Entre la luz y la obscuridad: entrevista con Guillermo del Toro (segunda parte)

Ofrecemos la segunda parte de la entrevista con Guillermo del Toro. En esta ocasión, el director mexicano abunda en el problema de las etiquetas sociales y nos comparte su mirada sobre México de cara a las próximas elecciones.

En el Festival Internacional de Cine de Toronto, después de la primera función con público de La forma del agua, una señora tomó la palabra para agradecerte, pues la cinta le hizo ver que su hijo, quien padece autismo, podía llegar a ser amado como es. ¿Qué te hizo sentir?

Fue muy conmovedor (hace una pausa); me resulta muy difícil expresarme sin emocionarme con eso. Cuando una película toca a una persona en una parte realmente espiritual, es un milagro, porque para mí lo que diferencia al cine de todos los otros medios es que cuando llega, llega ahí, adentro…

A mí me encanta la televisión, me encantan las series, pero es rara la serie que te va a tocar en un lugar tan personal, tan espiritual, tan íntimo como el cine. A mí no me ha pasado; te pueden emocionar, sí, te pueden retar intelectualmente, pero la intimidad que se da en esta inmersión que ocurre en una sala junto a 500 extraños, y que llega a provocar un tipo de revelación, pasa poco; y cuando pasa, es un milagro, y hay que tomarlo así.

Fotografías: Cortesía FOX

En ese sentido, ¿consideras que deberíamos acabar con las etiquetas sociales?

Yo creo que sí. Sí no existiera la geografía, bueno, no le conviene a nadie políticamente, porque así nos controlan, pero a nivel humano, si no hubiera geografía,  divisiones —que parece imposible porque el humano a nivel mamífero es territorial, un mamífero avanzado es territorial—¡se armaría un desmadre los primeros diez años! pero después el mundo sería mejor. Lo que pasa es que no aguantamos esos diez años…

Tu trabajo te ha llevado a viajar continuamente por el mundo. Viendo a México desde afuera, ¿qué te gusta y qué no te gusta del país?

Para mí es el país más amado, y lo que es un dolorosísimo acertijo existencial es la clase política. Lo entiendo en repúblicas que son la décima parte del tamaño de México, pero en un país tan enorme, un país con un territorio extensísimo, la uniformidad de esta clase política es dolorosísima de aceptar. Porque en cualquier otro ámbito (artístico, deportivo, científico) ves gente padrísima y dices: “qué padre que existan estas excepciones”. Si hubieran 25 notables excepciones en la clase política, sería otra cosa. Lo único que queda es que, en lo que sea que hagas, intentes hacerlo bien.

Durante el terremoto en México se notó esa disposición, esa voluntad ciudadana.

La única solución a la que le puedo tenerle fe es a la ciudadanía; la neta es una locura hacer lo mismo y esperar un resultado diferente. La reacción en los terremotos fue ejemplar, la que provoca orgullo es la ciudadana. Todo fue por la ciudadanía.

Ese es el principio de fe, como ciudadano, como cineasta: si tú estás en una posición, en la que sea, desde ahí hay que ofrecer lo mejor. Si me preguntas a qué político le vas, a ninguno: es como si me preguntaras quién me va a romper el corazón en dos días. Hay que buscar un nuevo tipo de relación.

¿Cómo ves ahora el panorama político en México?

Bueno, es difícil porque hay una tremenda descomposición social. Se está desencadenando el ADN, la cadena, los eslabones, están rotos en muchísimos niveles.

Yo tengo un plan pequeñito que espero que conecte bonito con la gente joven [ofrecerá becas a jóvenes para estudiar animación en la escuela francesa Les Gobelins], un proyecto personal; no tiene nada que ver con una visión global, es una cosa muy específica que quiero hacer. Y creo que en la medida que pueda incrementar las conexiones…

En mis 25 años de carrera tengo 20 produciendo en México y Latinoamérica con Bertha Navarro de manera continua, y ni una vez, en ninguna de las películas que he producido en español con Bertha, ni una vez he cobrado un dólar de salario. Le digo a Bertha que sería inmoral que yo cobrara por producir en México y Latinoamérica. Siempre le digo: “Toma mi salario y mételo en alguna área de la película, haz lo que quieras, pero no me mandes ni medio dólar”. Son cosas que no comento normalmente, pero cuando me preguntan sobre la clase política, me pregunto: ¿qué clase de sociopatía regimentada puede existir de manera institucional para tener la imposibilidad de conectar con la necesidad urgente que está al lado de tu pinche Mercedes en Insurgentes? Porque basta pararte en una calle para conectarte con el mundo, y me parece incomprensible que no suceda.

¿Qué te gustaría que sucediera en las elecciones?

Para mí, lo que necesitamos, la única salida posible, y no estoy diciendo que sea la salida, pero lo único que se puede hacer, es no repetir. Como dije antes: hacer lo mismo y esperar un resultado diferente es la definición de locura. Lo único que se puede hacer es buscar la diferencia. Necesitamos algo que no sea lo que hemos hecho. Cuando pasamos, en lo que sentimos ya como la prehistoria, de un cambio de partido a otro, se sentía, estuvieras o no con ese partido; decías: “Ah mira, hubo un cambio”. Y eso es la diferencia…

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

 

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