la escena juntos, entonces sabías lo que tenías que decir, lo que iba pasar, pero no exactamente cómo iba a ser la réplica, o qué te iba a decir el otro, o cómo estaba su estado de ánimo; eso es algo que descubrías en las escenas”.

Con Yali el proceso fue similar. “Solamente me decía [Cuarón]: ‘Acaba de pasar esto, entonces estás confundida, o estás triste’; cosas así”, cuenta Yali. “Al llegar ahí me decía: ‘Recuerda que acabas de pasar por esto, pero aquí te vas a enfocar en los niños’. Con la familia, me decía: ‘A ver cómo vas a reaccionar ante esto o a ver cómo los vas a apoyar’”.

Como es característico en este director al que le gusta incluir largos planos secuencia, Roma incluye complejas tomas sin cortes. “En una escena tuvimos más de 60 repeticiones, fue cansado para todos”, recuerda Yali. “Es la parte donde se ve a Cleo en la cocina con la amiga (Adela), y que le va a dejar el café a la patrona. Todo eso fue una sola toma y era muy complicado seguir el ritmo de todos los que estábamos ahí”. Otro de los retos de la joven oaxaqueña fue hacer las escenas donde aparecía embarazada. “Aquí había guion pero no nos lo habían mostrado; ni siquiera sabía que en la película iba a estar embarazada, y fue un poco pesado porque yo no sé realmente cómo es un embarazo, pero trataba de preguntarle a las personas”, señala Yali. Una dificultad más fue la de integrar el mixteco, para lo cual a Yali la ayudó una amiga suya —Nancy García García— que interpreta a Adela, ayudante de Cleo en la película. “Había veces en que [Cuarón] sí me prestaba el guion, sobre todo cuando estaba en mixteco, porque Nancy, que es la traductora y la que me enseñaba, tenía que ayudarme con la pronunciación”.

La mujer como soporte del hogar

Como lo muestra Roma, en las familias de clase media y alta es frecuente que haya una segunda figura materna: una nana que termina por convertirse en una integrante fundamental. Ese tipo de convivencia existe en la experiencia de las actrices. “Yo tuve mujeres increíbles que me cuidaron”, recuerda Marina. “En mi caso nunca fue alguien tan constante como Cleo, pero ahora que soy madre vivo con mi hijo y con Lupita, que es una mujer increíble que me ayuda a criar a mi hijo y que hace posible que yo esté aquí, que le da un amor maravilloso y que es parte importantísima de quién es mi hijo.” Por su parte, Yali conoce bien esta dinámica pues su propia madre cuidó niños de otras familias. “A mí me tocó ser la nana de mis hermanos; pero mi mamá sí lo fue de verdad. Ella es empleada doméstica, le ha tocado cuidar y criar a niños, niños que a veces terminan diciéndonos: ‘No toques a mi mamá’, y les contestas: ‘Es que también es mi mamá’”.

No obstante, pese al demandante trabajo de su madre, Yali reconoce que ella siempre se las arregló para estar presente. “No sé cómo le hacía, pero se arreglaba para ver a todos por igual. A veces los niños a los que cuidaba terminaban viviendo en mi casa y llegaban con nosotros a convivir como si fuéramos todos hermanos. La admiro a ella y a muchas mujeres por lograr eso. Aunque a veces también he visto que, cuando son solteras, se olvidan de su vida personal y terminan dedicándose completamente a esa familia a la que cuidan”.

Para Marina la historia de Roma es precisamente un homenaje a los sacrificios que hacen estas mujeres. “Creo es muy bonito que Alfonso decida que ese sea el punto central de la historia, porque como él mismo dice: son mujeres que a veces se vuelven invisibles. Y voltear y darles el foco y preguntarse por sus vidas, sus vidas amorosas… creo que es el momento para decir ‘gracias’. Normalmente entendemos la familia como mamá y papá: la familia tradicional, y yo creo que hay muchas formas de familia. La mía no es ‘tradicional’, la de muchos no lo es; entonces, es como romper esos esquemas, y que el amor también se expresa desde otro lugar: la familia se puede fundar de otra manera”.

El empoderamiento de las pantallas

Además de su estreno en cines, Roma llegará a Netflix. Para las actrices esto significa una evidente ventaja de distribución. “Obviamente a todos nos encanta el cine y la pantalla grande, y es una gran experiencia verla así, pero eso dura un momento nada más. Al estar en Netflix, Roma va a llegar a lugares en los que tal vez ni siquiera hay cines, como donde Yali vive”, dice Marina. “Sí, en Tlaxiaco no hay cines”, subraya Yali. “Mi familia está muy emocionada, aunque todavía no entienden del todo; son comunidades en donde no se viven estas experiencias. Para mí estar en esta película es maravilloso, porque es como dar a conocer que existimos, que nuestra comunidad existe”.

Para Yali la experiencia de Roma se extenderá más allá del ciclo de la película, pues éste ha sido sobre todo un viaje de empoderamiento. “Con esta experiencia aprendí muchas cosas; en primera, a confiar en mí y darme cuenta que hay cosas que se pueden hacer. Ojalá las personas se den cuenta de eso: que no existe cierto límite, o que por ser mujer, o ser indígena, o ser de clase baja, tienes ese límite que la sociedad te impone; sino al contrario, hay que luchar por tus sueños y alcanzar lo que deseas”.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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