Stan Lee en México (y mis días con él)

“I was just doing my job,
 you know.”

La siguiente crónica relata el primer viaje de Stan Lee a México. Su autor sería el Virgilio del genio de Marvel, y en el periplo, salpicado de anécdotas, descubrirá que el creador de algunos de los superhéroes más famosos de todos los tiempos es, en realidad, dos personas.

Stan Lee (1922-2018), en la Phoenix Comicon, 2014. Bajo licencia de Creative Commons.

Corre el año 1996. Stan Lee tiene 73 primaveras. Él está en Los Ángeles, promoviendo el ascenso de sus personajes de historieta a la pantalla chica y grande; yo estoy en el otrora D.F., recién despedido de Editorial Televisa tras el “error de diciembre”, trabajando de free lance. Marvel está editando en Estados Unidos, en inglés y en español, The X-Men Adventures (versión “infantil”), y el programa correspondiente de dibujos animados se transmite aquí en Canal 13. En México, estoy con James Galton (“call me Jim”), presidente de Marvel de 1975 a 1990 —una gestión fenomenalmente exitosa— quien ahora es “embajador” plenipotenciario y supervisor trotamundos de las producciones de Marvel.

Editorial Televisa le da vueltas interminables a la idea de contratar y publicar los títulos de Marvel, algo que podría considerarse inconcebible, ya que son una garantía. Jim me pregunta que si yo puedo encargarme de la producción editorial íntegra de los cómics. Le digo que sí; él sabe que lo hice durante diez años en Novedades Editores. Y lo hacemos de nuevo, en tiempo récord, supervisados administrativamente por James Jacovides (otro “Jim”), egresado de Columbia, con la participación de la distribuidora Intermex (parte del consorcio Televisa pero independiente en tanto distribuidora), y los hoy extintos talleres Procoelsa. Para comenzar, me encargan X-Men Adventures, que ahora ya se imprimirá en México, y preparamos la reaparición del cómic Spider-Man.

Mientras tanto Luis Gantús y Martín Arceo, dos soñadores mexicanos amantes de la historieta, han concebido una pionera Convención de Cómics que, en su tercera edición, CONQUE 96, cambiará para siempre el panorama de los “eventos de cómics” en el país.

Estamos Jim Galton y yo rumiando el panorama general en un hotel de la avenida Campos Elíseos, y de pronto me dice Jim: “¿Qué tal si traigo a Stan Lee a promover las revistas y a la CONQUE?”. Me quedo pasmado, pero debí sonreír. Sin más, Jim levanta el teléfono (línea terrestre) y marca a California. Una secretaria le pasa a Stan. En cuestión de minutos todo queda arreglado. Jim me pasa a Stan. Le pregunto sobre el tipo de hotel en el que le gustaría hospedarse. Stan solo me exige —ya que piensa venir con su esposa Joan— que la habitación tenga dos baños (si no, no viene). Entendido. Over and out. Cada quien regresa a lo suyo.

Jim Galton sigue de trotamundos; andará en Oriente, pero semanas después Jacovides, procedente de NY, y yo, vamos al aeropuerto por Stan, quien finalmente llegará solo. Imposible no reconocerlo en cuanto aparece. Jim no lo conoce en persona, yo tampoco. Nos presentamos. Poco después, en el tráfico capitalino aún razonable de hace 22 años, llegamos al hotel Nikko.

Me toca llevar a Stan a Televisa, al programa matutino de Rebeca de Alba y César Costa. En cuanto llegamos a los estudios de Avenida Chapultepec, César le comenta a Stan algo que me sorprende: como las caricaturas de X-Men Adventures pasan por Canal 13, competencia (encarnizada) de Televisa, quien por su parte trasmite a Spider-Man, le piden a Stan que no mencione ni hable de X-Men Adventures, por favor; (yo no doy crédito ni cobranza, como dice un conocido periodista), y Stan, pues, sonríe.

Llega el momento. A unos metros de distancia, veo a Stan instalarse, como en su casa, con Rebeca y César. En sus manos tiene un fajo de cómics que le di. Lo presentan, en exclusiva: primera visita del genio de Marvel a México, etcétera. A la amable pregunta, “¿What brings you to Mexico, Stan?”, el cataclísmico campeón de creativos del cómic sonríe de oreja a oreja, y alzando y mostrando hacia la cámara ejemplares de la supuestamente proscrita X-Men Adventures, exclama: “¡Vengo a promover X-Men Adventures y Spider-Man!”. Debo reconocer que ni César ni Rebeca parecen pestañear siquiera, aunque Stan hizo exactamente lo que le pidieron que no hiciera, por favor. Yo sonrío. Stan, lobo de mar mediático, está feliz, en su elemento. Nos esperan otras entrevistas, eventos de prensa. Stan parece incansable.

Video de la conferencia íntegra de Stan Lee en la Conque 96. En el podio, de izq. a der: Luis Gantús, Stan Lee y el autor de este artículo.

Al día siguiente inaugurará la CONQUE en las instalaciones del Centro Médico de avenida Cuauhtémoc. En la gran escalinata, Stan va a “detonar” el evento, sumiendo la palanca de un simulado detonador de TNT, al estilo película de vaqueros. Cuando salgo del centro y contemplo la increíble multitud de fans esperando a Stan, se me hiela la sangre, de verdad. Pienso: si este mundo de fanáticos se abalanza hacia nosotros, buscando “un pedazo de Stan Lee”, todos moriremos hoy. Pero viene la “explosión”, la multitud ruge de gusto, la CONQUE queda inaugurada, nada desagradable ocurre, la fiesta inicia.

Otro evento: Stan firma autógrafos. La cola es interminable. Los fans están iluminados. No es para menos. Le conseguí a Stan una docena de plumones especiales, gruesos, los que prefiere para firmar; estoy atento, traduciendo preguntas de los fans y las siempre amables respuestas de Stan The Man. De pronto, los organizadores suspenden la ronda de firmas. Nos retacan a Stan y a mí en un pasillo sin ventilación, con algunas otras personas. Me parece incorrecto, y Stan está visiblemente molesto. Me va a aclarar por qué está molesto, y yo voy a entender algo crucial: comenzaré a entender que Stan es realmente dos personas.

Palabras más, palabras menos, dice Stan: ¿por qué interrumpieron la ronda de firmas? No lo entiendo. Nos encierran aquí, cuando yo podría estar dando tres firmas por minuto. Esos chicos vinieron por mi firma, para ellos es importante, mi firma es algo que van a atesorar. Yo quizás nunca vuelva a México. (Volvería una vez más, hace poco, a la CONQUE resucitada, en Querétaro.)

Pero el detalle es que esto lo ha dicho Stan sin pedantería, sin darse ínfulas; se lamenta porque piensa en los fans, y a mí, “me cae el veinte”: ¡Stanley Lieber ha estado representando a un personaje que se llama Stan Lee! Se preocupa genuinamente por todos los marvelitas de México que se quedarán sin autógrafo, ya que Stan puede extender hasta 150 por hora. (Creo que nunca se explicó aquella misteriosa interrupción). Pero por fin salimos del encierro y viene una conferencia en un auditorio standing room only.

Más tarde, los organizadores quieren llevar a Stan a cenar. Yo sugiero un restaurante al que he llevado a otros ejecutivos extranjeros, y del que nadie se ha quejado. Ellos quieren ir a otro, que yo considero pasado de moda, además lejano, de calidad dudosa. La necedad impera. Ahí vamos, en varios autos, por Insurgentes; a todo mundo le gruñen las tripas.

El joven Jacovides comienza a inquietarse por el viejo Stan: “Me preocupa que Stan esté tanto tiempo ‘on’” (“encendido”). Más claro ni el agua. Stanley sigue jugando el papel de Stan Lee. Como un artista “en el escenario”, está “actuando”, es el centro de todo. Stan me pregunta sobre el menú, comida mexicana, picosa. Finalmente, pedimos tacos de pollo, pero poniendo el ejemplo, le quito la lechuga. Stan igual. Jacovides, aunque más templado a los posibles peligros de la cocina mexicana, hace lo propio.

Al día siguiente, era de esperarse, al creador de Iron Man y Hulk lo fulminó “la venganza de Moctezuma”, estilo hechizo de Doctor Strange. Stan pasará el día y los eventos de la convención a botellitas de agua. Es el último día, y por fin regresamos a cenar al Nikko. Stan pide hablar con el chef. El hombre llega, de blanco, atento. Stan pide espagueti, sencillo, y por favor, hervido con agua purificada. El chef pregunta que si por lo menos espolvorea la pasta con perejil y parmesano. Traduzco: parsley and parmesan cheese. Stan arquea la ceja, reitera: espagueti sin nada, y hervido con agua purificada.

Jacovides y yo cenamos opíparamente, Stan disfruta su espartano espagueti. El creador de The Fantastic Four se relaja, ya no está “on”. Entre bocados, firma una montaña de ashcans de la CONQUE y —ya no recuerdo por qué exactamente— la plática aborda obras musicales de Broadway, de las que Stan es fan. Comento que años atrás tuve que fingir ser “mayor de edad” (me pinté bigotes) para poder entrar a ver West Side Story, y de pronto, Stan y yo estamos cantando “When You’re a Jet”, “I Like to Live in America”, y rememorando otras piezas. Le comento que me encanta My Fair Lady. Cantamos partes de “The Rain in Spain” y de “Get me to the Church on Time”. Confirmado, ya no estoy con Stan Lee, sino con Stanley Lieber. Jacovides sonríe. Comensales cercanos nos miran con discreta reserva. Deben ser un trío de loquitos.

Amanece el último día de la visita. Stan ya no asistirá a la CONQUE, yo organizo el viaje al aeropuerto. Parece que a buen fin no habrá mal principio. Para esto, en México, prácticamente nadie, y menos los fans, están conscientes de que Marvel está a punto de quebrar (por espejismos y errores financieros y editoriales de aquella década). En el taxi, Jacovides y Stan, atrás, chismean sobre cosas que ocurren en Nueva York y Los Ángeles; Stan parece optimista, Jacovides se escucha más preocupado.

Pero entonces, all business, Stan me pregunta cuáles son los personajes de cómic más famosos y amados de México. Ya no es Stanley Lieber: estoy hablando con Stan Lee, editor de editores de cómics. Girando sobre el asiento voy platicando y enumerando algunos éxitos históricos y joyas del cómic nacional, y Stan me pide pequeñas descripciones de los personajes, del tipo de tramas. Recuerdo haber mencionado El Charrito de Oro (aventuras de charros, no cowboys); Los Supersabios (aventuras de tres amigos, de corte “científico”, algo parecido quizá a Metal Men, pero en modo cómico, sin olvidar a Panza, y a su mamá, con el garrote con clavo). Chanoc, “aventuras de mar y selva”; Alma Grande, “el yaqui justiciero” (cowboys); Tawa, versión extrasurrealista de Tarzán, impreso en tinta verde, y también, no podía faltar, El Santo, el enmascarado de Plata, luchador y estrella de incontables cómics y películas. Por último, Kalimán (con la observación de que no es realmente mexicano, sino de origen cubano). No menciono La Familia Burrón, porque ahí no hay nada que Marvel o Dios Padre puedan hacer para mejorarla.

Vamos llegando al aeropuerto. Stan sigue feliz, y me encarga una misión que Jacovides supervisará desde el ángulo administrativo: me pide, ordena o invita a ser cómplice, en lo que sería una aventura editorial de fábula: consigue a la brevedad toda la información necesaria sobre esos títulos que mencionaste, ya sabes, para que Marvel los compre, y luego les damos el “tratamiento Marvel”, para después darles reboot. ¿Estamos? Stan, claro que sí. Faltaba más…

Stan tomará un vuelo a Los Ángeles, Jacovides a New York. Apretón de manos, abrazo. Quedo solo, un poco melancólico, pero sonriendo. En esos tres días conocí a dos personas singulares, cada uno ejemplar en su sencillez y en su calor humano: las dos se llaman Stan, pero uno se apellida Lee y el otro, Lieber.

Aquella fábula editorial nunca se dio. Nunca sabremos qué habrían hecho Stan Lee y Marvel con Chanoc, los Supersabios, El Charrito de Oro o El Santo. En 1998, Marvel entraría en bancarrota; como a todos los editores extranjeros de Marvel, me llegaría la gruesa copia del oficio Chapter 11 Bankruptcy. Marvel va a venderse en pedazos, pero finalmente financieros previsores la rescatan. Son estertores del siglo XX. Todo cambia en Nueva York, pero Stan sigue en LA. Con ejemplar tenacidad, Marvel acabará resucitándose a sí misma, y hoy, adquirida por Disney en miles de millones de dólares, pinta como la franquicia de entretenimiento más exitosa de la historia. Si a una sola persona se debiera este éxito, es a Stan Lee. Si en música, en la década de los 60, un cuarteto de Liverpool insertó al rock y al pop en la mainstream culture, Stan lo hizo para el cómic.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.

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