El día de la unión: otro melodrama nacionalista

La cinta dirigida y protagonizada por Kuno Becker recrea la catástrofe del terremoto de 1985, con especial acento en los esfuerzos de la sociedad civil. Es un intento por mandar un mensaje conciliador que, a pesar de algunos aciertos en la producción, se derrumba debido a sus fallas estructurales.

El día de la unión
Año: 2018
País: México
Dirección: Kuno Becker
Guion: Kuno Becker
Reparto: Armando Jiménez, Sandra Echeverría, Kuno Becker, Aurora Papile.

Hacia septiembre de 2017, el actor y director mexicano Kuno Becker iba a anunciar el lanzamiento de El día de la unión, una producción rodada desde mediados del 2016 en varios lugares de la Ciudad de México con un presupuesto bastante considerable. No obstante, el terremoto del 19 de septiembre del año pasado, así como algunos avatares de posproducción y edición audiovisual, hicieron imposible su estreno. Por fortuna para el equipo de Becker, esta semana la cinta llega finalmente a salas después de tantos avatares.

El día de la unión intenta transmitir un conciliador mensaje de hermandad nacional, solidaridad desinteresada y altruismo humanitario. En palabras del propio director, “había dos formas de contar esta historia: mostrar lo que estuvo mal o lo que nos unió”. Evidentemente, la narración se inclinó por la segunda y concentró su atención sobre los lazos que juntaron a miles de desconocidos y les pusieron la enorme responsabilidad de hacer mucho con muy poco.

Impresionante toma aérea de la película que revive el traumático terremoto de 1985 en México D.F.

Gracias al rastreo del archivo audiovisual, la notable disposición de los edificios en los estudios de grabación, una fotografía de muy buena calidad y el diseño de un telón de fondo que emula la infraestructura de la Ciudad de México en los años ochenta con acertada ambientación de la época, cualquier espectador podrá sentir por momentos el inquietante rastro de un déjà vu. Sin embargo, a pesar del fervor nacional y la conmoción que despierta un tema tan sensible como el de un desastre natural, un desastre en el cual todas las víctimas son trágicas y no hay ningún culpable, hay que reconocer los innumerables desaciertos de esta película.

Kuno Becker, director y protagonista en El día de la unión.

Si bien es cierto que la audiencia mexicana, tan consciente de su orgullo patrio, goza de una mirada especial sobre cualquier producción que aborde una tragedia nacional —sobre todo en el mes del grito de Independencia—, no por ello se puede obviar el fenómeno cultural y limitarse a recrear una serie de nudos de emotividad y crispación colectiva. Cuando una película gira en torno a un conflicto tan evidente y de tales proporciones como lo es un terremoto, ¿es realmente necesario inventar otras subtramas complementarias? Probablemente no, pero Becker ha seguido la premisa clásica del cine orgánico según la cual sí es indispensable alimentar la acción de la obra partiendo de otros hilos dramáticos latentes. Desafortunadamente, las dos historias centrales, protagonizadas por un ingeniero civil desempleado que funge como taxista para subsanar su momento crítico, y por un reportero separado de su mujer y su hijo, carecen de fondo y forma. Desde luego, es muy probable que sean historias reales, vividas por cientos de mexicanos en ese difícil momento, y que su olor ocupe un lugar privilegiado en el pathos colectivo, pero la forma en que están construidas delata una falsedad que deja un largo sinsabor.

Los diálogos informativos —demasiado informativos— y las escenas de confrontación son otro ejemplo del mismo problema. Resulta difícil creer en el personaje y el acento impostado de la boxeadora interpretada por Ximena Ayala, así como en el conflicto matrimonial del reportero, personificado por el mismo director. Por si fuera poco, la impresión de lo postizo se encuentra acentuada por dos turbios antagonistas que traman provocar la explosión del edificio del periódico ubicado justo al lado del Hotel Regis, ese malogrado Titanic de la hotelería. La irrupción de estos malévolos caracteres es tan insólita, que sus maquiavélicos propósitos se desvanecen con la misma ligereza que los hizo irrumpir en escena.

Dramática secuencia que muestra la supervivencia de un bebé de brazos salvado de los escombros.

En suma, conmovedoras tonadas de música clásica y un subyacente murmullo de Cielito lindo acompañan las secuencias de trabajo común y ayuda solidaria frente a la infinita turba de escombros que sepultan a miles de personas. Es difícil para el público no revivir momentos y ver brotar emociones de filantropía. Pese a esto, hace falta señalar que, en este punto de la película, el melodrama es llevado hasta el paroxismo y casi se podría decir que la cursilería de estas escenas llega a provocar vergüenza ajena por su inocencia y la candidez en su tratamiento.

Desde luego, el chauvinismo de la cinta se concretiza en sus últimas secuencias bajo una doble apelación a la nostalgia. Por un lado, encontramos un homenaje hacia la esforzada ciudadanía que los medios tuvieron a bien llamar “Los topos”, y  por otro, se asiste a un discurso proselitista que produce estupor y asombro porque sale de la boca de un personaje que había demostrado timidez y pudor a lo largo de la trama. En resumen, El día de la unión propone un melodrama bien intencionado pero no por ello menos frágil y vacío.

 

Camilo Rodríguez
Periodista cultural y consejero editorial de francés en Éditions Maison des Langues.
Twitter: @Cajme

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