Star Wars: Los últimos Jedi.
Una oda a la nostalgia

La continuación de la saga Star Wars toma un rumbo muy prometedor con el capítulo VIII. La película empieza a esclarecer los misterios del Capitulo VII y busca llevar a buen puerto las historias pendientes de personajes icónicos de la saga original. Además, tiene los efectos visuales mejor logrados de toda la serie.

(Este texto contiene 1 spoiler)


Star Wars: Los últimos jedi (2017)
Director: Rian Johnson
Guionista: Rian Johnson (Basado en personajes creados por George Lucas)
Elenco: Daisy Ridley, John Boyega y Mark Hamill

Antes de empezar esta reseña, es importante revelar el spoiler para que, cualquier lector que quiera continuar la lectura, lo pueda hacer sin temor y con toda libertad. Es una revelación un tanto evidente, que no está relacionada con ningún personaje, aunque es un indicio de la nueva dirección en la que los estudios Disney planean llevar el universo de Star Wars. El spoiler es que el episodio VIII no es el final de la historia. Todo parece indicar que los fans iremos a ver muchos episodios de Star Wars a las salas de cine.

Aclarado ese detalle, debo decir que, sin saber lo que pueda pasar con la saga, esta película es de buena calidad, pensada para satisfacer a fieles seguidores de la franquicia y entusiasmar a un público nuevo.

Es difícil juzgar una película de esta serie de forma aislada, sin pensar en las demás, y es más complicado con las últimas dos porque, en muchos momentos, el argumento más solido que tienen es apelar a la nostalgia de una generación que creció idolatrando la trilogía de los setentas. Es una táctica un tanto tramposa, pero ejecutada con gran maestría por Rian Johnson. Como en un concierto, la clave está en tocar los grandes éxitos y mezclarlos con el material nuevo para no caer en la simple repetición, sin dejar de innovar. La analogía del concierto es muy certera en esta película, ya que la música de John Williams sigue siendo el pilar de cada capítulo y siempre se enchina la piel cuando el tema principal explota con estruendo mientras ruedan esas letras amarillas que dan contexto a lo que vamos a ver.

Cuando la clásica tipografía se pierde en el infinito del espacio, la historia continua con los rebeldes tratando de escapar. Rey (Daisy Ridley) está parada frente al eterno Luke Skywalker (Marc Hamil). De ahí en adelante la trama va tejiendo sucesos del presente con eventos del pasado, revelando algunos de los misterios que se plantearon en el capitulo VII. Toda la película es un gran fan service, con muchos personajes icónicos que regresan a escena para cerrar o alargar sus historias en la saga. Al mismo tiempo, los personajes de Rey, Kilo Ren (Adam Driver), Poe Dameron (Oscar Isaac) y Finn (John Boyega) se van desarrollando, acercándose poco a poco hasta ocupar el centro del escenario para darle continuidad a la toda la saga. La historia fluye mejor, con menos cortes que los episodios I, II y III. Cada escena tiene su tiempo y, a pesar de que hay omisiones importantes, la trama cumple con su cometido: llevarnos por un tour visual de efectos especiales que muestran todo su poderío cuando una nave rebelde salta a la velocidad de la luz con algunos obstáculos en su camino.

La película esta diseñada de forma magistral. Los efectos visuales son simplemente increíbles, con un detalle de color y definición que impactan al espectador, más todavía si se ven en pantalla IMAX. La saturación a los sentidos es inigualable. Muy recomendable tanto para duros fans como para gente que apenas va a probar las aguas, ya que el atractivo visual de estas entregas recientes no tiene comparación con nada que hayamos visto antes. Incluso comparadas con la trilogía de los episodios I, II y III, supervisada por George Lucas, cuyo gran defecto fue que se distanció tanto de las originales que parecían venir de una saga distinta. El verdadero logro de la dirección de arte que maneja Disney es que los episodios VII, VIII y Rogue One lucen novedosos, cargados de efectos digitales, pero con los tonos, texturas y diseños similares a las películas originales. Todo es nuevo y a la vez muy familiar. Es un equilibrio complicado, pero impecable en estas cintas.

Los efectos no son el único atractivo visual. Las locaciones que se usan en la cinta nos recuerdan que las pantallas azules y verdes crean cosas impensables, pero todavía se quedan cortas frente a algunas maravillas naturales. Las islas donde Luke vive exiliado son de una majestuosidad innegable. Aunque también se puede argumentar que el mejor de los mundos es un punto intermedio. El desierto de sal, en el que se enfrentan los rebeldes a la Orden, le da a la película algunas de las postales más memorables.  El salar de Uyuni, en Bolivia, es un escenario magistral para un momento culminante de la historia y el contraste del blanco con el rojo, creado digitalmente, pinta una imagen abrumadora.

Algunas criticas rápidas son necesarias, porque claro que la cinta tiene varios defectos. El más grande también es su mayor atributo: la persecución de la nostalgia. Tratando de capturar la emoción de viejos tiempos, la narración a veces tiene un parecido casi vergonzoso con sus predecesoras y, algunas escenas, son prácticamente calcas de otras que vimos en El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi. Se criticó mucho al episodio VII porque la trama era muy similar a Star Wars: Una Nueva Esperanza y, viendo Los Últimos Jedi, queda claro que no es un error, sino una característica central de las entregas recientes. En particular, hay una escena en la sala de trono de Snoke, el nuevo Emperador, perdón, Lider Supremo, con paralelos imposibles de ignorar.

También hay algunas escenas donde los alcances de la Fuerza se van acercando más a la magia que a una disciplina guerrera. El uso de la Fuerza siempre es irreal, pero en sus orígenes se planteaba como un arte marcial, algo que se llegaba a dominar con dedicación y sacrificio. Episodio VIII se aleja por completo de ese concepto. La Fuerza es más bien un truco de mago que puede romper las reglas de la realidad. Tal vez es demasiado pedirle rigidez a algo que es pura fantasía, pero me gustan los mundos creados que se atienen a ciertas reglas para hacer más verosímil la invención.

Aparte de esos detalles, Star Wars VIII: Los últimos Jedi es una cinta muy disfrutable y vale la pena soportar las colas que generará estas vacaciones navideñas para verla.

 

Mateo Aguilar

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