A la deriva: cine islandés de sobrevivencia.
Entrevista con Baltasar Kormákur

Baltasar Kormákur (Reiviavik, 1966) pone a sus personajes al límite. En esta entrevista, el director de A la deriva conversa sobre los retos de dirigir a Shailene Woodley y a Sam Claflin en la vastedad del océano Pacífico para recrear la historia de Tami, una mujer que sobrevivió 41 días en el mar.

Llevar una película a buen puerto siempre será un reto. Más si ésta se filma en medio del océano Pacífico para recrear la historia real de Tami Oldham, mujer que estuvo 41 días a la deriva luego de que el barco en el que navegaba con su novio Richard Sharp se topara con un devastador huracán.

Para dirigir A la deriva, cinta basada en el libro de Oldham Red Sky in Mourning: A True Story of Love, Loss and Survival at Sea (Cielo rojo en luto: una verdadera historia de amor, pérdida y supervivencia en el mar), se necesitaba a alguien con cualidades muy específicas. Por ello se eligió a Baltasar Kormákur, un marinero de clase mundial y amante de la naturaleza conocido por filmes como Las marismas (2006), Lo profundo (2012) y Everest (2015), otra gran película de sobrevivencia.

Fotografías: Cortesía Diamond Films

Mariana Mijares: Leí que en Islandia fuiste marinero profesional. ¿Cómo te ayudaron esos conocimientos, y haber filmado previamente Everest, en esta película?

Baltasar Kormákur: Sí, fui competidor de joven y por lo tanto sabía a lo que me enfrentaría en el mar; un poco como en Everest, para la que me llevé a los actores a las montañas a temperaturas bajo cero. Hacer aquella película tuvo sus dificultades, pero la diferencia con A la deriva es que el océano es impredecible; continuamente te pegan las olas y cambia la marea. No diría que una fue más difícil que otra, pero sí que soy una persona que me gusta llevar las situaciones al límite; y no por masoquista, sino para poder sacarle lo mejor a cada momento. Para que, como resultado, la audiencia tenga una mejor experiencia.

MM: Como si ellos también lo hubieran vivido.

BK: Exactamente. Mi objetivo es que las personas sientan que pasaron por esa misma odisea, por ese viaje.

MM: Navegando en Islandia, ¿tuviste alguna experiencia particularmente difícil en el mar?

BK: Sí, obviamente no como en esta película o no estaría contigo hoy, pero en Islandia las aguas son duras. Yo estaba entrenando para las Olimpiadas y en alguna ocasión mi bote se volteó y mi compañero se quedó atorado, pero afortunadamente pude zafarme, sumergirme y liberarlo.

MM: ¿Nos podrías hablar de las locaciones que elegiste para filmar A la deriva: Nueva Zelanda y Fiji?

BK: Obviamente quería filmar en el océano para darle a la película una base real, aunque por supuesto en el proceso no quería poner a nadie en riesgo. Por eso sabíamos que no podíamos filmar en el exterior la tormenta, esa la recreamos en los estudios de Nueva Zelanda. En Fiji estuvimos aproximadamente seis semanas, 14 horas al día en el agua.

MM: ¿Qué tan alejados de la costa filmaron?

BK: Bastante lejos, porque queríamos librar los arrecifes y además porque obviamente no se debía ver nada de tierra en las tomas. El primer día tuvimos un barco de seguridad que nos seguiría, pero se rindieron porque nos habíamos alejado mucho. Ese mismo día Shailene y Sam se la pasaron tomando fotos, decían que no podían creer que les fueran a pagar por pasar los días en un barco en Fiji; pero horas después todos estaban mareados y vomitando en la orilla del barco (Ríe).

MM: Y eso que preparaste a Shailene un mes antes de iniciar.

BK: Sí, ella pasó un mes conmigo en Fiji donde se entrenó para navegar. Todos los días repasamos las escenas y me daba su retroalimentación.

MM: ¿Tuvieron alguna complicación filmando la película?

BK: En algún momento estuvimos rodeados de tiburones, nunca se lo dije a Shailene, pero ese fue solo un recordatorio de que en el agua puedes encontrar de todo. Sin embargo, no quise incluir ese tipo de situaciones en la película pues la tensión tenía que venir desde el carácter y las emociones del personaje de Tami.

MM: ¿Cuánta libertad creativa tuviste siendo ésta una historia basada en la vida real?

BK: Afortunadamente tuve mucha, ya que tuve acceso a la verdadera Tami. Hablé mucho con ella sobre este viaje y su experiencia. Al inicio, cuando me dieron el guion, me pareció muy poderosa la idea de empezar una película con la toma de una mujer sola en medio del océano. Como espectador pasas de la claustrofobia a la agorafobia y te preguntas: ¿quién es ella? ¿Qué hace ahí? ¿Va a salvarse? Eso me atrajo mucho. Porque así es también la vida o un matrimonio: tienes buenos momentos, dulce romance, pero también momentos difíciles y dolor. Para mí hay una experiencia más completa al tener ambos espectros.

MM: Esta es la primera vez que tienes a una mujer fuerte como protagonista. ¿Cómo fueron tu enfoque y el trabajo con Shailene?

BK: Desde que leí el guion por primera vez me llamó mucho la atención la historia de Tami, así que leí todo lo que pude de ella; me encantó que fuera una heroína real, además de que me di cuenta de que no había muchas historias sobre mujeres solas contra la naturaleza. Creo que la conversación actual de equidad de género está abriendo nuevas posibilidades, como ésta: tener a una mujer que lucha contra los elementos, pero que además está basada en una historia real, y no solo es una cinta políticamente correcta. Shailene fue mi primera opción porque tiene esa vibra de “chica de la costa Oeste”, de donde es Tami. Además, por la naturaleza de la película, necesitaba a una actriz de carácter, a alguien a quien le creyeras que posee la personalidad para sobrevivir gracias a la fuerza de mente y corazón. Admiro mucho la autenticidad emocional de Shailene.

MM: ¿Cuál fue la reacción de Tami al ver la película? ¿Quedó satisfecha?

BK: Tener acceso a Tami fue un verdadero regalo, ella nos apoyó en todo momento, pero también nos dio el regalo de poder contar su historia. Y nosotros, en reciprocidad, quisimos honrarla, porque la película es un reflejo de su vida. La película le encantó, me mandó las cartas más hermosas y nada pudo haberme hecho más feliz.

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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