Un lugar en silencio: el nuevo viejo cine de terror

En Un lugar en silencio Krasinski, en su afán de construir una película de terror moderno, termina por cometer una serie de desatinos que le quitan seriedad a la cinta.

Título original: A Quiet Place
Año: 2018
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Dirección: John Krasinski
Guión: Scott Beck, John Krasinski, Bryan Woods.
Música: Marco Beltrami
Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
Reparto: John Krasinski, Emily Blunt, Noah Jupe, Millicent Simmonds, Cade Woodward, Evangelina Cavoli, Ezekiel Cavoli, Doris McCarthy
Productora: Platinum Dunes/Sunday Night. Distribuida por Paramount Pictures


En un futuro postapocalíptico, gran parte de la población ha desaparecido por unos monstruos ciegos y aparentemente sin olfato, que cazan a partir de la escucha. No se les pudo combatir ni encontrar su punto débil así que la única vía de seguir con vida, para quienes lo han logrado, es mudarse al mundo del sigilo: hablar con voz baja o con señas, caminar sin zapatos, conducirse por el mundo siempre con la mayor cautela y conciencia del entorno. Cualquier sonido menor, como la caída de un vaso, es motivo suficiente para que uno de estos seres te destroce. La familia Abott lo sabe: uno de sus hijos murió atacado por uno de estos seres que, por los sonidos que emiten, recuerdan a las cucarachas de Mimic de Guillermo del Toro.

Fuera del planteamiento general que propone Un lugar en silencio, ópera prima de John Kransinski, la historia se va en picada. La película —cuyo silencio la hace aterradora (como escribió Peter Bradshaw en The Guardian) y que, según declaraciones de Andrew Form (uno de los productores), tuvo algo de inspiración en Tiburón (por la cuestión de cómo Spielberg manejaba la música con relación a la aparición del tiburón)— se queda en un producto de terror construido más por mercadotecnia que por experiencia genuina del espectador. Krasinski, en su afán de construir una película de terror moderno, termina por cometer una serie de desatinos que le quitan seriedad a la cinta.

La problemática es buena pero tampoco novedosa. Hay por lo menos dos películas comerciales que enmarcan el ruido como detonante de la acción: No respires y Guerra Mundial Z. Pero son por lo menos congruentes con el contexto que han creado. Aquí, en Un lugar en silencio, son muchas las licencias que se toma el director y que el espectador debe pasar por alto para que la historia pueda funcionar.

Spoilers

La película comienza con la familia Abott en una tienda que recuerda a cualquier episodio de The Walking Dead. Están buscando medicamentos. El hijo menor quiere llevarse un cohete espacial de juguete, pero su padre no lo deja. Su hermana, sorda de nacimiento, en un gesto de complicidad, termina por darle el juguete a escondidas de su padre. El niño, ya encandilado, decide además llevarse las pilas. Por supuesto, el menor es aniquilado casi de forma inmediata delante de la familia. No nos enteramos del duelo sino sólo de ese acontecimiento. Krasinski decide avanzar en el tiempo y nos muestra a la familia a más de un año de distancia. Evelyn (Emily Blunt), la madre, está embarazada. Es en este punto cuando se puede anticipar que mucho de lo que venga después puede estar mal construido.

El recurso del embarazo al interior del contexto suena completamente descabellado: ¿por qué si estás en el apocalipsis, con monstruos que cazan cuando detectan sonido, deciden embarazarse? ¿No inicia la película en la sección de farmacia de una tienda? ¿No encontraron condones, pastillas, no pudieron prevenirlo? ¿Decidieron tenerlo aun con conocimiento de causa? El punto inicial que servirá para detonar la acción resulta superficial y tira por la borda un guión que se pudo haber trabajado mejor. Prueba de ello serán todos los demás elementos venideros que son absurdos: una escena donde se ve a Evelyn frente a la lavadora y secadora con bolsas de ropa (¿usó la lavadora y secadora aún cuando no pueden hacer ningún ruido?). Al subir las escaleras con éstas, una se atora con un clavo que, después de un jaloneo, terminará levantado del piso a un ángulo de casi 90 grados que, por supuesto, alguien pisará y marcará el punto de acción de la película; o, por ejemplo, la forma en que el director decide omitir el parto en escena al sólo mostrar cómo la pareja sale con el hijo en brazos, cuando el momento del nacimiento habría sido un punto de tensión fuerte, pero si se omite, es porque no había forma ya de solucionarlo en la pantalla: ¿cómo justificar un parto aislado de ruido en ese escenario?

Un lugar en silencio es una película que lejos de intentar romper con el cine de terror que asusta con base en decibeles, plots absurdos y monstruos, lo reproduce sólo que con una mejor fotografía. Éste no es un cine de terror moderno como La bruja o Está detrás de ti, como algunos han escrito. Es lo ortodoxo con nueva presentación. En ningún momento se puede apreciar esa inspiración en Tiburón puesto que es una película donde el sonido está siempre presente y la música no genera la tensión que en su momento generó el tema compuesto por John Williams. Quizá, y supongo que sin querer, el único punto de similitud que podría tener con ese clásico es la pregunta del por qué ataca el monstruo y que podría generar diferentes respuestas de corte simbólico, como en su momento supusiera la cinta de Spielberg: ¿qué representan esos monstruos que cazan con base en el sonido? ¿Qué papel juega el sonido en una sociedad occidental en contraposición con sociedades orientales (como los budistas o los monjes que han guardado votos de silencio)? ¿Es el sonido otra forma más de goce? ¿Un malestar? ¿Contaminación? ¿Es que los monstruos podrían simbolizar a la figura del extranjero que nos quiere privar de nuestra forma de gozar? (Fantasía sobre la que está construida gran parte del cine estadunidense.) Sin embargo, estas preguntas interesantes que podrían hacerse desde la cinta, parecen cuestiones que apenas pasarían por el interés de Krasinski. Un lugar en silencio es otro producto más de la mercadotecnia, de las productoras que insisten en vender películas a través de un discurso que las describe como otra cosa diferente a lo que son y que harán sentir a más de un espectador que le han tomado el pelo.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
Twitter: @ferbustos.

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