House of Cards: la gran fisiología del poder

El pasado 2 de noviembre Netflix lanzó la esperada sexta temporada de una de sus series más afamadas, House of Cards (HC6). Con esto se cierra finalmente el ciclo del thriller político más valioso de los últimos años a pesar de sus tropiezos finales.

House of Cards
Temporada 6
Año: 2018 (desde 2013)
País: Estados Unidos
Guion: Andrew Davies, Michael Dobbs (basado en su novela), Frank Pugliese, Tian Jun Gu, Jerome Hairston, Jason Horwitch, Charlotte Soudt
Producción: Netflix
Dirección: Robin Wright, Alik Sakharov, Ernest R. Dickerson, Louise Friedberg, Ami Canaan Mann, Stacie Passon, Thomas Schlamme
Reparto: Robin Wright, Michael Kelly, Justin Doescher, Derek Cecil, Jayne Atkinson, Boris McGiver, Paul Sparks, Jeremy Holm, Nini Le Huynh

Escándalos y obstáculos en la producción

HC6 termina estrepitosamente no con los 13 capítulos habituales, sino con 8; además tuvimos que esperar hasta el otoño para que apareciera. Como fue ampliamente difundido desde principios de este año, la causa de esta espera fueron los escándalos sexuales en torno al protagonista Frank Underwood, interpretado con maestría y total convicción por el actor de 59 años Kevin Spacey; hechos particularmente incómodos porque involucraron a un joven de 14 años, Anthony Rapp, de quien presuntamente Spacey abusó cuando tenía 26, y a partir de lo cual el actor tuvo que reconocer públicamente su homosexualidad. Tras este hecho, otros hombres que convivieron en distintas épocas de la vida del actor han declarado haber sido objeto de acoso y abuso, incluso trabajadores y exempleados de la afamada serie de Netflix. Esto llevó a la empresa a cortar toda relación laboral con el actor y a anunciar anticipadamente que daría por terminada la exitosísima serie. Cabe señalar que Spacey ya había ganado un Globo de Oro por su actuación en la serie y además mostraba rasgos de una plena madurez escénica sobre todo si comparamos su actuación con la de cintas previas como L.A. Confidential (1997), American Beauty (1999) o la polémica K-Pax (2001), acusada de plagio por el realizador argentino Eliseo Subiela (Hombre preso mirando el sudeste, 1986).

El contexto más amplio de los escándalos sexuales en torno a Spacey es el del movimiento #MeToo, que comenzó a cobrar fuerza en octubre 2017 a partir de las acusaciones contra el productor hollywoodense Harvey Wienstein; la actriz Alyssa Milano animó a usar el hashtag con la idea de evidenciar la misoginia y el acoso contra las mujeres.

Todo lo anterior impactó a House of Cards. No solo por el hecho de que la actual temporada iniciara con la súbita muerte de un personaje a quien veíamos con cabal salud y luchando por su vida política en HC5, sino porque esta temporada se convierte también en la de un personaje ausente, cuyo espectro permea sin embargo toda la serie. Una de las consecuencias ha sido la reducción en la tensión dramática a la que la serie nos tenía acostumbrados; en cambio, durante los 8 capítulos desfilan sospechas y rumores, y se deshilvanan causas, razones y circunstancias en torno a la fugaz muerte del presidente Underwood.

HC6:la presidenta Underwood en el centro

La centralidad de la figura de la “señora Underwood” es justamente un signo del empoderamiento femenino que ahora HC6 quiere representar, con inteligencia, pero no por ello sin precipitación. Más aún, la ahora todopoderosa Claire Hale decide regresar a su nombre de soltera como una forma de tomar distancia de su marido y de la dimensión masculina en el ejercicio del poder. Esto se ve particularmente reflejado cuando, en medio de una de las distintas crisis de su gobierno, Hale disuelve su gabinete y nombra otro, conformado enteramente por mujeres. Un elemento más de la centralidad de la mujer en los núcleos dramáticos se ve proyectada en la constante lucha que Claire sostiene con Annette Shepherd, quien es parte de un influyente grupo que busca derrocar a la “señora presidenta” justamente por su despotismo, además de acusarla de problemas psicológicos.

La “otra” House of Cards

House of Cards es homónima de una miniserie inglesa proyectada en Inglaterra, en 1990, al fin del mandato de la temible “dama de hierro” Margaret Thatcher. La versión norteamericana sigue en general el mismo hilo narrativo de las primeras temporadas. La serie inglesa retoma la novela homónima de Michael Dobbs, donde se narra con agudeza y de forma laberíntica la intriga política al interior del Parlamento británico. En ambas series encontramos ese guiño extradiegético —que tanto le ha gustado a la crítica— en el que el personaje principal voltea hacia la cámara para hablarle al televidente y hacer de éste un personaje más. (De hecho, en HC6 dicho recurso se utiliza más frecuentemente por la presidenta para dar información adicional sobre algunas de las decisiones que va tomando).

Si bien la serie inglesa tuvo una excelente acogida en su momento, la actual versión estadounidense ha superado a su antecesora y se ha colocado entre los mejores lugares de las series de televisión recientes como Juegos de Tronos (2011-), Lost (2004-2009), Breaking Bad (2008-2013), Los Sopranos (1999-2007) o The Wire (2002-2007); ninguna de ellas producidas por Netflix, por lo que puede considerarse a House of Cards como una de las primeras en colocar a Netflix en el listado de las grandes productoras-distribuidoras de series, que ahora sin duda domina.

Aceptación crítica y tropiezos de la temporada 6

Desde 2013 la crítica ha sido unánime en cuanto a la calidad de la serie; en primer lugar, por sus indiscutibles valores de producción que van desde el casting y la actuación hasta la escenografía y eximia fotografía que no decae en momento alguno, generando por momentos cuadros perfectos propios de la estética cinematográfica. La narración tiene algunos altibajos, sobre todo en esta temporada debido a la forzada decisión del cierre narrativo comprimido en la mitad de espacio. Empero, HC6 mantiene el lenguaje equilibrado respecto a temporadas anteriores; el sentido de intriga y ocultamiento se traduce visualmente en gran cantidad de escenas oscuras o en penumbra; los diálogos se suceden uno tras otro de forma vertiginosa por lo que resulta difícil conjuntar todos los detalles para interpretar las reacciones de los personajes.

Sin ser el primer thriller político que muestra los bastidores del teatro político en Washington, House of Cards logra una nitidez y contundencia que huye de la pegajosa espectacularidad del tipo Fuego sobre Londres (2017) o esa especie de carnaval de la intriga global como la película-serie Misión Imposible (1996-2018), y en donde precisamente los efectos especiales, el montaje y la música sustituyen el rigor de una trama que en House of Cards exige atención absoluta para descifrar el crucigrama que el relato despliega en pasillos, encuentros casuales, alcobas, salones adjuntos, escaleras, sótanos y complots.

HC6 presenta a una Claire Hale todopoderosa que juega por momentos a ser una visión amplificada de su difunto marido Frank Underwood, de quien busca desmarcarse y al mismo tiempo negar. Hay una tensión no resuelta en HC6 entre un personaje que ya no aparece, pero sigue estando presente y que queremos interpretar por decisión precipitada de retirar a Spacey del elenco con los problemas que ello significó para los guionistas. Una escena en particular, que refleja dicha tensión, es cuando en una de las muchas discusiones que Claire tiene con Douglas Stamper, el enfermizo y otrora brazo derecho de Frank Underwood, le espeta a Claire: “Él te hizo”.

De alguna forma la omnipresencia de la figura femenina y el intento de mostrar una trama volcada hacia la fuerza de las mujeres en el relato de la alta política de los Estados Unidos puede desear vincularse al efecto de la corriente de opinión con respecto a #Metoo. Sin embargo, esto no resuelve y de hecho precipita el conflicto sobre la presencia-ausencia de la figura de Frank Underwood, y comprometen por completo la verosimiltud narrativa (cuyo caso extremo es el súbito embarazo que aparece en la segunda parte de la temporada).

A fin de cuentas, a pesar de los defectos que pudiéramos encontrar sobre todo en la sexta temporada, la obra acaba regalándonos una particular fisiología del poder: descarnado y cínico, glamoroso e ilimitado para realizar críticas implícitas contra el sistema democrático y el presidencialismo, así como contra el mismo topos del poder: la ciudad capital de América, que el magnate Bill Shepherd, hermano de Annette, define como algo que te traga. Todo lo anterior permite reconocer en este thriller político, aun en medio del escándalo y de algunos excesos y precipitaciones narrativas, que estamos ante una de las mejores series en la historia de la ficción audiovisual en lo que va del siglo.

 

Tanius Karam
Profesor de Comunicación de la UACM.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.