Gargantas profundas.
Cinco películas sobre periodismo, reporteros y escándalos políticos

El estreno de The Post: los papeles oscuros del Pentágono nos invita a escarbar en un subgénero del cine que la era Trump ha vuelto más necesario que nunca: las películas sobre el periodismo de investigación, los escándalos políticos revelados a ocho columnas y los riesgos profesionales del reportero, el columnista o el corresponsal de guerra. Las siguientes cintas confirman que esta profesión es, y debe ser, el primer borrador certero de la historia.

Un clásico que hizo escuela

Todos los hombres del presidente (dir: Alan J. Pakula, 1976)
Inspirada en los libros de Woodward y Bernstein, disponible en Archive.org

No podíamos empezar sin este clásico que ya es asignatura básica de cualquier periodista; también una inspiración para dedicarse a ese oficio mal pagado, agotador y riesgoso. Y es que el papel de dos periodistas de muy poca monta —Bob Woodward y Carl Bernstein— que acaban por torcer el rumbo de la historia es ciertamente apasionante. Encarnados por Robert Redford y Dustin Hoffman en tiempos de postpubertad, ambos trabajan en el Washington Post y se obsesionan con el robo del edificio Watergate. Su inexperiencia y su curiosidad tienen una combinación dramática en la cinta: están tocando el meollo de un escándalo político, pero se enredan en sus hilos y se quedan en la superficie. Mientras las pistas y la investigación van cuajando —gracias, entre otros, a los encuentros en un estacionamiento subterráneo con el informante “Garganta profunda”—, Ben Bradlee (Jason Robards), el editor en jefe del diario, entiende poco a poco que las notas que escriben frenéticamente los muchachos tienen una importancia capital.

La aparición de un nuevo docudrama sobre esas épocas del Washington Post —en el que Spielberg puso a Tom Hanks en la piel de Bradlee— completa la narración de Todos los hombres del presidente casi como una secuela. La virtud de la cinta de 1976 es su tensión detectivesca, la velocidad en que se agolpan los hechos y se atan cabos y, en nuestros días, la recreación de esas inmensas salas de redacción, bulliciosas y llenas de humo: un digno homenaje a aquel periodismo prehistórico que se hacía con máquinas de escribir, teletipos, guías telefónicas, blocs de notas amarillos, apuntes veloces y horas de llamadas inquisitivas.


Campos de Camboya

Los gritos del silencio (dir: Chris Menges, 1984)

Volver a la Camboya de los años setenta es abrir la herida de los abusos indecibles de Pol Pot y el genocidio que inició el régimen de los Jemeres Rojos. Poco antes de que inicie la persecución, Sydney Schanberg (Sam Waterston), un periodista de The New York Times, es enviado como corresponsal al país asiático. Su amistad con su asistente de prensa y su intérprete, un joven camboyano, Dith Pran (Haing S. Ngor), será clave para escribir la historia de un país convertido en carnada de las crueles abstracciones geopolíticas.

Pero más allá del periodismo, Dith Pran es fundamental en la supervivencia del norteamericano. La historia real, en la que se inspiró esta cinta, titulada “La vida y muerte de Dith Pran”, fue publicada en The New York Times Magazine en 1980 y completaba un doloroso círculo de narraciones que le habían otorgado el Pulitzer a su autor en 1976. Todo ese material está condensado en la película de Chris Menges, quien le da su toque documental a una realidad demasiado dura de soportar. Como parte de este exceso de realidad sobra decir que Haing S. Nor, el actor que protagoniza a Pran, es un refugiado de Camboya.


Buenos tiempos para la televisión

Buenas noches, y buena suerte (dir: George Clooney, 2005)

El papel de la televisión en la sociedad de masas ha sido ampliamente criticado: distorsiona, manipula, aísla y está al servicio de intereses económicos capaces de sacrificar cualquier contenido. Es la caja de los filisteos. Sin embargo, en esta cinta Clooney logra devolverle la dignidad de sus primeras épocas.

Ambientada en los años cincuenta, con escenas en blanco y negro, galas y una banda sonora de jazz fantástica, Buenas noches, buena suerte se centra en la lucha de Edward R. Murrow (David Strathairn), periodista y conductor de noticias de CBS con gran trayectoria, contra el senador McCarthy, quien ha iniciado su cacería de brujas anticomunista. Es digno de elogio el empeño del implacable Murrow por revelar las mentiras y manipulaciones de McCarthy cuyos ataques a los medios de noticias se incrementan a diario. Además de la elegancia estética del filme, el personaje de Murrow —que recibió aplausos de Franklin Roosevelt por haber transmitido los avances de Hitler en 1938— merecía la atención de esta caracterización: es una suerte de mártir atormentado, de escasas sonrisas, poco efusivo y con el aplomo suficiente para criticar abiertamente la política gubernamental en televisión.


El más alto precio a pagar

Nada más que la verdad (dir: Rod Lurie, 2008)
Disponible en: Netflix

Aunque esta historia no está más que parcialmente basada en hechos reales (en las acusaciones contra la periodista Judith Miller, encarcelada por desacato al negarse a revelar sus fuentes), su trama es absolutamente verosímil. La periodista Rachel Armstrong (Kate Beckinsale) logra revelar —a través de un misterioso informante— la identidad de un agente de la CIA y, en consecuencia, un caso que involucra directamente al presidente. La revelación, publicada en un diario de Washington, el Capital Sun-Times, pone en evidencia un hecho más grave: la falsa justificación para invadir militarmente Venezuela.

La firmeza de Armstrong la lleva a negarse rotundamente a revelar su fuente aun si debe enfrentarse al peso de la ley y la persecución sin piedad del gobierno. Las consecuencias de sus actos irán dando las duras punzadas del drama en lo que termina siendo una fábula sobre la arbitrariedad de la justicia y la resistencia que significa la Primera Enmienda. Tras este telón arde la pregunta central de la ética periodística: ¿qué precio se debe pagar, emocional, física y familiarmente, para salvaguardar la libertad de investigar, publicar y difundir secretos atroces?


Periodista encubierto

Enviado especial (dir: Alfred Hitchcock, 1940)

Cuando un editor de The New York Globe se harta de recibir noticias demasiado sesgadas de Europa, decide enviar a un reportero especializado en crímenes como corresponsal extranjero en Londres. Johnny Jones (Joel McCrea), el reportero, viaja entonces —bajo el nombre falso de Huntley Haverstock— con la misión de contactar a un político neerlandés, llamado facilonamente Van Meer, que le puede brindar información sobre la situación de una Europa al borde de la guerra.

Más que una película verdaderamente centrada en el periodismo, Enviado especial se convierte en un thriller maestro de espías. Tras el asesinato de Van Meer, el corresponsal estadounidense irá tras las pistas de un complot de los nazis que han plantado una red de espías en Inglaterra. Cuando se filmó la película, en 1940, la postura de los Estados Unidos frente a Hitler era todavía tibia, por lo que gran parte de la aparición del enemigo parece una premonitoria advertencia de Hitchcock del poderío de los nazis y su proyecto de dominación mundial. Al ver la cinta, Goebbels proclamó que era “una obra maestra de propaganda”. 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.