Dietland: contra el imperio de la imagen

Dietland narra la historia de doce mujeres sobrevivientes de abuso físico y sexual que exponen su vida para tratar de transformar al mundo. Los cuestionamientos que se hacen los personajes son las constantes que alimentan los debates sobre el tipo de feminismo al que se le debe dar el visto bueno. La ambivalencia entre la violencia y el pacifismo es el motor de maduración para la protagonista.

Dietland
Año: 2018.
País: Estados Unidos.
Dirección: Marti Noxon, Amy York Rubin, Helen Shaver, Michael Trim, Liesl Tommy
Guion: Marti Noxon, Marshall Heyman, Sarai Walker, Nancy Fichman, Jennifer Hoppe, Jacqueline Hoyt, Janine Nabers, Matthew Shire.
Fotografía: Alison Kelly.
Música: Fil Eisler.
Reparto: Julianna Margulies, Joy Nash, Dariush Kashani, Ricardo Dávila, Tamara Tunie, Jen Ponton, Mark Tallman, Genevieve Adams, Erin Darke, Teddy Cañez,Gibson Frasier, Christopher Mormando, Melissa Navia, Sal Ardisi, Jayme Cocuzza,Danny Doherty, Erica Hernández, Abraham Infante, Rowena King, Rob LaColla Jr., Adrian M. Mompoint, Ernest Nickey, Ashley North, Matthew Oh, Francesca Ruscio, Will Seefried, Laura Shoop, Tramell Tillman, Robin Weigert, Brian Anthony Wilson, Armando Acevedo, Cormac Bluestone, Desmin Borges, Jacqueline Honulik.

“Drogué y asalté sexualmente a 31 mujeres, algunas jóvenes de 14 años. Negué estos crimines y contraté a abogados para intimidar y acosar a mis víctimas. Me llamo Malleck Ferguson y merezco morir.” Un hombre maduro mira a la cámara, los moretones invaden su cara y su cuerpo tiembla sin parar. Antes de morir, entre sollozos reconoce estos crimines, cierra los ojos por última vez y su nombre se añade a la lista de hombres agresores expuestos por Jennifer.

Jennifer no es una mujer, son miles. Las acciones de esta organización llenan la primera plana de los periódicos del mundo: mujeres anónimas que secuestran y asesinan a hombres acusados de abusos contra la mujer. La opinión pública está dividida, y mientras el revuelo crece sin control, a algunos kilómetros de distancia, Ciruela (Joy Nash) revisa con preocupación su crédito hipotecario que le permitirá financiar una operación para engraparse el estómago y convertirse en la mujer delgada que siempre soñó ser.

Dietland (AMC, 2018), creada por la guionista Marti Noxon y basada en el libro homónimo de Sarai Walker, reúne estos dos mundos aparentemente paralelos. Ambas historias comparten un universo, una sociedad y sobre todo una sola preocupación: la objetivación del cuerpo femenino. Ciruela es nuestra protagonista, la escritora tímida e inteligente que toda su vida ha sido descartada por su sobrepeso. En medio del caos, Ciruela encuentra alivio cuando responde las cartas que miles de lectoras hacen a Kitty Montgomery (Julianna Margulies), la editora en jefe del consorcio más grande de revistas de moda en el mundo.

Con este trabajo más o menos digno, Ciruela sobrelleva su infierno personal cuando lee los demonios de otras mujeres que preguntan cómo sortear el abuso escolar, el acoso laboral, los intentos de suicidio e incluso la violación. Así, entre su suerte y la de las demás, Ciruela está convencida de que con el cuerpo perfecto podrá alejarse de las personas marginadas y acceder a un maravilloso mundo de alabanzas y respeto. Como una espectadora más, las noticias sobre Jennifer solo son el telón de fondo mientras toma su café y mata la ansiedad del hambre pues para ella ese es un mundo muy lejano porque hasta para hacer la revolución necesitas ser delgada.

Con una propuesta temática de estas dimensiones, la estructura inicial de Dietland puede ser confusa y muy precavida. Plantear un universo así de complejo no es nada sencillo, sin embargo, los primeros cinco capítulos solo seguimos de cerca un despertar torpe que puede hartar al espectador: una presentación de personajes que tienen tras de sí un panorama donde las bombas y los cadáveres caen del cielo a cualquier hora del día. La radicalización como posibilidad se asoma en Dietland, pero para llegar a ella, fuera y dentro de la ficción, debemos comportarnos.

Para esta contención, dentro de la ficción Ciruela pasa por una serie de giros de suerte que la acercan más y más a la realidad de su universo: las mentes implacables están en donde menos lo esperaba, incluso dentro de las paredes de la revista de moda en donde trabaja: Julia (Tamara Tunie) y Leeta (Erin Darke), las encargadas del llamado “Armario de la belleza”, un tétrico sótano donde las mujeres pueden desahogar su estrés entre maquillaje y perfumes caros, le advierten de un movimiento implacable que tiene por objetivo liberar a la mujer de las miles de ataduras que la sociedad ha impuesto sobre ella. Ciruela, con su talento nato para la escritura, puede ser un nuevo elemento sumamente valioso.

Con referencias claras al mundo de Chuck Palahniuk en El club de la pelea y su sociedad secreta que pretende acabar con el statu quo, la narrativa de Dietland avanza a partir del capítulo cinco para poner sobre la mesa el juego de la crítica y la autocrítica al movimiento feminista (pocas veces nombrado literalmente por su nombre durante la serie). Los cuestionamientos que se hacen los personajes son las constantes que alimentan los debates sobre “el tipo” de feminismo al que se le debe dar el visto bueno. La ambivalencia entre la violencia y el pacifismo es el motor de maduración para el personaje de Ciruela.

Así, con una “beca” de 20 mil dólares, Ciruela acepta unirse a Casa Calíope, una asociación liderada por la escritora millonaria Verena Baptist (Robin Weigert), donde mujeres que han sufrido abuso se someten a un plan de sanación. En el caso de Ciruela, su “rehabilitación” consiste en aceptar su cuerpo y romper con la cadena de hipersexualización de la mujer, y para esto, además de conocer la historia de las otras mujeres en la casa, debe pasar por el proceso real para ser una “mujer bonita”: las sesiones de botox, maquillaje, los gastos de ropa… es decir, y en palabras de Ciruela: “Convertirse en una mejor presa para los hombres. Ser cogible”.

“¿Crees que forme parte de la naturaleza que las personas quieran dominar y humillar a otras?”, pregunta una ejecutiva a Kitty Montgomery: “Claro. Especialmente los hombres”, responde. Y es aquí cuando queda claro que Dietland bien podría ser un recopilado de frases incendiarias y esencialmente feministas, un listado de actitudes políticamente correctas que en la actualidad representan acciones en el mercado, popularidad en redes sociales: el lado soft de un posicionamiento ante el mundo. Y mientras Kitty responde esto a su amiga antes de llegar a una junta de negocios que planea resolver cómo hacer más mercadeable la imagen de Jennifer para las jovencitas estadounidenses, Ciruela sirve para canalizar la autocrítica y los lugares comunes en los productos audiovisuales que tienen en su agenda temas con perspectiva de género.

Como producto audiovisual perfectible, Dietland expone tímidamente los problemas reales cuando se quiere representar un posicionamiento que no solo es político, sino también humano. Dietland transgrede la norma del personaje femenino prototipo con Ciruela y añade clichés que son cuestionados por los mismos personajes: por ejemplo Sana (Ami Sheth), la compañera de Ciruela en Casa Calíope, un personaje que por sus rasgos de Medio Oriente debe estar en recuperación de algo que, según la visión occidental, solo sucede allá: la agresión con ácido que le ha deformado la mitad de la cara. Sana, con su infinita paciencia, es la única que cuestiona los privilegios de Verena como la mujer blanca y millonaria que, a través de su apoyo, sigue una dinámica con rasgos narcisistas como la líder feminista 100% pacifista.

Con huecos discursivos y un evento traumático de agresión que la marca de por vida, Ciruela abandona Casa Calíope para enfrentar un mundo que no comprende y en donde las acciones de Jennifer son consideras terrorismo y comienzan a ser rastreadas por el FBI; así, la atmósfera de la serie deja los colores cálidos y opta por una paleta de colores más sobria, fría, distante. La transformación comienza.

Contrario a lo que sucede en el mundo distópico de El cuento de la criada (Hulu, 2017-actualidad), en Dietland las mujeres están en un mundo de inflexión, uno donde luchan por evitar una inminente dictadura que, si bien no alcanzan los niveles ficcionales de la obra de literaria de Atwood y la audiovisual de Bruce Miller, se esconde en las clínicas de belleza y las páginas de las revistas sobre moda. Dietland es el mundo previo posible que puede mantenerse, no importa bajo qué costo.

La adaptación de Norti Noxon trata de abordar todas las perspectivas posibles de un mismo fenómeno. Cuando Ciruela comprende que ella no odia su cuerpo, que en realidad el que lo odia es el mundo, Jennifer aparece en su vida: doce mujeres, algunas formadas en el ejército de Estados Unidos y otras, sorpresivamente, en Casa Calíope, que están convencidas de que la vía de la paz no es funcional y deben contraatacar. Doce mujeres, todas sobrevivientes de abuso físico y sexual que exponen su vida para tratar de transformar al mundo.

La visión de Norti y sus guionistas no cuestiona de manera explícita la vía armada de Jennifer, una postura creativa que podría parecer atrevida y que humaniza la historia detrás de cada una de las doce mujeres sin revictimizarlas. El viaje de autodescubrimiento y autoperdón de Ciruela es una especie de caballo de Troya que introduce un universo de comedia negra, a veces thriller y terror, que se adereza con escenas que coquetean con la fantasía, la sátira y una animación que suaviza los momentos más delicados sobre la condición física y mental de la protagonista.

Dietland es uno de los productos audiovisuales que, aunque difíciles de ver, con defectos y aciertos, son necesarios. En pleno 2018, cuando es más evidente la avalancha de abusos contra la mujer por el simple hecho de serlo, saber que es posible evidenciar la naturaleza violenta del hombre es un paso adelante. Porque hombres como Malleck Ferguson existen. ¿Por qué habría de alarmar más su muerte y no la violencia que ejerció contra esas 31 mujeres que violó? ¿Hasta cuándo normalizar será la única vía para sobrevivir?

 

Arantxa Luna
Crítica de cine y televisión.

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