Tiempo compartido: el absurdo en vacaciones.
Entrevista con Sebastián Hofmann

En la nueva película de Sebastián Hofmann, un consorcio adquiere un lujoso hotel mexicano para sumarlo a su cadena. Sobrealquila sus villas y ocasiona que las reservaciones de dos familias desconocidas se empalmen y que ambas se vean forzadas a convivir, lo que desata el terror y el absurdo.

Desde pequeño Sebastián Hofmann encontró en los tiempos compartidos un universo peculiar. Durante un tiempo su madre se dedicó a venderlos y a lo largo de los años recogió anécdotas —algunas buenas, otras malas— de los usuarios de estos sitios de descanso.

Resultado de la inquietud es Tiempo compartido (Piano Films, 2018), película en la que echa mano de lo siniestro y lo absurdo para mostrar la historia de un par de familias desconocidas que se ven obligadas a convivir durante sus vacaciones en el mismo apartamento. “El realismo me aburre un montón y creo, además, que el horror sirve para representar el universo de las ventas y el consumismo. Finalmente, el capitalismo consiste motivarnos a comprar cosas que no necesitamos a partir de hacernos creer que al adquirirlas seremos felices”, afirma Sebastián Hofmann en entrevista.

Coescrita con Julio Chávezmontes —su socio en la productora Piano Films—, la historia protagonizada por Luis Gerardo Méndez (Pedro), Cassandra Ciangherotti (Eva), Miguel Rodarte (Andrés), Andrés Almeida (Abel) y Montserrat Marañón (Gloria) plantea una situación bastante común: en medio de una promoción para captar futuros clientes, Everfields International, consorcio que adquiere un lujoso hotel mexicano para sumarlo a su cadena, sobrealquila sus villas ocasionando que las reservaciones de dos familias se empalmen.

A partir del error administrativo y sin más alternativa, los visitantes se ven obligados a compartir espacio. “A Julio y a mí nos parecía muy interesante que la película se contara a partir del punto de vista de los patriarcas de las familias.”

Las reacciones de cada parte son opuestas. Mientras que Abel se decanta por la conciliación y acepta las disculpas y retribuciones de la compañía, Pedro se niega a consentir la eventualidad. Sin embargo, ante su vano reclamo, accede sin resignarse a convivir con los extraños.

Crítica a la familia

La mística de Everfields International es la de quien pone el paraíso al alcance de sus huéspedes por medio de la promoción de valores como la armonía y la convivencia familiar. “En México las películas que más funcionan a nivel taquilla son aquéllas que hablan de la familia. A nosotros nos interesaba hacer un planteamiento más cínico. Hablamos de la familia, pero vista como una secta corporativa. Nos burlamos de esa propaganda que nos vende la importancia del sentido de pertenencia y hermandad. Desde el principio quisimos presentar una visión más oscura al respecto”.

Al interior del hotel todo transcurre entre risas y buen trato. Los ejecutivos y trabajadores hacen de su mejor cara la moneda de cambio. Esconden sus frustraciones con el buen gesto. No se admite la hostilidad ni el reclamo, quien lo hace es disfuncional. Vivo ejemplo es Andrés, empleado en otro momento ejemplar y ahora confinado al inframundo de la lavandería. “La lavandería literalmente es el sótano, un espacio sin ventanas y que nos sirvió para hacer una metáfora de la clase trabajadora y su contraste con el turista. Ahí llegan a coincidir Andrés y Pedro, quienes, a pesar de que parecen opuestos, en realidad comparten en una crisis emocional.”

La tensión que generan los dos personajes amenaza con alterar la paz y sana convivencia del complejo turístico. “Cuando comienzan a enloquecer se adentran en una espiral de demencia y paranoia. A través de ellos quería mostrar la realidad vista por dos personajes que se encuentran en vía de perder la cordura.”

Sin ser propiamente una película de terror psicológico, Andrés Hofmann pone sobre la mesa los extremos de la angustia y desesperación. Enfatiza rasgos y acciones con una banda sonora a tono con la imagen. “La música es del compositor italiano Giorgio Giampà. Su trabajo me ayudó a amarrar el tono y la tensión. Sin este elemento no se entendería la parte cínica. La mayoría de las películas buscan hacerte sentir como un voyeur, no es mi caso. Por medio de la música quería recordarle al espectador que está viendo una ficción y que hay fuerzas oscuras detrás de ella.”

De Kubrick a Buñuel

El rodaje de Tiempo compartido tuvo lugar en el hotel Princess Mundo Imperial de Acapulco, construido en 1971 y diseñado por los arquitectos William Rudolph y Leónides Guadarrama con una clara referencia a la Pirámide del Sol de Teotihuacán. “Para mí es de los más hermosos de todo el mundo y el más bonito del país”, argumenta Hofmann.

La locación sirvió también para que el realizador desplegara un guiño a uno de sus héroes cinematográficos: Stanley Kubrick. “Hay un homenaje directo a El resplandor. Si vas a hacer una película de unos personajes atrapados en un hotel y donde toda la acción sucede adentro, es una referencia obligada.”

La fotografía de Matías Penachino aportó a la construcción de una atmósfera que en sí misma critica la superficialidad que puede haber detrás del concepto “sitio paradisíaco”. “Penachino es un extraordinario artista visual. Consiguió plasmar un lugar tan artificial como un catálogo turístico o una revista de aviones, donde nos venden sitios de una perfección imposible. Su fotografía enseña el artificio que esconden este tipo de lugares.”

Al jugar con el artificio, Hofmann desenfunda a otro de sus referentes, Luis Buñuel, y en particular El ángel exterminador, aquella cinta de 1962 donde el español se burló de una burguesía acartonada y encerrada en sí misma. “En realidad en mi película no hay tanto en juego, todo se resolvería con que la familia de Pedro se fuera sin hacer la compra, así de fácil. Pero no lo hace por la misma razón que los personajes de Buñuel no salen de su encierro. Soy fan del humor sofisticado que vemos en El ángel exterminador, Buñuel es el maestro del absurdo y el surrealismo.”

Para Hofmann, director también de Halley (2012), el cinismo es uno de los rasgos de su generación, en la que incluye a Amat Escalante y a Alfonso Ruizpalacios. “Somos los hijos del cambio de siglo y supongo que esa desilusión se nota en la crítica y el cinismo de nuestras películas. Después de los gobiernos de Fox y Calderón perdimos la esperanza en el país; apenas ahora la estamos recuperando y sabemos que a nosotros nos toca contribuir por medio de la cultura. Cada vez hacemos producciones con mejor factura, ésta, por ejemplo, trata de ser original. Hoy, las películas mexicanas no le piden nada a las francesas o japonesas. Ya no podemos decir que el cine mexicano es malo.”

El estreno internacional de Tiempo compartido tuvo lugar en el Festival de Sundance 2018, donde ganó el premio a Mejor Guion. Alcanzó además cinco postulaciones al Ariel en categorías como mejor película y mejor guion original. Su corrida en salas nacionales empezó el 31 de agosto.

 

Héctor González
Periodista cultural.

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