Roma: México por Cuarón

La más reciente película del realizador mexicano supone un espléndido y nostálgico viaje al México de los años setenta. La historia, que se centra en la vida de una familia que vive en la colonia Roma, rebasa por mucho su aparente carácter local y apela a esos sentimientos que como humanos nos solidarizan frente al otro: el amor, la pérdida, la tragedia, el cariño, la injusticia, la solidaridad, la empatía y las ganas de vivir en paz.

Roma
Año: 2018
País: México.
Dirección: Alfonso Cuarón
Guion: Alfonso Cuarón
Reparto: Marina de Tavira,  Marco Graf,  Yalitza Aparicio,  Daniela Demesa,  Latin Lover, Enoc Leaño,  Clementina Guadarrama.

Luego de varios años sin filmar en México, Cuarón regresa con Roma, una película a  blanco y negro que transcurre en el Distrito Federal de 1971, el México donde creció y el cual recrea en un intento de contarse a él mismo, quizá, un relato sobre su infancia a partir de los recuerdos (principalmente) de su nana Libo, que espejea en el personaje de Cleo (Yalitza Aparicio) en la cinta.

La historia sucede en el interior de una familia que vive en la colonia Roma. No son clase alta pero tienen el suficiente nivel económico para poder pagar a dos chicas que trabajen y vivan en la casa, además de contar con un chofer que los ayuda a dar diferentes vueltas, como comúnmente se dice. Sofía (Marina de Tavira), la madre, se está separando de su esposo, no por decisión propia, y como es de esperarse, no quiere que nadie se entere realmente de lo que sucede. El conflicto sirve de pretexto para comenzar a desplazar la narración a las empleadas de la casa hasta enfocarse en Cleo, quien será el personaje principal o, por lo menos, la historia que interesa resaltar: la de la nana. Cómo vive, siente y piensa, atrapada en un mundo donde mucho escapa de su control.

Cleo, cuyo personaje fue creado a partir de recuerdos que Cuarón tenía de su nana, es la depositaria de las nanas que muchos han tenido. De aquellas personas que aunque formaban parte de la familia nunca fueron realmente la familia porque eran empleadas, porque ahí donde uno podía disfrutar, ellas no dejaban de trabajar, de criar, de estar al servicio del otro. Son esos personajes que de niño te crían, a quienes algunos incluso llaman mamá (y aquí hay un guiño con una línea de Y tu mamá también) pero que al crecer se van olvidando y que incluso pueden ser despedidas. La nana, que no solo se encarga de cuidar a los niños sino de sostener en correcto funcionamiento la casa (y que viven siempre en contacto con el agua: lavar la ropa, los trastes, el patio, la casa) son siempre personajes fundamentales emplazados por la historia, por la precarización del trabajo. Roma es un pequeño reconocimiento con amor a todo lo que hacen estas grandes personas.

La película es una pieza bien orquestada. Una cinta madura de Cuarón en tanto que refleja su vasta experiencia pero que también deja ver que estas historias y preocupaciones ya estaban ahí por lo menos desde Y tu mamá también (2001). Nuevamente es una historia que intenta contar no solo la principal, sino mostrar todo lo que sucede alrededor, el contexto, las historias paralelas (y que tiene que ver con el gusto de Cuarón por el plano secuencia); pero si por falta de recursos o por intención en Y tu mamá también esto sucedía con voz en off, aquí Cuarón, con gran precisión, logra tejer un mapa horizontal que permite avistar y conjugar todo lo que va sucediendo de forma orgánica; pues al final así es México, terriblemente barroco. Así, aunque Roma sigue principalmente la historia de Cleo, lo hace calcando el México de los años 70 de una forma que nos sigue interpelando al día de hoy: los ruidos que nos acompañan todos los días y que llevamos con nosotros, el temor ante los sismos, la desesperación de estar atorado en el tráfico de esta ciudad, las promesas de siempre de los políticos, las represiones a los estudiantes (el Halconazo en este caso) y más. Todo eso habita Cleo y todo eso son elementos que terminan por configurarnos como país porque siguen estando ahí.

 

Mucho de lo que habita en Roma ya se ha expuesto en diferentes cintas nacionales. Sin embargo, Cuarón logra convocar todo eso que ya se ha dicho en un solo diálogo. Nuevamente es un cine que expone los síntomas de muchos cineastas mexicanos: la cuna, los privilegios. Uno que expone cómo en nuestro país son los blancos los que generalmente ocupan ciertas posiciones económicas, y cómo el moreno representa lo marginal, las castas que nos dividen. Pero aquí Cuarón logra cesura.  Pues ahí donde muchas cintas de comedia nacional (y que es el cine que más se consume en México), terminan por hacer una apología de los ricos (no es que sean malas personas, en realidad son nobles), aquí se construye, parece, un acuse desde la culpa y desde la crítica de esto tan característico que sucede en nuestro país. Parece que a Cuarón le duelen esos recuerdos que nos siguen constituyendo, esas divisiones tan marcadas donde los empleadores festejan en la casa y los trabajadores en el sótano o en la cocina; el emplazamiento, la marginalidad, el llevar a la nana de vacaciones contigo cuando en realidad la llevas a seguir trabajando, el cómo los políticos continúan aprovechándose de ciertos grupos vulnerables, la indiferencia que nos puede habitar hacia el prójimo, la facilidad con que los hombres huyen y amenazan a sus parejas, a sus familias.

Es cierto que esta historia no es única de nuestro país. Como referente cercano y popular en el cine tenemos La ayuda (Tate Taylor, 2011) que de igual forma retrata la condición de las empleadas domésticas en los Estados Unidos de los 60. Cuarón lo hace desde México, desde su infancia, desde aquellos elementos que incluso con el paso del tiempo permanecen, para reivindicar y visibilizar la subjetividad de esas mujeres que agotan su vida en familias que no son las suyas, que dejan su hogar (el pueblo) con tal de tener un trabajo que les permita sobrevivir y que al hacerlo terminan subordinando sus necesidades, sentimientos y sueños al deseo del empleador. Todo esto a la par de aquello que como sociedad nos conforma y nos atraviesa aunque no todos estemos conscientes de estos escenarios. Al final, como Cuarón evidencia en esta película, somos un país que gusta de ir al cine, de gente que cree en Dios pero también en la magia, en lo místico, uno de perros en todos lados, de contradicciones, de promesas de progreso, de bienestar, uno de manifestaciones, de estudiantes muertos, de salud burocratizada, de dolor emplazado, del mar como destino de sanación, y también uno que olvida y donde muchos (quizá la mayoría) deciden ser felices en medio de tanta adversidad.

Ahora que se estrenó en el Festival Internacional de Venecia, la cinta recibió 7 minutos de aplausos de pie por parte de la audiencia.  Después de todo, aunque Roma está construida desde lo local, conmina a esos sentimientos que como humanos nos solidarizan frente al otro: el amor, el desamor, la pérdida, la tragedia, el cariño, la injusticia, la solidaridad, la empatía y las ganas de vivir en paz.

Roma logra fragilizar al espectador, pues a lo que se asiste es a la mirada de aquel que en silencio lleva su vida como un actor secundario. Algunos se verán reflejados en la historia desde el recuerdo de su nana, otros desde el recuerdo de ser esos empleados a la deriva. La cinta comunica en diferentes direcciones y será raro que no termine por encontrar un destinatario que no se vea reflejado en esos escenarios, en alguno de esos personajes. Roma es un nudo en la garganta, el recuerdo de la infancia, el pasado y el presente de un país que camina con heridas.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
@ferbustos

 

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