Basada en hechos reales: querido Roman, devuélvenos a Polanski

Pese a dos o tres logros, Basada en hechos reales  es una película rancia, esto es, corrompida por el paso del tiempo; anticuada. Es como si al gran maestro se le hubiera olvidado su propio truco, como si pensara que por conocerlo puede replicarlo sin mayor esfuerzo.

Dirección: Roman Polanski
Guion: Olivier Assayas, Roman Polanski (adaptación de la novela homónima de Delphine de Vigan)
País: Francia
Elenco: Emmanuelle Seigner,  Eva Green,  Vincent Pérez,  Damien Bonnard.
Año: 2017


Digamos que Roman Polanski tiene algo con las mujeres. Digamos también que su nombre es capaz de conjurar una serie de adjetivos de orden oscuro. Elijo el siguiente para resumir irresponsablemente su filmografía: diabólico. Pensemos en la Catherine Deneuve de Repulsión (1965); recordemos a la Mia Farrow de El bebé de Rosemary (1968); qué decir de Emmanuelle Seigner en Lunas de hiel (1992), o de Sigourney Weaver en La muerte y la doncella (1994). Sexo, locura, muerte, obsesión, lujuria, deseo. La lista podría seguir. A lo largo de una dilatada carrera no exenta de tropiezos, Polanski ha sabido sacarle brillo a nuestros rincones más oscuros.

Ahora detengámonos un momento en otro nombre: Eva Green. A ella también le queda el adjetivo diabólico. Ahí están la Ava de Sin City: una dama por la que matar (2014) o la Artemisa de 300: el origen de un imperio (2014); incluso la señorita Peregrine fabulada por Tim Burton; pero sobre todo Vanessa Ives, la atormentada y posesa dama victoriana de Penny Dreadful. No encuentro en el panorama actual otra actriz que con la simple mirada pueda darle tantos matices a la idea de lo diabólico, por no hablar de sus otras virtudes.

El cruce de Polanski y Green, y la adición de Emmanuelle Seigner, que ya trabajó con el director en tres ocasiones (Lunas de hiel, Frenético y La Venus de las pieles), no podía sonar mejor. O sí, porque además el polaco francés, después de casi una década, regresaba a un género que manejó como pocos en Barrio Chino, El escritor y El bebé de Rosemary: el thriller o, para ser exactos, el thriller sicológico. Así que el espectador debía estar de plácemes. ¿Cómo echar a perder tremendo coctel con esos ingredientes? Imposible porque, por si fuera poco, la historia tendría lugar en Francia. Un thriller europeo, de los buenos.

Basada en hechos reales cuenta la historia de Delphine Dryeuix (Seigner), una escritora que tras la publicación de su más reciente y exitosísimo libro, está entrando en una fase de angustia y bloqueo. Durante un evento promocional conoce a Elle (Green), una misteriosa admiradora con la que se topa de nuevo durante una fiesta y con quien empieza a trabar una intensa amistad.

De Delphine sabemos poco. Su pareja es un afamado periodista cultural que viaja por el mundo entrevistando escritores. Sus padres han muerto y su hijo la ignora por completo. Al parecer, sus libros abordan temas personales que calan profundamente en el público, y que incluso provocan la llegada de una que otra carta siniestra a la escritora que, en resumidas cuentas, trabaja y vive casi en soledad.

Por eso en principio la llegada de Elle resulta un bálsamo para Delphine. Primero recurre a ella como una nueva e interesante amiga; descubre que Elle también es escritora, pero escritora fantasma (lo que por aquí se conoce como “negro literario”); luego Elle consigue quedarse a vivir con Delphine y le ayuda a salir de su crisis tomando las riendas de su vida: contesta sus correos, habla por ella, organiza sus relaciones públicas y privadas, le dice qué debe escribir. Elle se toma tan a pecho su misión que incurre en ataques de ira cuando Delphine no le hace caso.

Progresivamente, los consejos de Elle empiezan a convertirse en órdenes, y los cuidados en obsesiones. Elle parece mimetizarse en una Delphine más joven. De pronto aparece con las mismas botas, a la escena siguiente tiene el pelo del mismo tono. Delphine nota esos guiños sutiles pero no le preocupan, acaso la seducen, quizá le halague verse joven y renovada con la presencia de esta escritora que escribe libros para alguien más. Existen claros ecos a la Annie Wilkies de Misery; por ahí hay un guiño a Atracción Fatal y compañía. Existe, claro, un componente sexual entre ambas protagonistas. Está, por todos lados, el tema del Otro, la tenue frontera entre realidad y ficción, la frágil línea que separa la razón de la locura…

En primera instancia, Basada en hechos reales cuenta con todos los elementos de un gran thriller a la Polanski. Sin embargo, la cinta está lejos, muy lejos, de las mejores historias del director. La fórmula resulta evidente casi desde el principio, lo que vuelve predecible la trama. Salvo algunos momentos de tensión entre los personajes, su relación resulta por momentos caricaturesca. El desenlace, que el espectador tendrá que ver por su cuenta, termina no solo siendo obvio, sino que, al obligarnos a repasar todo lo que acabamos de ver, evidencia los huecos y las fallas del guion.

Pese a dos o tres logros, Basada en hechos reales es una película rancia, esto es, corrompida por el paso del tiempo; anticuada. Es como si al gran maestro se le hubiera olvidado su propio truco, como si pensara que por conocerlo puede replicarlo sin mayor esfuerzo. Ignoro si al otro lado del Atlántico el apellido Polanski sea muy común; a mi siempre me pareció uno de esos nombres destinados a la grandeza, mientras que Roman, bueno, Roman suena bastante común. Así que si hablamos de otros y de posesiones y de giros “inesperados” y… en fin, diría: Roman, querido, devuélvenos a Polanski.

César Blanco
Editor y traductor.

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