Los secretos de Museo. Entrevista con Alonso Ruizpalacios

Basada en hechos reales y protagonizada por Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris, Museo cuenta la historia de Juan Nuñez y Benjamín Wilson, quienes en la Nochebuena de 1985 robaron el Museo Nacional de Antropología.

Fotografías: Cortesía TIFF.

En 1985 el Museo Nacional de Antropología sufrió el robo más grande de su historia: más de 120 objetos fueron extraídos por dos sospechosos que en ese momento fueron calificados como profesionales. Aunque nunca se supo cómo lo lograron —no había suficientes cámaras ni vigilancia— Alonso Ruizpalacios, director conocido por Güeros, construye su propia versión del atraco y de las motivaciones de los ladrones en Museo.

Para lograr llevar a la pantalla este histórico robo, eran fundamentales varios elementos; entre ellos, investigar a fondo el hecho, obtener el permiso del museo para filmar ahí (aunque los interiores se emularon después en un foro), recrear las piezas y encontrar a los actores idóneos para interpretar a Carlos Perches y Ramón Sardina —aquí llamados Juan Núñez (Gael García Bernal) y Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris).

En entrevista, el realizador charla sobre las motivaciones de los ladrones y las suyas para llevar a la pantalla esta historia rocambolesca.

Primer paso: reconstruir los hechos

Ruizpalacios resalta que antes de involucrarse de lleno en esta cinta su conocimiento sobre el robo era poco.

“Tenía una vaga memoria de infancia de que ocurrió este robo, pero realmente no era algo que tuviera muy fresco. Cuando estaba trabajando en Güeros, mi editor Yibran Asuad me dijo: ‘Tengo un amigo que está escribiendo un guion sobre la historia del robo al museo’. Recordé: ‘Ah, sí, es cierto que hubo este robo’.”

Sin embargo, mientras más detalles aprendía del incidente ocurrido el 25 de diciembre de 1985, más fascinante lo encontraba:

“Cuando me explicaban que habían sido dos chicos que estudiaban veterinaria, que no hicieron nada con las piezas, que estuvieron guardadas casi 4 años, y que se involucraron después con una vedette (Princesa Yamal), cada cosa resultaba más increíble. Entonces me junté con Manuel Alcalá (el guionista), que vio Güeros y quiso que dirigiera la historia.”

El siguiente paso fue, entre los dos, reescribir la película, apoyados en una extenuante investigación.

“Fue una chamba de ir desenterrando. Descubrimos primero los hechos y después decidimos qué elementos de la historia real conservar y cuáles descartar. Poco a poco fue yéndose más hacia la ficción, alejándose de los hechos reales.”

Segundo paso: intuir las motivaciones

Aunque el robo era fascinante en sí mismo, para Ruizapalacios lo fascinante era poder explorar las motivaciones que pudieron llevar a estos dos jóvenes de clase media, sin aparente necesidad económica, a perpetuar este crimen.

“Cuando escribes o diriges algo, se van a ver reflejadas allí tus inquietudes personales. Ya que me metí a la investigación, lo que más me resonaba era: ¿por qué lo hicieron? Traté de encontrar una respuesta, y me encantó no tener una clara. Descubrí que probablemente ni ellos sabían por qué. Cuando dimos con eso, pensamos que había que hacerlo parte de la película.”

El director añade que justamente la personalidad de estos jóvenes fue otro de los elementos que lo cautivó, y con el que además encontraba un paralelismo con su trabajo anterior.

“Hay algo que me atrae mucho de esta ‘historia de juventud extraviada’ que en Güeros exploré de alguna manera. Aquí también encontré eso con estos dos personajes: saber que los ladrones era dos estudiantes de Satélite de clase media y que no lo hicieron por necesidad.”

Tercer paso: separar la realidad de la ficción

Como en 1985 ni las cámaras ni los vigilantes captaron el robo y solo se atrapó a uno de los ladrones, mucho de lo que se ve en la película termina siendo distinto a los hechos reales.

“Muchas cosas son ficción. De entrada, nadie sabe cómo fue el robo, cómo lo ejecutaron realmente, porqué hay poca información. Hay fotos e hicimos una especie de ‘reconstrucción forense’, para tratar de entender qué pasó.”

Durante su investigación, Ruizpalacios y su equipo entendieron que no había una sola versión, sino varias, y que nada era cien por ciento comprobable.

“Hay muchas contradicciones al describir por dónde entraron. El director del museo nos dio un tour de por dónde creen que lo hicieron. Pero después, amigos de Carlos Perches y Ramón Sardina, los ladrones, nos contaron otra cosa. Nada cuadraba. El que nuestra investigación no cuadrara con lo que nadie más decía hacía que la historia tuviera una cualidad de ‘mito’. Cada uno tiene una versión diferente. Dijimos: ‘hay que abrazar eso’. Al final decidimos hacer nuestra propia versión.”

Cuarto paso: encontrar a los ladrones

Ruizpalacios confiesa que cuando coescribió este guion lo hizo con Gael García Bernal en mente.

“Cuando empecé a escribir, empecé a pensar en él; y cuando le ves cara al personaje, se vuelve más fácil la escritura; eso me pasó. Cuando encontré esa cara, ‘ah, es Gael’, fue mucho más fácil. Para mí era además importante que fuera chaparro; hay una cosa de síndrome napoleónico, que tuviera como una vida interna activa, medio oscuro, pero con una fachada encantadora. Gael tiene eso”.

Persuadir al actor no fue complicado; lo difícil era cuadrar tiempos.

“Convencerlo no fue difícil porque le encantó el proyecto. Nos conocemos desde hace varios años y después de Güeros dijimos: ‘Hay que hacer una película juntos algún día’. Y cuando le conté esta historia dijo: ‘Sí, sí quiero hacerlo’. Lo difícil fue encontrar los tiempos.”

Y aunque el director tiene una compañía de teatro (Todas las fiestas de mañana) con el coprotagonista Leonardo Ortizgris, que también estuvo en Güeros, el actor tuvo que hacer casting.

“No estaba pensando en él para el personaje, no sé por qué; por eso casteamos a un chingo de chavos, y de no actores, más jóvenes, más grandes. Luego lo que tienes más cerca es lo que no ves. Pero cuando él hizo el casting con Gael fue ¡pum! Era clarísimo. En el primer casting era él.

Quinto paso: conseguir el museo para Museo

Para Ruizpalacios, llevar esta historia al cine no hubiera tenido sentido de no haber podido filmar en el Museo Nacional de Antropología, por lo que obtener este permiso fue requisito fundamental para desarrollar el proyecto.

“Era muy importante. Teníamos claro que si no había museo no había película. Y en algún punto en el proceso de preproducción parecía peligrar justo ese permiso. De hecho, durante mucho tiempo pensamos en hacer otra película, porque si no conseguíamos el museo no era posible filmar esta historia.”

Convencer al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al patronato fue labor de los productores Gerardo Gatica, Alberto Muffelmann y Ramiro Ruíz.

“En particular, ellos tres hicieron la campaña súper bien armada para ‘seducir’. Fue un trabajo de seducción al INAH, al museo, al patronato. Mandar cartas, enseñarles la relevancia, eso fue fundamental: convencerlos de la importancia del proyecto y de que iba a ser un testimonio de algo que pasó en el museo. Y que a pesar de que fue un momento penoso, podría decirse que esta película es justo una celebración de ese museo.”

La producción logró filmar en los exteriores del Museo de Antropología, aunque por el incalculable valor de las piezas, hubo que recrear los interiores.

“Solo nos dejaron filmar en los exteriores. Las salas las hicimos en los Estudios Churubusco. Solamente podíamos ir los lunes. Las partes del museo estuvieron repartidas en todo el rodaje. Los lunes, cuando el museo estaba cerrado, tocaba ir a filmar ahí. Era uno de mis momentos favoritos: ‘es lunes y el cuerpo y el museo lo saben’”.

Sexto paso: recrear los detalles y las piezas

Como no había manera de que la producción pudiera emplear las piezas reales del Museo de Antropología, éstas fueron recreadas por el departamento de utilería.

“Están muy bien hechas. Las hizo un equipo de artesanos junto con Sandra Cabriada, la directora de arte, y muchos de ellos son restauradores en el Museo. Construyeron una bodeguita padrísima; fue lo primero que hicimos cuando empezamos a preparar la cinta. Lo arrancamos mucho antes del rodaje, como 4 o 5 meses antes. Se abrió ese taller y empezaron, poco a poco, a hacer las piezas. Era padrísimo ver cómo las iban elaborando.”

Veredicto: hacer de un hecho histórico un testimonio ficcional que perdure

Si bien Museo es una película de ficción, el director espera que la película detone preguntas sobre identidad y nuestra relación con la historia.

“Las películas contribuyen a la memoria colectiva de un país y yo creo que si podemos contribuir a la memoria colectiva de México habremos hecho algo bien. Espero que la película cumpla algo parecido a lo que dijo Monsiváis cuando lo entrevistaron sobre el robo; dijo que quizás el regalo más importante de los ladrones al pueblo de México fue recordarles que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Por eso para mí era muy importante mostrar el detalle en las piezas; que parecieran reales, que pudiéramos fotografiarlas de cerca, verlas mucho y muchas veces. Hice deliberadamente varios planos de las piezas: en las manos, de cerca, siendo llevadas de aquí para allá, eran un personaje más. Creo que si de alguna manera eso evoca una curiosidad, una inquietud por conocerlas, por decir: ‘esto me pertenece, yo soy parte de este pasado’, habremos hecho algo bien.”

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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