Cómo conseguir los derechos de una obra literaria y no morir en el intento

Si la realización de un proyecto audiovisual supone de entrada un intrincado laberinto que implica infinidad de aspectos creativos, agregarle a ese sueño el peso de los contratos legales puede convertir cualquier aspiración en un callejón sin salida. Dentro de todos los escollos que se presentan a la hora de diseñar una película o una serie de televisión, uno de los más complicados es entender a cabalidad cómo adquirir los derechos de una obra literaria para poderla adaptar.

Para los productores jóvenes y no tan jóvenes, en este texto Luis Schmidt, abogado del documental Presunto culpable y especialista en derecho de propiedad intelectual, realiza una descripción puntual del proceso a seguir para llevar a la pantalla, sea en cine o televisión, una obra literaria. Presentamos este material en el marco de Mercado Industria Cine y Audiovisual (MICA), en donde, el día de hoy, editoriales y productores se darán encuentro para discutir este y otros temas.

Ilustración: Guillermo Préstegui

Los primeros pasos

Obtener los derechos de obras literarias representa uno de los aspectos centrales del desarrollo de filmes o programas de televisión. Cada proyecto comienza con la selección de la letra escrita que lo sustentará. Casi siempre, el productor emprende un proyecto eligiendo el tema del filme o el programa. Así, llamará a uno o más escritores para elaborar un guion (si es película) o libreto (si es programa), o tramitará los derechos de adaptación de una obra literaria. Por lo general, el escritor es el primer creativo participante en la producción de un filme o programa. Lo será cuando escriba un argumento, guion o  libreto, o cuando adapte una novela. Lo será también cuando reescriba el guion o libreto para producir otro nuevo.

Para adaptar obras literarias el productor debe poseer los derechos del autor. Si la obra está publicada en un libro o de otra forma y quiere adaptarla, es altamente probable que el titular de los derechos no sea el autor, sino la editorial que la publicó. Si los derechos son del autor, éste podrá darlos de forma directa o a través de un agente. Si pertenecen a la editorial es porque el autor se los transfirió, mediante un contrato de licencia o cesión, o porque realizó una obra por encargo.

Existen diversas formas de adaptar, según se trate de una obra literaria, un filme o un programa:

En el primer caso se adapta la obra escribiendo el guion o libreto. Al guion resultante se le denomina “guion adaptado”. La obra primigenia podrá ser adaptada de manera estricta o libre, según se apegue a la línea narrativa o se desapegue de ésta. Asimismo, la obra primigenia podrá adaptarse a un guion o libreto para elaborar una precuela, secuela o spin off de su historia o trama. En caso de que la adaptación parta de un filme o programa, el productor podrá hacer un remake que siga la historia o trama, estricta o libremente, o podrá hacer una precuela, secuela o spin off. Lo anterior depende de los derechos que autorice el autor.

La editorial juega en la adaptación de obras el rol de dueña de derechos —por cesión o por licencia— o de agente o representante que media entre escritor y productor. El contrato típico entre autor y editorial se limita a la edición de una obra literaria. Sin embargo, en ocasiones el autor cede o licencia en favor de la editorial derechos como el de adaptación, lo cual hace in genere o de forma específica. En el primer supuesto, la editorial recibe todos los derechos de adaptación de la obra literaria. En el segundo, la editorial recibe derechos en particular, conforme lo estipula el contrato. Cuando las partes celebran un contrato de obra por encargo, los derechos pertenecen a la editorial ab initio y por lo tanto, goza de todas las prerrogativas de explotación de la obra literaria.

El productor debe estudiar el contrato celebrado entre el escritor y la editorial, y conocer el alcance de la transmisión de derechos para negociar un contrato. El contrato de adaptación debe prever aquellos derechos necesarios para usar obras literarias en la producción de filmes o programas. ¿Cuáles son dichos derechos? Los patrimoniales o de explotación de obras, principalmente el de transformación, pero también los derechos de reproducción, de comunicación pública y de puesta a disposición de obras por medios que dan acceso al público a verlas, escucharlas o leerlas, desde el sitio y en el tiempo que elijan. Lo anterior, porque el productor necesita adaptar la obra literaria para producir un filme o un programa de televisión que, a su vez, se difunda por los medios de comunicación apropiados.

Transformar es crear una obra nueva a partir de otra, que se llama obra primigenia. De esta forma nace una obra derivada, vinculada a la anterior, aunque de naturaleza independiente. Conforme las leyes del derecho de autor en el mundo, cualquiera, en ejercicio de su libertad de expresión, puede crear una obra transformando otra. Lo que no puede es explotar la obra derivada sin autorización del titular del derecho de la obra primigenia. Transformar obras implica modificarlas. Algunos consideran que modificar entraña atentar en contra el derecho moral de integridad del autor, que es de carácter personalísimo. Lo anterior ha generado tensión, sobre todo académica, ya que para algunos modificar una obra implica destruirla. Lejos está dicha teoría de acertar, porque modificar obras representa recrearlas. Sin embargo, es importante que el autor, editorial o agente, dispongan en el contrato de adaptación que modificar la obra literaria, para un guion o libreto, no implicará su destrucción, ni atentará en contra del derecho moral del autor.

¿Qué debe decir el contrato de adaptación?

En primer lugar, debe especificar la obra objeto de adaptación, así como la resultante. Por ejemplo, si se adapta una novela para producir el guion o libreto de un filme o un programa. Muchos hablan del “filme adaptado”, pero eso es irreal. No se pueden producir filmes directamente de una novela, para ello se necesita un guion o un libreto. La función del guion o libreto es contar la historia del filme o programa al mismo tiempo que desarrollan su parte visual. La precuela, secuela o spin off, son formas de transformar obras literarias a un guion o libreto inéditos. Hay casos en los que se adapta un filme o programa existente —más bien la letra escrita— para hacer un remake. En casos como este se adapta el filme, por cuanto a su parte escrita y visual. Es muy importante que el contrato de adaptación estipule lo anterior.

La Ley Federal del Derecho de Autor mexicana (LFDA) considera la obra audiovisual —filme, documental o programa de televisión— como diferente e independiente de su guion o libreto, así como de su dirección, de su fotografía o de cualquier otra obra usada para producirla. Lo anterior incluye la obra literaria que en su caso se adapte. Aplican las reglas de la obra derivada y, por lo tanto, el productor del filme solo puede explotar el filme o programa con el consentimiento del titular del derecho de la obra literaria preexistente.

El contrato de adaptación precisa el pago de una regalía o un precio o contraprestación, según se trate de una cesión o una licencia. El territorio y la temporalidad son importantes. Los créditos lo son también. La temporalidad resalta en virtud de tecnicismos desprendidos de la LFDA, que obligan a las partes a redactar adecuadamente las cláusulas, con los plazos de cesión o licencia más amplios que ofrece la ley, so riesgo de restringir a cinco años la vigencia del contrato. Pero lo fundamental en el contrato de adaptación será que la editorial garantice la cadena de derechos o chain of title. Esta labor incrementa en complejidad cuando la obra literaria objeto de adaptación se apoya en letra o gráfica cuyos derechos pertenecen a terceros. La garantía del title presupone que la editorial asuma el riesgo contra reclamos o acciones legales de terceros. El contrato de adaptación puede resaltar algunos aspectos de coproducción, sobre todo cuando, para fijar una contraprestación, el productor ofrece y la editorial acepta participar en los derechos de explotación del filme o programa. Por otra parte, el productor puede compartir con la editorial un parte del back end del filme o programa. Pero ordinariamente las partes establecen el pago por el derecho de adaptación sobre una cantidad fija.

No puede pasarse por alto el papel del escritor durante el proceso de adaptación de su obra en el contrato de adaptación, o en la producción del filme o programa. El escritor puede intervenir de forma diferente, en términos de control. El control puede ser total o distendido, al grado que el productor no le dé participación alguna. Lo normal es permitir al escritor cierta supervisión, a través de lo que en inglés se conoce como consultation rights, que obligan al productor a consultar al escritor para esclarecer dudas o precisar conceptos referentes a la obra literaria.

Previo al contrato de adaptación, las partes pueden celebrar un contrato de opción u option agreement. La razón del contrato de opción es que el productor comienza el desarrollo de un proyecto sin saber si finalizará en un filme o programa viables. Eligiendo la letra escrita el productor iniciará  la aventura de producir, lo cual entraña todo tipo de dificultades, en especial las de carácter financiero. No es fácil financiar los proyectos y no siempre se consiguen los fondos. De esta forma, firmar un contrato de adaptación puede resultar una inversión irrecuperable. El contrato de opción permite suavizar la carga del productor, porque no debe pagar a la editorial o al autor por el derecho de adaptación.

El objeto del contrato de opción es reservar un tiempo, por lo general en exclusiva, para que el productor decida acerca del proyecto. La reserva de tiempo es a cambio de un pago especial y por supuesto menor al derecho de adaptación. El tiempo puede ampliarse por los periodos que acuerden las partes. Una vez concluido el tiempo, el productor acepta o rechaza la oferta de licencia o cesión de derechos de adaptación. En el primer caso, las partes firman el contrato principal, definiendo la contraprestación definitiva. En el segundo, la editorial podría exigir una penalización al productor, aparte de los pagos iniciales. En conclusión, el contrato de opción ayuda al productor a reducir riesgos económicos, aunque no lo libera por completo de la necesidad de invertir algo en el desarrollo de un filme o programa.

Los errores más comunes

Algunos de los conflictos legales o contractuales más sensibles en la producción de filmes o programas han ocurrido cuando el productor negocia los derechos de los escritores mal o deficientemente, o cuando deja huecos o cabos sueltos. En el derecho de autor impera el que se entienden reservados en favor del autor los derechos que no se han conferido expresamente mediante cesión o licencia. La obra por encargo es una excepción de tal criterio.

El productor se frustra cuando, pasado el tiempo, se entera que no firmó un contrato con el escritor o la editorial o que dejó fuera derechos, principalmente aquellos relacionados con la explotación del filme o programa adaptado. Los derechos fuera del contrato representan una oportunidad para que el escritor dé una nueva licencia o cesión. Algunos escritores se aprovechan de las fallas, por ejemplo, registrando a su nombre las obras para cuya creación colaboraron por encargo. Y aunque el registro es solo declarativo de un derecho prima facie, el descuido pondrá en dificultades al productor, quien ahora perderá su tiempo anulándolo.

Un error común en los contratos celebrados entre productores y escritores es omitir que aquel reescriba o modifique o incluso deseche los guiones o libretos o los tratamientos. La mayor de las veces el efecto directo e inminente ha sido reclamos respecto del derecho moral de integridad. Han surgido conflictos diversos respecto de la vigencia de cesiones o licencias, por virtud de cláusulas redactadas sin que las partes consideren las limitaciones que impone la LFDA. Lo anterior generando grave e irreparable perjuicio para el productor, cuya obra acorta su vida de explotación.

Finalmente, no puede haber mejor consejo legal que el productor maneje con todo cuidado la cuestión de los derechos de los escritores que participan en la producción del filme o programa de televisión, adaptando obras literarias o de cualquier otra forma.

 

Luis Schmidt
Abogado especialista en derecho de propiedad intelectual y socio de Olivares.

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