Aniquilación: los extraterrestres somos nosotros

Aniquilación se estrenó en México únicamente vía Netflix y está disponible desde el 12 de marzo. Es la nueva película de Alex Garland y promete acción extraterrestre, cocodrilos asesinos, un Área X, y sesudas divagaciones sobre una anomalía biológica en la tierra. Natalie Portman encabeza al equipo aventurero eminentemente femenino.


Annihilation

Estados Unidos, 2018

Director: Alex Garland

Guión: Alex Garland, basado en la novela de Jeff VanderMeer

Elenco: Natalie Portman, Oscar Isaac, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tuva Novotny, Tessa Thompson

Producción: Jo Burn, Eli Bush, David Ellison, Dana Goldberg, Don Granger, Andrew Macdonald, Allon Reich, Scott Rudin, Joanne Smith

Fotografía: Rob Hardy

Productoras: DNA Films, Paramount Pictures, Scott Rudin Productions

¿Qué quieren los extraterrestres? Uno pensaría que el que está conforme con su vida tiene pocas motivaciones para cambiar de galaxia, viajar en el tiempo, colonizar a otra especie. Pero ellos son seres eminentemente melancólicos. Ya desde el nombre cargan con la tristeza: los extraterrestres están condenados a querer llegar al planeta que les da su nombre pese a que no lo conocen.

Un meteorito cruza el cielo en llamas y se estrella en un faro de Florida. El faro se vuelve el epicentro de una zona que se expande de manera orgánica, delimitada por una pantalla transparente que simula una burbuja. El gobierno desaloja a los residentes y bautiza la zona a la manera gringa: Área X. El resto de los enterados del fenómeno se refiere al sitio como “El Resplandor”. Los primeros que atraviesan la frontera de jabón no vuelven. Los segundos tampoco. Cuando toca el turno a un grupo de militares, el único que regresa es Kane (Oscar Isaac). Su mujer, Lena (Natalie Portman), lo hacía muerto desde hace tiempo y, en su duelo, había decidido repintar las paredes de la casa justo el día de su regreso. Kane entra a la casa como desorientado. No hay emoción de su parte en el reencuentro. Lena le pregunta dónde ha estado, qué le pasa. Kane, sentado a la mesa de la cocina, pide un vaso con agua y escupe sangre. Lena pide una ambulancia y, camino al hospital, ambos son interceptados por agentes del gobierno; la interrogan a ella y lo vigilan a él, que ha caído en coma.

Lena se entera así del Resplandor, de la misión de su marido, de la preocupación del gobierno por la expansión de la zona, de la duda primigenia: ¿por qué nadie regresa? Lena es bióloga y además ha trabajado para el ejército. Su doble condición, además de la curiosidad genuina de saber qué le pasó al Kane que conocía, la impulsan a cruzar la frontera, acompañada de un grupo de mujeres que se convierte en vanguardia.

Una física, una antropóloga, una bióloga, una paramédico, una psicóloga. El equipo tiene posdoctorados y, por si esto fuera poco, sabe manejar metralletas. Los hombres, protagonistas sempiternos de todas estas misiones peligrosas a lo largo de la historia de Hollywood, han sido relegados a la banca.

Hasta este punto, Aniquilación recuerda en más de un sentido a La llegada (Dennis Villeneuve, 2016): una cinta donde una académica de alto rango es arrastrada fuera del aula universitaria por la presencia inexplicable de lo que parecen organismos extraterrestres. Allá se trataba de aprovechar las herramientas lingüísticas del personaje de Amy Adams. Acá es una bióloga la encargada de entender por qué se multiplica la vegetación y los cocodrilos tienen la misma mandíbula que los tiburones.

Es una zona extraña la del Resplandor, diría el filósofo de Güemes. Un lugar lleno de flores, de donde nadie vuelve, al que se llega por un cruce que delimita un halo misterioso, donde Lena y compañía se encuentran un altar coronado por una calavera… ¡Es Coco! Ay, si tan solo. Acá la paradoja es más peligrosa: pese a que se trata de un sitio “technicolor” donde todo se autorreproduce, donde la vida se desborda y los ciervos parecen unicornios lisérgicos, todos los animales –las bestias, mejor dicho— son criaturas asesinas; la biodiversidad nunca había sido tan peligrosa.

¿Qué hacen ahí el resto de las mujeres en la expedición? Lena les mantiene oculto a las demás su conexión con el famoso Kane, y hace pasar su interés por ciencia. El resto de las científicas, dice pronto una de las integrantes del grupo, “somos bienes dañados”. La declaración no sólo es parte de una deficiencia generalizada en los diálogos de la película, sino que va más lejos: es un despropósito absoluto, porque argumenta que este excepcional equipo de mujeres no está en realidad motivado por la gloria, la sed de aventura, las ganas de salvar el mundo o la preocupación por el planeta –como los equipos de hombres que nos han rescatado de otras invasiones— sino que básicamente han elegido venir a morir al Resplandor por ser elementos deficientes de la sociedad. Una tiene cáncer, la otra es una adicta en recuperación, otra ha intentado suicidarse.

Pero al mismo tiempo, si uno está dispuesto a hacer a un lado ese tropiezo, —¡aunque sea por un momento!— la premisa nos empata, como especie, con los extraterrestres. ¿Qué son los astronautas sino unos misántropos tremendos? ¿Quién querría dejarlo todo para ir a un sitio de nombre ominoso, Área X, controlado por el gobierno, en donde no hay futbol ni internet ni carnitas de puerco?

Pero más importante aún: ¿qué quiere Lena? La película avanza con sigilo por una trama secreta que apenas intuimos. La pregunta permanece. Todos los efectos especiales, la música inquietante, la canción de Crosby, Stills y Nash, los ojos de Oscar Isaac, los sueños de la protagonista, los juegos con el tiempo, el interrogatorio en sabia cuarentena; todo esconde las pulsiones inquietantes de la cinta que de pronto estallan en un video encontrado en una estación abandonada, o en el grito atorado de alguien a quien hemos dejado atrás y que nos atormenta.

Esta es la segunda película del director Alex Garland. La primera, Ex Machina (2014), un inquietante thriller asimoviano, trataba sobre un programador que es invitado a participar en un experimento en casa de un gurú tecnológico. La misión central consistía en evaluar las cualidades humanas de un androide. En otras palabras, resolver una pregunta sencillísima: ¿qué nos hace humanos? En su segunda película, la duda podrá explorarse con un presupuesto más holgado, diez veces más efectos computarizados, una subtrama inocua sobre la culpa, una metáfora cancerígena demasiado estirada y un final que no sabe si quiere ser ambiguo o dejarlo todo demasiado claro, pero en esencia es la misma. La filosofía lleva unos dos mil quinientos años ensayando respuestas. Eso significa que a Garland le faltarán, pues, un par de películas más para acercarse a resolverla. Hay algo en la intención, y en la inteligencia que roza la cinta por momentos, que hace que uno mire para el otro lado en los malos momentos de Aniquilación y diga: bueno, que vengan.

Luis Madrigal

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