Crónicas de Frankenstein: el horror del sueño romántico

En la serie televisiva Crónicas de Frankenstein (2015-2017) se respira el aire espeso de Londres en la primera etapa de su era industrial. Personajes como Mary Shelley y Charles Dickens desfilan por las fangosas calles, las lúgubres iglesias y las tabernas de mala muerte.

Dirección: Benjamin Ross.
Guión: Benjamin Ross & Barry Langford.
Género: Thriller dramático.
País: Inglaterra.
Elenco: Sean Bean, Anna Maxwell Martin, Richie Campbell, Samuel West.
Productora: Rainmark Films.
Distribuidora: Endemol Shine group / Arts & Entertainement
Año: 2015-2017.

Yo, como Satanás, llevaba un infierno en mi interior y, al comprender mi aislamiento, quería destrozar los árboles, esparcir la destrucción a mi alrededor, para sentarme luego a contemplar con fruición aquellas hermosas ruinas.
—Mary Shelley, palabras de Frankenstein

Dios llora por nosotros aquí en Westminster, donde el jinete pálido merodea, donde la espada del diablo nos golpea, donde su fétida y maligna epidemia se filtra, en las almas de todos aquellos que le dan la espalda al cielo.
Discurso del Diácono. Capítulo 4, temporada 2

El sueño de la razón produce monstruos.
—Aguafuerte de Francisco de Goya

 

En incontables momentos de la historia el ser humano ha abrazado la idea de un remedio contra la muerte. Desde nociones arcanas de la alquimia como la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud,  pasando por el trasplante rejuvenecedor de tejidos animales,1 hasta llegar a la clonación, todas son muestras de una insaciable voluntad de inmortalidad que caracteriza nuestra especie. Entre todas estas ideas, quizás la de Frankenstein o el moderno Prometeo ha sobrevivido oscilando entre la leyenda, la ciencia ficción, el tabú y el relato de horror.

Según los rastreos genealógicos de la obra, el verano de 1816 la escritora Mary Shelley y su esposo, el poeta Percy B. Shelley, aceptaron la invitación de Lord Byron, quien los congregó en su fastuosa estancia de Villa Diodaty, en Suiza. Al grupo se unió John Polidori, médico personal de Byron y hombre de letras. Uno de sus apasionados hobbies consistía en leer historias de terror en las noches cálidas del verano. Entonces, el anfitrión decidió retarlos a escribir un cuento similar en tan sólo una noche. El único que lo consiguió fue Polidori, autor del primer relato vampiresco conocido: El vampiro. Sin embargo, durante esa estancia Mary Shelley concibió la idea de lo que sería su novela Frankenstein, publicada dos años más tarde.


La escritora Mary Shelley es interpretada por la actriz Ana Maxwell Martin.

Así pues, en la serie televisiva Crónicas de Frankenstein (2015-2017) se respira el aire espeso de Londres en la primera etapa de su era industrial. Personajes como Mary Shelley, Charles Dickens y Sir Robert Peel —fundador de la policía londinense y reconocido estadista conservador— desfilan por las fangosas calles, las lúgubres iglesias y las tabernas de mala muerte, retratados con verosimilitud y sin pomposidad. El más importante de ellos es Dickens quien, conocido bajo el pseudónimo de “Boz”, relata los hechos con un refinado estilo periodístico —que definió plenamente la prosa de la literatura realista y la novelística moderna.

La serie sigue la penosa historia de John Marlott —encarnado por Sean Bean, el célebre Ned Stark de Juego de Tronos—, un investigador londinense fuertemente perturbado por los traumas de las guerras napoleónicas, la pérdida de su esposa e hija, y una sífilis que trata de mitigar con la ayuda del mercurio, peligroso remedio que intensifica sus extrañas alucinaciones y tenebrosos ensueños. Su misión de atrapar una red de traficantes de láudano —derivado del opio muy utilizado por hombres como Thomas de Quincy y Charles Baudelaire— lo llevará a descubrir algo inusitado: el cadáver de una jovencita cuyos miembros parecen amputados y recocidos a aguja e hilo, y que de repente se mueve como si estuviera expirando su último soplo de vida. Esta experiencia inicial enuncia el tema de la primera temporada de seis episodios, aparecida en 2015, y de la segunda entrega que salió en diciembre del año pasado.

La búsqueda de Marlott se inserta en un thriller de época y un universo estético que recuerda la larga tradición detectivesca de la literatura inglesa. Desde Sherlock Holmes, pasando por el refinado Auguste Dupin (predilecto de Edgar Allan Poe) hasta llegar al inspector Frederick Abberline, inmortalizado por la emblemática novela gráfica de Alan Moore y Eddie Campbell, Desde el Infierno. Las imágenes de la época victoriana se alternan con una puesta en escena donde se privilegia el diálogo más que la acción y la puesta en escena más que la imagen en movimiento.

Filmada en Irlanda del Norte, Las crónicas de Frankenstein guarda un estilo muy similar al de la histórica miniserie de la BBC Yo, Claudio (1976), donde el poder de los diálogos y los monólogos, tan influyentes en un siglo discursivo como lo fue el XIX, es el responsable de avanzar la trama y dominar en la estructura narrativa. No obstante, las visiones, sueños y recuerdos de John Marlott, así como las irrupciones de una dimensión alterna que recoge el mundo de los muertos se entrelazan para configurar la historia.


Viñeta de la novela gráfica From Hell (1999).

El interés del hombre decimonónico por la superstición ha sido bastante mencionado por numerosos comentaristas. Victor Hugo era adicto a las sesiones espiritistas; Hölderlin, epítome de la lírica romántica, acarició la idea de una raza perfecta de hombres inmortales y poderosos como los dioses griegos. En cambio, los ingleses acuñaron un sueño mucho más racional, una suerte de equilibrio entre ciencia y magia cuyo punto más álgido fueron los experimentos de galvanismo —teoría de Luigi Galvani según la cual la electricidad imbuida a los nervios animales puede producir movimiento y vida— que desembocaron en la configuración del mito de Frankenstein. Otro hecho considerable es que Mary Shelley haya agregado el epíteto de moderno Prometeo, pues una variante del mito prometeico quiere que el semidios haya modelado un hombre a partir del barro, logrando así el atributo divino de crear la vida y vencer la bestia negra de la mortalidad.

En el fondo, el desafío ético es central para comprender Las crónicas de Frankenstein: lo terrible no es prolongar la vida humana, al contrario, lo abominable es más bien la imposibilidad de ver cumplida la profecía de la resurrección de la carne, promesa de los evangelios. De hecho, finalmente la herejía consiste en prescindir de esa hermosa idea que es la vida después de la muerte, esa vida eterna con la cual el judeo-cristianismo se obsesionó hasta volverla el epicentro de su fe religiosa.

De esa manera, el espectador interesado en pasearse por el fascinante universo de este Londres podrá caminar por sus oscuras calles fangosas, sus morgues, sus tabernas y lugares insalubres, allí donde quizás se esconde el origen del cine negro, en algún lugar en medio del  spleen inglés, un limbo entre la palidez del río Támesis y el lívido reflejo de un cielo plomizo.

Camilo Rodríguez
Consejero editorial de Éditions Maison des Langues.
Twitter: @Cajme.


1 A comienzos del siglo XX, el científico franco-ruso Serge Voronoff hizo varios experimentos de trasplante de órganos animales a seres humanos con el propósito de curar algunos males, pero sobre todo de revertir el proceso de envejecimiento. Disponible en: Chandak, Seengoopta, “Rejuvenation and prolongation of life: Science or Quakery?”, Londres, 1993.

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