The Terror: cuando la soberbia entra en aguas desconocidas

Dirección: Edward Berger/Sergio Mimica-Gezzan/ Tim Mielants
Guión: David Kajganich
País: Estados Unidos
Elenco: Ciarán Hinds, Jared Harrys, Tobias Menzies & Trystan Gravelle.
Productora: Scott free productions (Ridley Scott)
Distribuidora: AMC
Año: 2018

La locura humana es frecuentemente la cosa más astuta y felina que haya. Cuando usted cree que se ha ido, no ha hecho más que transformarse en una forma aún más sutil.
—Herman Melville, Moby Dick

No hay nada más seductor y esclavizante que la vida humana en el mar.
—Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas

The Terror es una magistral apropiación audiovisual de la novela histórica de Dan Simmons. La serie reescribe la terrible desaparición de toda una flota expedicionaria compuesta por 129 hombres de la Marina Británica y dos imponentes navíos –The Erebus y The Terror– que partieron en 1845 con el osado propósito de explorar los últimos rincones del ártico canadiense.

En la primavera de 1845, una flota de élite comandada por Sir John Franklin —y enviada por la corona inglesa— zarpó hacia la costa del ártico norteamericano con provisiones suficientes para sobrevivir durante cinco años. Era una época de grandes periplos marinos, exploradores románticos que aspiraban a la gloria personal y a estampar sus nombres en los anales de la historia de su país. Fue uno de los muchos períodos en que la humanidad, con esas ínfulas de vanidad que despiertan las impresionantes invenciones tecnológicas, se ha creído todopoderosa y ha intentado imponer la temible idea de “civilización” sobre comunidades que yacen en otras latitudes. El resultado de su aventura fue tan incierto como aterrador; ninguno de los 130 exploradores vivió para contarlo. Las dos soberbias embarcaciones, monumentos al culto de la ingeniería naval y emblemas de la revolución industrial, serían acaso los antecesores del Titanic en el imaginario colectivo.

El capitán Francis Crozier, expedicionario en más de cinco incursiones entre el ártico y la Antártida, es un oficial irlandés inclinado a la bebida, que encarna con genialidad el actor Jared Harrys, conocido por su papel de Lane Pryce en la mítica serie Mad Men.

Basada en la novela homónima de Dan Simmons —autor inglés que participa en la producción de la serie junto al gran Ridley Scott—, The Terror reescribe las penurias de este épico viaje por el extremo paso canadiense alternando el relato de la expedición con algunos repiques presentados por medio de flashbacks en que se ambienta la vida del siglo XIX de manera exquisita y con una manufactura de altísima calidad. Hecha a medida para todos los amantes del thriller, el drama de suspenso y las historias de ultramar al estilo de Capitán de Mar y guerra: la costa más lejana del mundo (Peter Weir, 2003), esta producción difundida por el canal AMC (y visible en algunas páginas de streaming en línea) se perfila como una de las más impactantes de esta primavera.

Revisando hasta los últimos detalles de la vida victoriana de mitad del siglo, la mirada de sus tres realizadores principales (Berger/Mielants/Mimica-Mezzan) confluye en un gusto por los planos en movimiento cuando se trata de reuniones, agasajos o conversaciones; los grandes planos generales que dan cuenta del inhóspito y hermoso paisaje esquimal; y sobre todo en un desarrollo sutil de la trama (escenas de movimientos lentos y contrastes plano/contraplano) que favorece el suspenso.


Pasaron más de doce años antes de tener versiones verosímiles del trágico destino de la expedición perdida de Franklin.

“Ya sabes cómo actúan los hombres cuando están desesperados en altamar”, advierte el capitán Francis Crozier a Sir John Franklin (Julio César en el clásico de HBO, Roma), capitán de la gloriosa Marina Real Británica (Royal Navy). “Estamos en un lugar que nos quiere muertos”, repite Crozier al joven capitán Fitzjames después de apurarse un largo trago de whisky como lo hubiera hecho quizás el perturbado almirante irlandés en la vida real. Estas dos réplicas, acervo elemental de cualquier marinero que se respete, describen el desarrollo creciente de la tensión a bordo de los dos enormes navíos. Además, el eco de su voz recuerda las penurias y la lucha casi suicida del capitán Ahab en Moby Dick (Herman Melville, 1851)o la temeraria búsqueda de Charlie Marlow en El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad, 1899). En efecto, el conflicto central de la serie oscila entre estos tres lobos de mar, pues el pasado que comparten es problemático: Franklin fue casi la última opción del almirantazgo para dirigir la incursión, y su mando se pone sutilmente en entredicho. Por otro lado, Crozier siente un amor apasionado por la hermana de Franklin, quien no lo consiente en lo absoluto, y se lanza a la expedición con la esperanza de que su ayuda rinda frutos a una tercera y definitiva propuesta de matrimonio. Por supuesto, cuando las condiciones en el ártico se recrudecen y comienza su lucha desesperada contra el tiempo, la animadversión entre estos hombres se hará más latente.


El encuentro con la mujer silenciosa (Nive Nielsen), miembro de la comunidad inuit, marca un punto de inflexión en la trama de la serie.

Por si fuera poco, el amenazante mundo esquimal les aguarda temibles sorpresas: en su primera excursión por tierra, un grupo de marinos dispara por error contra un hombre que deambula junto a su hija. A pesar de los esfuerzos de la tripulación, el encuentro deriva en su muerte. Desde ese momento, los marinos ingleses despertarían no solo el rencor de la joven, sino el acecho de una milenaria criatura ligada espiritualmente al muerto.

La complejidad de la mitología esquimal resulta ajena a nuestra sensibilidad, mucho más próxima del humanizado mundo grecorromano. Sin embargo, no es difícil fascinarse frente al aura mágica que evoca el animismo de los pueblos inuit, su folklore chamánico y su concepción panteísta según la cual todos los seres humanos están ligados a la quintaesencia de un animal totémico —con quien pueden establecer comunicación e incluso pueden cazar con su permiso— y  que, tras su muerte humana, habrá un pequeño trozo de su espíritu viajando hacia el cuerpo de los nuevos miembros de su familia.1 De esta manera, la imaginería inuit penetra la atmósfera de la serie con el transcurrir de los capítulos y poco a poco va desembocando en un irreducible encuentro con el Tuunbaq, ese “demonio divino con aspecto de animal”. Este terrorífico ser, según la novela de Simmons, encarna la venganza y el justo castigo a la arrogancia, vanidad y desmesura de la invasora armada victoriana inmersa en la brisa nebulosa de las tierras árticas. Uno de los hechos más interesantes es que la misteriosa desaparición de la flota provocó una serie de narraciones orales entre la comunidad esquimal y las versiones se fueron amalgamando con varios relatos de su mitología fundacional.2

Así pues, producciones como The Terror se alzan como una de las muchas formas en que la ficción trata de completar las brechas dejadas por la historia y suscita un interés en ella. De la misma forma, su fabulesca narrativa toca otro punto neurálgico para la actualidad, pues sugiere una temperancia sobre el accionar humano a la hora de disponer su rumbo hacia lo desconocido, ignorante no solo del espacio sino también de las otras formas de vida que lo albergan.

 

Camilo Rodríguez
Consejero editorial de Éditions Maison des Langues. Twitter: @Cajme.


1 Molyneaux, Brian, Mythology Of The North American Indians And Inuit Nations. Anness Publishing, 2006.

2 Rowles, Dustin, “AMC’s Terror and why the Inuit didn’t help the Franklin expedtition”,.

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