Actores nominados al Óscar: nadie sabe qué se premia

No sin una saludable ironía frente al verdadero “valor” simbólico de los Óscar, este texto hace una valoración de las categorías de mejor actor y actriz de reparto y mejor actor y actriz principal, y plantea un panorama de posibilidades basados en las lógicas internas de Hollywood y en criterios más bien subjetivos y algo aleatorios.

A veces pareciera que la deliberación sobre las mejores actuaciones del año, de entre las nominadas al Óscar, se acercara a la crítica popular del arte contemporáneo. La valoración radica en el criterio personalísimo del: ¿qué será más difícil? La escala arranca en el mismo punto para ambas disciplinas —“Eso hasta mi sobrino de tres años puede hacerlo”—, pero culmina en dos registros distintos: el “No entendí”, para el arte contemporáneo; y “Meryl Streep”para la ceremonia de este domingo.

¿Qué es, pues, más complicado? ¿Ser una mujer australiana bellísima e interpretar a una adolescente gringa cuatro veces menos glamurosa como Margot Robbie en Yo, Tonya? ¿O volverse muda y entablar una relación romántica creíble con un monstruo amazónico como Sally Hawkins en La forma del agua? ¿O más bien volver a interpretar a Winston Churchill, como Gary Oldman en Las horas más oscuras, cuando ya lo hicieron Richard Burton, Albert Finney, Michael Gambon o Brendan Gleeson? O bien, el casi invencible: ¿penetrar un durazno frente a la cámara?

Más que dificultad, lo que los votantes de la Academia tienen en cuenta, quizá, es la exigencia. Los Óscar son un premio y, por definición de diccionario, hay que hacer algo para ganarlos. Por eso, por ejemplo, es que será difícil que Daniel Kaluuya de ¡Huye! triunfe: la serenidad de su personaje y la manera grácil en que enfrenta la atmósfera ominosa de la película es esencial para la cinta, pero no es espectacular, llamativa. Lo mismo podría decirse de la propia Streep en The Post: su deslizamiento en el personaje de Katharine Graham es completo —la inflexión de la voz, los movimientos de su cuerpo— pero parece un trabajo sin esfuerzo. No sé si triunfen, pero es improbable, porque a la hora de repartir los Óscar no sólo votan actores que evalúan el trabajo de sus pares, sino el aparato de Hollywood completo, donde la sutileza es inversamente proporcional al tamaño de las casas del vecindario.

En ese mismo problema se encuentran atrapados Lesley Manville de El hilo fantasma y Willem Dafoe de The Florida Project. Su trabajo responde a la definición clásica de actor de reparto: el pilar que, en una película, permite que sobre él se erija la construcción de un actor protagónico. En el caso de Dafoe, la cinta funge como lucimiento de Brooklynn Prince, una niña de siete años de elocuencia tremenda y un carisma diabólico. En el caso de Manville su personaje sirve al de —nada menos que— Daniel Day-Lewis.

Mejor actriz de reparto

La batalla por la estatuilla a la mejor actriz de reparto parece estar limitada entre dos madres particularmente combativas. “Quiero que seas la mejor versión de ti misma que puedas ser”, le dice el personaje de Laurie Metcalf a su hija en Lady Bird, lo cual podría ser al mismo tiempo un mantra universal para las madres y una definición exacta de la categoría en la que compite contra Allison Janney; la madre que, en aras de motivar a su hija Tonya, le paga a alguien para que la insulte antes de entrar a la pista de patinaje.

Son papeles simétricos —ambas madres deben estar orgullosas de que sus respectivas hijas fílmicas hayan logrado un sitio en la categoría de mejor actriz—, aunque quizá la espectacularidad del personaje de Janney en Yo, Tonya termine por imponerse. ¿Acaso no es más difícil lanzarle un cuchillo a tu propia hija en pantalla, o hablar mientras te cuelga un pájaro vivo del hombro?

Mejor actor de reparto

En la contraparte masculina, descartado Dafoe, uno puede descartar también a Woody Harrelson. Su personaje, como el alguacil de Tres anuncios por un crimen, palidecerá para los votantes frente al otro policía del pueblo, el interpretado por Sam Rockwell, capaz de lanzar por la ventana a un flacucho y al que el director/guionista Martin McDonagh le ha regalado mejores líneas de diálogo. Para Rockwell la competencia es Christopher Plummer (¿a poco no es difícil entrar a rodar todas las escenas de una película, de último momento, cuando el actor original ha tenido que ser borrado por un escándalo de supuesto abuso sexual?) en Todo el dinero del mundo; y Richard Jenkins, el entrañable dibujante de La forma del agua que se traga todas esas rebanadas de pay verde con tal de ver una vez más al que los sirve.

Mejor actor principal

En cuanto a los actores principales, una vez que Kaluuya ha sido eliminado quizá puede hacerse lo mismo con Denzel Washington, para quien —dirá la Academia— esto de la actuación es demasiado fácil. Queda el Churchill de Gary Oldman, el diseñador de moda de Day-Lewis y el adolescente que pasa del piano a la guitarra con la misma facilidad con que se escurre de los brazos de una novia al pecho de un estudiante gringo de posgrado y de regreso. Timothée Chalamet, protagonista de Llámame por tu nombre, lo hace tan bien que deja tan mal parado a Arnie Hammer, pero ahí entra entonces el criterio etario: qué joven es Mr. Chalamet, ya habrá otras oportunidades, dirán los votantes. ¿Podrán decir lo mismo, sin embargo, de Day-Lewis, quien ha asegurado que el de El hilo fantasma es el último papel de su carrera? ¿Habrá un intento de coronación final para este actor tremendo? ¿O rehuirán la metáfora y, para no arriesgar, se irán con Oldman?

Mejor actriz principal

Finalmente, descartada Meryl Streep —a quien, dice la historia, hay que nominar siempre pero premiar sólo de vez en cuando— quedan Frances McDormand de Tres anuncios por un crimen, y Saoirse Ronan de Lady Bird. La defensa de los méritos de cada una de estas actuaciones podría tomar un panel completo con cuatro expertos; seis horas después no habría consenso alguno, y al final quizá aquello sea inevitable. Porque piénselo usted: ¿cuándo ha podido convencer a alguien de que aquella pieza en el MUAC es una genial obra de arte?

 

Luis Madrigal
Dos veces finalista del Concurso de Crítica Cinematográfica de la Cineteca Nacional. En 2017 fue seleccionado como parte la Academia de Críticos del Festival de Cine de Nueva York.

 

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