Las mujeres en el cine: cinco realizadoras imprescindibles

El papel de las mujeres en la historia del cine ha sido esencial en muchos aspectos. Por desgracia, esta es una idea muy escondida, minimizada. Sin embargo existen numerosos ejemplos, desde los primeros pasos del cine, en los que las mujeres han sido partícipes y pioneras del séptimo arte. Adelantadas a su época, cineastas como la francesa Alice Guy-Blaché y la americana Dorothy Arzner fueron grandes figuras del cine en sus respectivas trincheras, y les siguieron muchas directoras, actrices, creadoras de festivales, productoras, directoras de fotografía, etc. A pesar de que proporcionalmente, hasta nuestros días, existe una disparidad en los puestos técnicos y creativos de la industria, un rico debate ha comenzado, a partir de escándalos como los del #metoo y el cuestionamiento a ciertas productoras de la gran maquinaria holywoodense, entre otros. Así, nos encontramos hoy frente a la posibilidad de que el cine llegue a nuevos horizontes. Mientras tanto, como conmemoración del 8 de marzo, las siguientes líneas abren los ojos ante la vitalidad de cinco realizadoras infaltables.

Danzón (1991), de María Novaro

Danzón,el segundo largometraje de María Novaro, significó un regreso del cine mexicano a la muestra de Cannes y también la primera aparición de una mujer mexicana como directora en el festival. Danzón es una película que recrea una forma de amar muy “mexicana”, siempre entre la espada y la pared, visión rápidamente transformada por la directora, en la que reposa la autenticidad de la película. Julia (María Rojo) es una telefonista que dedica su tiempo libre a bailar danzón con su pareja de baile Carmelo (Daniel Rergis). Un día, al no presentarse él en el salón, Julia queda sumamente consternada y decide ir tras sus huellas al puerto de Veracruz donde se encontrará con la cuna mexicana de esta danza y muchos personajes que la ayudarán en su travesía de desamor. La ausencia del hombre dentro de la narrativa de la película permite en definitiva dar espacio a un mundo femenino, en donde los diálogos de las mujeres se alejan del cliché, en una intimidad y reciprocidad pocas veces vista en el cine nacional; una tradición cinematográfica que ha tenido históricamente un corte machista y de protagonismo masculino, tanto en la actuación como en la producción y realización.

Esta película marca, junto con otras del nuevo cine Mexicano de la misma época, un nuevo papel de la mujer en el cine nacional y también nuevos puntos de vista sobre las relaciones amorosas. México dejaba atrás con Danzón, no sin cierta nostalgia, esa huella de su propia época de oro, para dar lugar a un discurso más plural que luchaba por salir a la superficie. Danzón encarna ese paso; y los personajes femeninos, fuertes y complejos, llegaron para quedarse en nuestra cinematografía.

Orlando (1992), de Sally Potter

Orlando, libremente adaptada de la novela homónima de Virginia Wolf, es una película que nos lleva a la reflexión sobre el género y el transgénero de una manera muy singular. El personaje de Orlando (Tilda Swinton), un noble de la corte de Isabel I de Inglaterra de una belleza angelical y afeminada, cae un día en un estado de hibernación del cual despierta transformado en mujer. Durante su nueva vida y en diversos episodios similares de transformación, vemos desfilar a través de los siglos a un personaje siempre joven, atemporal y andrógino. La dirigió la talentosa y multifacética Sally Potter, que venía de una exitosa carrera como directora de teatro, entrenada como bailarina y formada en el cine experimental, antes de entrar a la producción de esta inédita y grandiosa película.

Visualmente la película es exquisita, con la dirección de arte del afamado Ben van Os y con un vestuario que mezcla elementos contemporáneos con ropa de época. La producción destaca de otras películas de los noventas y pone el dedo en la llaga de las contradicciones entre los dos sexos y la ambigüedad que hay entre ambos, llevando a una multiplicidad de identidades sexuales, sociales e históricas que hacen del personaje de Orlando una gran metáfora de nuestra propia ambigüedad como seres humanos.

Lost in translation (1999) de Sofía Coppola

A pesar de que Virgin Suicides (1999)se considera su obra maestra, Lost in translation (2003), con un toquemás independiente y fresco, destaca en la obra de Sofía Coppolla, de por sí muy diversa en estilos y temas. La película se enfoca en la historia de Bob Harris (Bill Murray), un actor en la midlife crisis que decide viajar y perderse en Tokyo, y de Charlotte (Scarlet Johanson), una universitaria a la que abandona su esposo durante el viaje a la megalópolis. Los hoteles se vuelven refugios en la acaudalada capital nipona, lo cual genera un ambiente claroscuro que ayuda a construir la intimidad de una peculiar relación. El encuentro entre estos dos personajes nos recuerda a esos extraños amores que no llevan a nada, exactamente como su estadía en un país donde la lengua los separa del exterior pero al mismo tiempo los acerca como seres humanos.

Lost in translation tiene un ritmo lento, sin una narrativa clara, lo que lleva a pensar que nada sucederá en esta extravagante historia de amor platónico. Pero es justamente gracias a esa falta de claridad y de rumbo que la película nos brinda un punto de vista espontaneo y deja abiertas muchas posibilidades entre encuentros y desencuentros. Sofía Coppola logra con esta película liberarse y dar un paso firme en el cine independiente. Su película marcará el regreso de un cine independiente estadunidense, interesado en nuevas formas de narrar, producir y de crear personajes.

Polisse (2015), de Maïwenn

Si algo define la carrera de Maïwenn como directora es la lucha que tuvo que librar en el medio cinematográfico, primero como actriz y después como directora de cine. Polisse, su tercera película, aborda el complejo tema del abuso y maltrato infantil, del cual la propia Maïwenn fue víctima. Seguimos a una brigada de protección infantil, la cual se dedica a buscar y arrestar a pedófilos, a maltratadores y a explotadores de menores. La historia se centra en la relación entre uno de los brigadistas, Fred (Didier Morville), y la fotógrafa Méllisa (Maïwenn), quien sigue de cerca y retrata el trabajo de estos policías, muchas veces confrontados a emociones contradictorias y difíciles de asimilar.

Esta película refleja de cierta manera la turbulenta carrera que tuvo Maïwenn desde la muy temprana edad en que entra al mundo del cine como actriz, carrera sumamente impuesta y hasta casi forzada por su madre. Es en este mundo donde conoce, en la ceremonia de los Césares, al director Luc Besson, a los 15 años, y tiene una hija con él a los 16. Unos años después, Luc Besson remplaza a Maïwenn por Milla Jovovich en el papel de Leeloo para El quinto Elemento (1997), lo cual la lleva a una profunda depresión de la que resurge años después como directora de cine; y Polisse es hasta ahora la máxima expresión de su trabajo como directora. La película le otorga el Premio del Jurado en Cannes y una gran difusión a nivel internacional. Polisse y la vida de Maïwenn son auténticas historias de cómo sobreponerse a realidades adversas.

Mur Murs (1981) Agnès Varda

A pesar de no ser una de sus obras más representativas, este documental es una muestra de la gran versatilidad de la obra de Agnès Varda y de su habilidad para filmar temas diversos y lejanos a su entorno. La directora de Cleo de 5 a 7 (1962) es una de las fundadoras y de las pocas mujeres del movimiento de la Nouvelle Vague francesa, de la cual se separa para seguir la tendencia del “cinéma de la rive gauche” , de corte más activista. Con ello se aleja del cine de la “rive droite”, que es financieramente más exitoso y con un objetivo más cinéfilo. Pero Agnès Varda, una de las primeras cineastas activamente feministas en el mundo y una de las más conocidas, también ha sabido explorar miradas de hombres, migrantes, activistas, desplazados y personajes que luchan a diario con su estatus en la sociedad.

Murs Murs (1982) es una película que nos muestra las posibilidades que tiene el cine documental para revelar un arte poco comprendido en esa época: el arte urbano, el mural espontáneo, el graffiti. Agnès Varda retrata a los artistas de las periferias de Los Ángeles, explorando así un mundo de creatividad y de batalla diaria contra una realidad social rodeada de violencia. Murs Murs es un documental que no pierde vigencia y resonancia en nuestros días y nos enseña a explorar la ciudad de una manera original: a través de sus muros, sus expresiones, sus contradicciones. Nos permite, sobre todo, valorar este espacio de convivencia, pintando así un gran fresco a partir del mapa de la ciudad, al que todos sus habitantes dan un brochazo para dibujar su contorno.

 

Nicolás Segovia
Cineasta. Es director y guionista de: Costa chica.

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