Deadpool 2: el descaro de la autoreferencia

El antihéroe mutante favorito del mundo Marvel regresa con una secuela que promete duplicar la locura, la violencia y, evidentemente, las ganancias en taquilla de la primera película, que hasta el momento sigue siendo la cinta clasificada para adultos más exitosa de la historia, a nivel global.

Deadpool 2 (E.U.A., 2018)
(Sin spoilers)
Director: David Leitch
Género: Acción
Guionistas: Rhett Reese y Paul Wernick
Elenco: Josh Brolin, Ryan Reynolds y Morena Baccarin

Ya llegó la continuación de una franquicia que se planteaba, desde el principio, como la burla, un tanto cínica, al gran éxito que ha tenido el cine de superhéroes en la última década. Las películas que Disney ha hecho junto con Marvel siempre han tenido un guiño a la audiencia, un sentido del humor que le resta un poco de seriedad a las cosas que ocurren en pantalla. Ese acuerdo tácito entre los creadores y el público les ha permitido salirse con la suya a todos los directores de las sagas al momento de plasmar eventos cada vez más inverosímiles, que muchas veces incluyen la posibilidad del fin del mundo. Las películas basadas en los comics de DC no han podido replicar semejante truco. En el caso particular de Deadpool 2, Marvel abandona toda la pretensión de gravedad y el espíritu cómico e irreverente es central en la película, encapsulado en su protagonista.    

Deadpool, protagonizado por Ryan Reynolds, es la oveja negra del Universo Marvel y se pasea por sus dos entregas haciendo burdas referencias a otras cintas producidas por el mismo estudio, sin vergüenza alguna, atacando la mitológica 4ª pared y haciendo cómplice al espectador de cada pequeño chiste y comentario sarcástico que enuncia. Además, como en todo humor extremo y bien logrado, el hecho de que las bromas sean descaradas y dispensen de toda sutileza, no disminuye en lo más mínimo el valor de entretenimiento de la película, que es una de las más divertidas que se hayan grabado en Hollywood en los últimos años.

La historia de esta secuela es una simple excusa para poner más parafernalia visual en pantalla, pero no por esto sacrifica su calidad narrativa. La película se tropieza un poco al principio mientras plantea el dilema que aqueja al héroe, pero una vez que se establece el conflicto inicial, la cinta viaja en un arco clásico: la caída libre hacia la locura, pasando por todas las escenas obligatorias de acción, comedia y exposición que son necesarias para que el espectador disfrute del carnaval de luces, sin perder por completo el interés por los personajes. Ese es otro pequeño elogio que se debe hacer a las cintas de Marvel: siempre cumplen con los requisitos de grandilocuencia visual para que la visita al cine valga la pena. No tiene nada de malo que una película esté repleta de pirotecnia visual si cada explosión tiene un propósito claro en la narración.

Una advertencia importante para las familias es que esta película no es para niños. La cinta original era un baño de sangre y esta segunda parte es peor. Durante la función para prensa, un representante hizo dos anuncios: el primero es que la versión que veríamos estaría doblada y el segundo es que todavía no podía se había decidido la clasificación de la cinta.  El doblaje no es terrible, pero arruina una película que está llena de bromas con mucho slang, que evidentemente son casi intraducibles al español. Ese detalle es una decepción. En cuanto al segundo anuncio, uno creería que posiblemente Marvel hubiera atenuado la violencia para abarcar un público más extenso, pero el primer minuto de la película nos aclara las cosas: todas las escenas de acción son perfectamente violentas y con una dosis masiva de hemoglobina. Eso ya es suficiente para darle una clasificación C a la película, pero, aún si desapareciera la sangre, muchos chistes que tienen un lenguaje tan explícito que bastaría para sentenciar la película como entretenimiento para adultos y para adultos muy tolerantes a la violencia visual y verbal. Deadpool todavía tiene el descaro de anunciarnos que la película es una historia de familia.

Aparte de la violencia, el rasgo irreverente le da todo su carácter a la cinta. Deadpool 2 continúa la tradición de burlarse de todo lo que existe y ha existido, tanto en el universo cinematográfico de Marvel como en el mundo real. La boca floja de Reynolds va haciendo mofa de todas las referencias que se pueden comprimir en una hora y cuarenta minutos de película. Prácticamente todos los personajes de Marvel quedan ridiculizados, junto con muchos personajes de la cultura pop actual. Por eso, se podría comparar con Shrek en muchos aspectos humorísticos y referenciales. Así como la película del ogro, que odia a las insulsas criaturas de los cuentos de hadas, se burla constantemente de sus personajes, Deadpool 2 lo hace con todo Marvel. La única diferencia es que Dreamworks no creó los cuentos de hadas, y Marvel si creó a Wolverine, los X-Men, Avengers, Spider-Man, etc.

Deadpool y ahora Deadpool 2 son una herramienta de autocrítica, una forma frívola de mea culpa que admite de forma hilarante la saturación que ocasionan decenas de adaptaciones de comics al cine: una forma saludable de absolverse de esa sobreproducción de sagas y secuelas. El pecado de auto-referencia llega así a límites insospechados. Es una especie de voyerismo cinematográfico: nadie puede resistirse a una buena dosis de desnudez conceptual. Es un acto desvergonzado, que se agradece entre risas, palomitas y refrescos edulcorados en el país de los diabéticos. Gracias Marvel, por Deadpool 2 y por su exaltada falta de pudor en tiempos de la corrección política.

 

Mateo Aguilar Mastretta

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.