Ana y Bruno: animación y vínculos familiares.
Entrevista con Carlos Carrera

Con toques de humor, la película de Carlos Carrera muestra lo que ocurre cuando Ana, una niña, escapa de una institución mental para buscar a su padre y, de la mano de varias criaturas, se embarca en un viaje inolvidable.

Carlos Carrera es conocido por filmes como La mujer de Benjamín (1991), Un embrujo (1998) y El crimen del padre Amaro (2002), aunque una de sus más grandes pasiones es la animación. Por ello realizó el cortometraje El héroe (1994) —ganador de la Palma de Oro de Cannes—, De raíz (2004) —que obtuvo el Ariel a Mejor Corto Animado— y dedicó gran parte de la última década a completar y estrenar el largometraje animado Ana y Bruno.

Ana y Bruno cuenta la historia de vínculos familiares rotos y luego restaurados a través de un cuento de fantasía y aventuras con toques de humor. Los mundos real e imaginario se entrelazan causando un impacto mutuo. En la historia los personajes reales interactúan con seres imaginarios que comienzan un viaje para salvar a la madre de Ana juntos”, explica Carrera en las notas de producción.

Fotos: Cortesía Corazón Films

La producción oficial de la cinta empezó en 2011 y la película se terminó en marzo de 2016, ya que hubo dos años en los que tuvieron problemas para financiarla. “Teníamos dinero del EFICINE 189, de FIDECINE y de un coproductor extranjero que murió y con el que habíamos hecho un trato, pero sus hijos dijeron que eso era muy riesgoso y por eso ya no le entraron”, explica Carrera. “Se nos cayó el presupuesto y por eso aguantamos hasta que tuviéramos dinero, esperábamos que por la calidad de la película hubiera muchos inversionistas mexicanos interesados en financiarla, pero no sucedió así, ningún inversionista quiere meterle dinero a una película para ver su retorno de inversión tres años después.”

Tras dos años de pausa, la producción se retomó con Mónica Lozano y Alejandro García, de Latam Pictures e Itaca Films. “Se hizo bajo otro esquema, pero los animadores originales del proyecto —para su fortuna— ya habían sido contratados en otros lados del mundo, por eso nos quedamos sin gente para trabajar. Después Anima Estudios retomó la película, pero con otro esquema de producción.

”Ellos decidieron que en México no se podía hacer y contrataron un estudio en la India. Al principio nos fue muy bien, en el estudio laboraban 400 artistas. Es uno de los estudios más raros de la India. Hay mucho talento allá, pero es tan industrial y despersonalizado que costó mucho más trabajo, más de lo que hubiera costado en México. Nos tardamos más, pero ahí finalmente se terminó”, añade el realizador.

En la cinta participan actores como Galia Mayer (Ana), Regina Orozco (Rosy) Marina de Tavira (Mamá de Ana) y Damián Alcázar (Papá de Ana). “Las voces las grabamos antes con todos los actores, trabajando como si fuera una película normal. Ellos la actuaban y esto les servía también de referencia a los animadores. La animación se hace sobre las voces, se va sincronizando el movimiento de la voz dándole intención a los muñecos con base en la expresión de los seres humanos. Este proceso duró aproximadamente cuatro semanas; hubo espacio para la improvisación. De la imaginación de los actores salieron cosas buenísimas que se incorporaron a la película.”

La cinta está inspirada en Ana de Daniel Emil, y muestra lo que ocurre cuando Ana, una niña, escapa de una institución mental para buscar a su padre y, de la mano de varias criaturas, se embarca en un viaje inolvidable.

Sin duda, otro viaje memorable ha vivido el propio realizador, que inició su carrera en 1986 y que recuerda bien sus “pininos” como director de cine.

“Mi primer recuerdo como director fue haciendo mis animaciones cuando era chiquito, con plastilina y una camarita. Siempre tuve claro que quería dirigir animación. No tenía claro cómo lo iba a lograr pero sí que me quería dedicar a esto”.

Carrera confiesa disfrutar la dirección de ambos géneros: ficción y animación. “Cada uno es distinto. El cine de ficción es como reproducir momentos y captarlos con la cámara, y el cine de animación es crear todo de cero. Al final son parte de lo mismo; el trabajo terminado es igual, pero el proceso es muy distinto y tiene ventajas y desventajas. El proceso de ficción es muy ameno, colectivo, trabajo en equipo, con adrenalina por tiempo de rodaje. El trabajo de animación requiere mucha paciencia, también es un trabajo en equipo, pero es de otra naturaleza: se va avanzando muy lentamente.”

Y aunque Ana y Bruno requirió casi siete años con algunas pausas, Carrera cuenta que disfrutó el proceso. “Sí, totalmente. Aunque creo que la disfruté hasta cierto momento porque lo que me urgía era que se viera.”

Para el también director de series como Capadocia, Dos lunas y Dogma, la posibilidad de estar detrás de una cámara le permite lograr un objetivo crucial: comunicar ideas. “Lo que más me gusta de dirigir es la posibilidad de compartir con otros lo que me preocupa, lo que me mueve, lo que me asusta, comunicar y compartir. Y reunir todos los elementos para crear una realidad o asomarse a una realidad distinta”, añadió.

Aunque Ana y Bruno se terminó en 2016, Carrera y su equipo tardaron en encontrar cómo distribuirla. “Estaba terminada desde hace mucho tiempo y estábamos esperando que se abriera un huequito en los espacios para su distribución, porque ya todos los tiempos de 2017 estaban ocupados por películas muy promocionadas de Hollywood.

”Por un lado los espacios están ocupando las salas por las películas estadounidenses; y por otro, pues es muy difícil competir. Una película mexicana, aunque sea grande, aunque tenga apoyo para publicidad, es difícil que compita contra la promoción que traen Spider-Man, Coco o la nueva de La guerra de las galaxias.”

Y es que justo para el expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes, uno de los grandes retos de la producción fílmica en México ya no está en la producción, sino en la distribución. “Las películas tardan mucho en salir. El problema es el sistema de distribución depende de los exhibidores, y pues siempre tienen prioridades comerciales distintas a exhibir este tipo de películas. Por ejemplo, ves el éxito que tienen la Cineteca o los festivales de cine, te hablan de que sí hay un público y que sí se podría, con voluntad, hacer que las películas mexicanas de otro tipo, no las más comerciales, también fueran negocio. Pero pues falta la voluntad para que esto ocurra.”

Incluso, agrega el realizador, otra de las grandes tareas sería que el cine mexicano volviera a tener la trascendencia que tuvo décadas atrás. “El cine mexicano, en su mayoría, todavía no tiene ese impacto social que debería tener o que tenía antes. Cuando alguien cita alguna frase de Nosotros los pobres, que todo mundo sabe, es porque el cine tenía influencia en el acontecer cotidiano. Ahora muy pocas películas tienen esa influencia, lo cual es una pena porque las películas están muy bien. Por ejemplo, el cine documental mexicano es buenísimo y se ve muy poco.”

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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