¡Se imprime! Joyas y fracasos del nuevo periodismo (en cinco películas y documentales)

Esta semana murió Tom Wolfe, uno de los padres fundadores del nuevo periodismo, esa forma de escritura que renovó la manera de contar historias en el siglo XX. Miembros de esa estirpe son otras figuras totémicas como Gay Talese, Truman Capote y Norman Mailer, auténticos monstruos de su oficio. Muchas de las historias contadas por estos hombres han sido llevadas a la pantalla con desigual fortuna. Aquí, cinco de ellas, que dan muestra de la dificultad de adaptar grandes piezas literarias y periodísticas.

La obra maestra

A sangre fría (dir: Richard Brooks, 1969)

Quizá la mejor adaptación de una obra del nuevo periodismo, y vaya cuál. La pieza maestra de Truman Capote transformó para siempre la forma de entender y de escribir literatura. La novela de no ficción toma elementos literarios para contar una historia real, y lo hace, en manos de alguien como Capote, de manera estremecedora. El libro de Capote recrea el brutal asesinato de una familia en Kansas a manos de dos ex convictos en libertad provisional. Cuando Capote se enteró de la noticia en Nueva York, decidió viajar hasta el lugar de los hechos. La historia lo capturó de tal forma que se convirtió en una obsesión hoy más que conocida.

A sangre fría es, sin duda alguna, una de las obras más poderosas de la literatura del siglo XX. Su adaptación a la pantalla vino tan solo un par de años años después, de la mano de Richard Brooks, adepto a llevar a la pantalla obras literarias de cierta envergadura —Los hermanos Karamazov, Lord Jim y La gata sobre el tejado caliente, por si alguien se pregunta. Ejecutada con formato de docudrama, la película recrea el crimen en la misma casa donde ocurrieron los asesinatos y algunos de los miembros del jurado que aparece son los mismos que dictaron sentencia en la vida real.


Y Wolfe salió quemado

La hoguera de las vanidades (dir: Brian de Palma, 1990)

A decir verdad, esta cinta es un completo fiasco. Para empezar, el casting fue un desastre mayúsculo. Pensemos solo esto: Brian de Palma quería a Jack Nicholson pero los estudios le impusieron nada menos que a Bruce Willis, que estaba muy de moda por la icónica Duro de matar. También quería a Uma Thurman, pero a Tom Hanks, el protagonista, le parecía mejor Melanie Griffith, así que el sazonado director tuvo que jugar su mano con las cartas marcadas.

Basada en el best seller escrito por el recién fallecido padre del nuevo periodismo, Tom Wolfe, la historia versa sobre un tiburón de Wall Street (Hanks) y una trepadora (Griffith) que en una mala noche atropellan a un muchacho negro. Ambos intentan ocultar el hecho, pero un alicaído reportero (Willis) se interesa en la historia y trata de hacer un home run. Una ácida y aguda crítica a la hipocresía estadunidense y sus irresolubles problemas raciales que fracasó en taquilla y ante la crítica en buena medida por los demasiados cambios que sufrió la historia original y el tono francamente caricaturesco que alcanza la cinta en más de una escena. Quizá Wolfe no quedó contento, pero los 750,000 dólares que cobró por los derechos no debieron de sentarle tan mal. En fin, uno de esos casos típicos en los que el libro supera ampliamente a la película.


Un viaje como pocos

Miedo y asco en Las Vegas (dir: Terry Gilliam, 1998)

Otro fracaso en taquilla… que después alcanzó ese controvertido estatus de película de culto. El coctel de entrada es atractivo, bizarro, extravagante, casi sicodélico como la trama misma. Lo primero que hay que decir es que la cinta está basada en el libro homónimo de Hunter S. Thompson, creador de esa salvaje rama del periodismo llamada “gonzo”, extraño descendiente experimental del nuevo periodismo. Luego viene la mano del director, Terry Gilliam, ese genio de los Monty Python, y por si eso no fuera suficiente, la película está protagonizada por Johnny Depp y Benicio del Toro, que encarnan a un periodista y su abogado. Los dos atraviesan el desierto de Nevada para cubrir una carrera a la que nunca llegarán, pues el convertible en el que viajan contiene un auténtico arsenal lisérgico. El viaje se convierte en una temible aventura interior llena de alucinaciones, y la película posee el ritmo intencional del peor de los pasones: euforia, desenfreno, pasmo, depresión, abismo, paranoia…

La filmación de esta road movie histérica e histórica también tuvo sus contratiempos. El más simpático: en las escenas de casino, los propietarios solo dejaban que el equipo grabara unas cuantas mesas entre dos y seis de la mañana, y obligó a la producción a que los extras apostaran de verdad, algo de motivación no les venía mal.


El ojo que todo lo ve

Voyeur (dir: Myles Kane, Josh Koury, 2017)

A principios de los ochenta, el ya por entonces consagrado periodista Gay Talese separó una de las cientos de cartas que le llegaban contándole las historias más rocambolescas. El hombre que la firmaba había comprado un motel y había adaptado su arquitectura para espiar a sus huéspedes en todo tipo de situaciones. Olfateando una de esas historias que sobreviven a la inmediatez periodística, Talese viajó a Colorado y constató lo que el dueño del motel, Gerald Foos, le había contado.

En los techos del hotel, una plataforma de observación le permitía saciar durante horas sus fetiches. Talese y Foos mantuvieron una intensa correspondencia durante décadas. Como un cura o un siquiatra, Foose le contaba todo al reportero a quien además dio acceso a diarios que reflejaban lo más íntimo de sus pensamientos. Un buen día, Foose decidió que su historia debía ver la luz y autorizó a Talese a escribirla: la primera pieza salió en la prestigiosa The New Yorker y fue un escándalo monumental. Luego vino el libro y las preguntas sobre los límites del periodismo se volvieron materia caliente. Foose fue casi crucificado y un vuelco en la historia por poco le cuesta la reputación a Talese. Todo esto y más es retratado en este documental de Netflix. Hay que verlo.


Duro entre los duros

Norman Mailer: The American (dir. Joseph Mategna, 2010)

Provocador nato, rebelde furioso, crítico despiadado. Norman Mailer es uno de esos fenómenos que los gringos llaman larger tan life. Esta especie de Hemingway en esteroides campeó a sus anchas por el mundo de la literatura, el periodismo e incluso la farándula. Fue un auténtico rockstar, más grande que Sinatra, más loco que Jagger y Richards. Hizo de las suyas en la política, estuvo detrás de cámaras, boxeó con Alí, se casó seis veces, y un largo y no menos exótico etcétera.

Pero sobre todo, Mailer fue un profundo y verdadero americano, un escritor y un periodista que no hizo concesiones y que dibujó en su obra acaso el mayor fresco de la cultura norteamericana del siglo XX (baste mencionar La canción del verdugo y Los ejércitos de la noche, ambas ganadoras del Pulitzer). Su vasta trayectoria y su volcánica personalidad fueron retratados con solvencia en este documental que nos permite ver a Mailer en sus horas más altas, y también en algunos de sus momentos más críticos.

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