Clásicos de las trincheras.
Cinco películas sobre la Primera Guerra Mundial

En La gran ilusión (Jean Renoir, 1937), uno de los soldados franceses prisioneros del ejército alemán se traviste con la intención de emprender la fuga durante un carnaval organizado en la cárcel.


La Gran Guerra ha sido ampliamente representada en el acervo literario y cinematográfico del siglo XX y XXI por artistas tan decisivos como Stanley Kubrick, Ernest Hemingway, Jean Renoir y Dalton Trumbo. En lo que respecta al séptimo arte, un cúmulo de películas hollywoodenses se concentraron en el padecimiento de los soldados en el frente y en las trincheras, aunque no ahondaron en las causas y consecuencias del enfrentamiento; mientras que una oleada de producciones europeas ofrecieron una visión mucho más amplia del fenómeno histórico. Presentamos una sucinta selección de estas joyas de época.

Adolphe Menjou y Kirk Douglas encarnan, respectivamente, al villano general Broulard y al coronel Dax en la cinta Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957).


Clásico inmediato

Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957)

Testimonio de las enfermedades del poder y de los excesos macabros que puede alcanzar las formas maquiavélicas, la película de Kubrick es una obra maestra imprescindible. Prohibida en Francia hasta 1976, Senderos de gloria pone en evidencia la crueldad de un grupo de generales franceses que dictamina la pena de muerte sobre tres de sus soldados, culpados injustamente por su participación en la guerra de trincheras sostenida en La fourmillère contra el ejército alemán. En esta temprana producción, el director encuentra pistas de lo que se convertirá en su estilo magistral: largos travelings de cámara, la presencia del sonido como un elemento narrativo (diegético), contrapicados heredados de Orson Welles, primeros planos que prefiguran una estética de lo grotesco, etc. A pesar de mostrarse como una cinta antibelicista, la última escena arroja una luz sobre la profunda intención de Kubrick: igualar a los soldados, sin importar su bando, para denunciar la alienación de las almas que la guerra misma suscita.

Como en la novela de Hemingway, en la cinta Adiós a las armas (Borzage, 1932), el teniente Frederic Henry (Gary Cooper) se enamora desesperadamente de Catherine Barkley (Helen Hayes), la enfermera que lo cuidó durante meses.


Siempre Hemingway

Adiós a las armas (Frank Borzage, 1932)

Rara vez puede afirmarse que una adaptación cinematográfica esté a la altura de una gran obra literaria. No obstante, en el caso de Adiós a las armas, tanto la novela de Ernest Hemingway como la película de Borzage concretan admirablemente un melodrama y una historia de adversidad fascinantes. El teniente norteamericano Frederick Henry —encarnado por el legendario Gary Cooper— y la encantadora enfermera inglesa Catherine Barkley viven una serie de encuentros y separaciones en medio de la guerra de 1914. De carácter evidentemente autobiográfico, el libro recrea la experiencia del escritor norteamericano cuando se ofreció como voluntario para conducir ambulancias en 1915 y conoció al primer amor de su vida.


Del absurdo

La gran ilusión (Jean Renoir, 1937)

Clásico del realismo poético francés, esta película se inscribe en el movimiento que trató de evidenciar el absurdo del conflicto bélico. A través del relato de un grupo de pilotos franceses detenidos por la armada alemana y su convivencia en una prisión, Renoir muestra con habilidad y sin panfletos, que las diferencias entre países son menos importantes que entre clases sociales. De clara filiación comunista, la perspectiva del realizador pone en escena distintos prototipos basados en su origen y posición —hijos de migrantes pobres, de burgueses, de aristócratas y judíos—, para esbozar un modelo social europeo, destacar la fraternidad que emerge en las almas de los hombres cuando atraviesan la adversidad, y efectuar una aguda crítica por la inequidad que persiste en los países del viejo continente.

La gran ilusión

El inconfundible Charles Chaplin, inglés de origen judío, propone en Armas al hombro (Charles Chaplin, 1918) su versión muda de la Primera Guerra Mundial.


Crítica y comedia

Armas al hombro (Charles Chaplin, 1918)

Recién declarado el final de la Primera Guerra Mundial, Charles Chaplin cautivó a las primeras audiencias consolidadas del cine mudo con este hermoso mediometraje (45 min.). El espectador asiste a una fuga onírica en la que Charlot, eterno protagonista de su cinematografía, se sume en una circense aventura en las trincheras que lo lleva hasta un enfrentamiento, cara a cara, con el propio Káiser. Su reconocido sello tragicómico mezcla pintorescos giros de cámara y la tierna coquetería del slapstick y sus legendarios gags.

Johnny tomó su fusil


Inocencia perdida

Johnny tomó su fusil (Dalton Trumbo, 1971)

Basado en la novela del guionista y director Dalton Trumbo —quien tuvo que usar un seudónimo, cambiar de identidad y esconderse durante los años cincuenta por la persecución que sufrió debido a su postura antibelicista y de izquierda—, Johnny tomó su fusil es el testimonio capital de la inocencia perdida y del peso brutal del poder de los mandatarios sobre el destino de los individuos. Johnny es un joven de provincia, epítome del norteamericano promedio, que responde a una educación tradicional devota a la democracia y sus valores impostados. Un horrible accidente lo llevará a vivir completamente inmovilizado, durante años, en una sala de hospital. En ese limbo aterrador, el joven emprenderá un viaje mental a través de sus recuerdos y logrará una profunda reflexión existencial con notables alcances de universalidad. Ganador del Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes de 1971, esta cinta quedará enmarcada en el imaginario visual de Occidente como un irrefutable memorando antibelicista.

 

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial de francés en Éditions Maison des Langues. Twitter: @Cajme

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