Civilización y barbarie en la Cineteca y Netflix

La Muestra número 63 de la Cineteca Nacional presenta películas premiadas en Cannes, Berlín o San Sebastián. También se aborda la paternidad y la extrañeza.


El viernes 17 arrancó la Muestra número 63 de la Cineteca Nacional: el ciclo dentro del cual se presentan películas premiadas en Cannes, Berlín o San Sebastián que después se trasladan, a través del Circuito Cineteca, a otros estados.

Por ahí estará The Square, la Palma de Oro de este año; El otro lado de la esperanza, la nueva de Aki Kaurismäki; 120 Latidos por minutode Robin Campillo, Good Time de los hermanos Safdie, o Una bella luz interior, de Claire Denis: una película tan francesa que la inspiración para el guión es un libro de Roland Barthes, Juliette Binoche es la protagonista y la trama gira alrededor de la vida amorosa de una artista divorciada en París.

La recomendación es, por supuesto, ver las catorce películas. Pero si todo falla y usted sólo tiene tiempo o voluntad de ver dos, váyase por Zama y Western, donde el margen para la decepción es muy pequeño.

Luis Madrigal
Periodista mexicano.


Zama
2017
Directora: Lucrecia Martel.
Guionista: Lucrecia Martel basada en la obra de Antonio di Benedetto.
Elenco: Daniel Giménez Cacho, Lola Dueñas, Matheus Nachtergaele

Lucrecia Martel (La ciénagaLa mujer sin cabeza) es la autora detrás del autor, en esta adaptación de la novela de 1956 de Antonio di Benedetto. Don Diego de Zama (Daniel Giménez Cacho), un funcionario virreinal en el Paraguay del siglo XVIII, espera, como hará después el coronel garciamarquiano, esa carta; el traslado que lo llevará a un puesto de mayor prestigio, más cerca de su familia. La película es la espera, y Martel transforma el monólogo delirante en primera persona de la novela en una cámara que mira y así, de golpe, desnuda al protagonista. La voz que dicta se vuelve imagen compartida.

Con Martel, pues, vemos aquello que la novela no contaba: el pelo negro debajo de las pelucas blancas de los funcionarios, el taparrabo mal disimulado por el saco de un sirviente, la ropa elegante llena de tierra. En ningún mueble, en ninguna pared, hay referencias a la iglesia; ni una cruz, ni una virgen; la música que suena es de los Indios Tabajaras, un dúo de guitarristas brasileños que hicieron cóvers de El Cóndor Pasa. No es una película sobre la colonia: produce colonia, según ha dicho Diamela Eltit. Quizá aquello se deba a que, antes de este proyecto, Martel preparaba un largometraje de ciencia ficción. Cuando eso se cayó, volcó en Zama su visión de otro planeta.

Es una mezcla de Shakespeare, Herzog, El resplandor y Barry Lyndon y, al mismo tiempo, no es nada sino ella misma: Zama, de Lucrecia Martel. Hay tanta confianza detrás de la cámara que se eliminan personajes, se cambia la identidad de otros, se omiten por completo ciertas escenas de la novela que, en pantalla, habrían tenido una gran potencia visual —el mono ahogado, la araña que camina por el cuello—, pero sólo para ser sustituidas por otras de impacto indeleble: la turba de ciegos que camina por la selva, el plano final, sobre un río amazónico, espléndido, que podría durar diez años.

La fotografía de Rui Poças es un espectáculo con sentido. El contraste entre lo luminoso del afuera y lo oscuro del adentro es la traducción visual de la obsesión de pureza de Don Diego, arquetipo a su vez de ese tema argentinísimo: civilización contra barbarie.

El tiempo pasa, sin pistas más allá del cambio de gobernador, de la barba crecida de Zama, y el protagonista permanece inmóvil. En la novela, la composición exquisita de las frases es el narcótico con el que di Benedetto atrapa a los lectores para meterlos en la cabeza del criollo. En la película, Martel se vale del sonido para tal efecto: los diálogos a veces se escuchan dos veces, hay un zumbido que rompe el aire. Cuando alguien llama a Don Diego y el zumbido persiste, ¿lo escucha sólo él? Asumir que sí es un triunfo del lenguaje cinematográfico.

La tercera sección de la película es una joya que llega ahí donde el libro no sabía que podía. Los indios rojos que aparecen entre los pastizales, el sonido de la lluvia, ese sauna amazónico imposible, el muñón que sangra, Don Diego de Zama amarrado por el cuello a la orilla del río. Ni siquiera la corriente es capaz de llevárselo a otro lado.

Luis Madrigal
Periodista mexicano.


Western
2017
Director: Valeska Grisebach.
Guionista: Valeska Grisebach.
Elenco: Meinhard Neumann, Reinhardt Wetrek, Syuleyman Alilov Letifov

No son vaqueros sino obreros alemanes con envases de unicel los que cruzan a Bulgaria para construir una planta hidroeléctrica. Los indios, en este caso, no conocen la tecnología, pero por suerte están ahí estos forajidos con chaleco amarillo que plantan, en su campamento, una bandera alemana. Pésima idea para hacer amigos en Europa del Este. “Estamos de vuelta. Sólo nos tomó setenta años”, bromea uno de los alemanes.

El título de la película es la mejor herramienta para entender lo que Valeska Grisebach se propone: una doble deconstrucción del género: cinematográfico y masculino. A diferencia de un western tradicional, acá no hay paisajes abiertos sino montes que encierran, piedras, arbustos secos, hombres que lloran. Uno de ellos, Meinhard (Meinhard Neumann, un tipo que nunca había actuado en su vida), es el único alemán que, por las noches, baja al pueblo e intenta acercarse a los nativos, el juego a la PocahontasDanza con lobosAvatarpero con los refugiados africanos y sirios que están ahí, entre las sombras, en la frontera con Grecia.

Es una lucha de poder que se juega en distintos niveles. Meinhard se enfrenta al líder de la cuadrilla de trabajadores, un tipo detestable que acosa a una mujer del pueblo. Pero también se enfrenta a la imposibilidad de comunicarse con los búlgaros, las ganas inmensas de querer pertenecer y no saber, nunca, si ha avanzado más allá de saber decir cerveza, cigarro. La escena final hacia allá apunta: los búlgaros bailan, la música se escucha cada vez más fuerte, Meinhard está ahí, de pie: no entiende.

Luis Madrigal
Periodista mexicano.


Y fuera de la Cineteca

Los pasos de papá
(Brad’s Status), 2017
Director: Mike White
Guionista: Mike White
Elenco: Ben Stiller, Austin Abrams, Jenna Fischer

Troy (Austin Abrams) no le había dicho a su padre, Brad (Ben Stiller), que tenía posibilidades de ingresar a Harvard; pero cuando éste se entera mueve todo para acompañar a su hijo a la entrevista en Boston. Entre recorridos universitarios y pláticas con estudiantes, Brad recuerda lo que creyó que iba a lograr como adulto y cómo su vida no se parece nada a lo que imaginó. Esta película, presentada en el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y que incluye una muy buena interpretación de Ben Stiller, conmueve con un personaje con el que resulta fácil identificarse: un hombre que trazó una idea sobre su futuro, pero que en plena crisis de mediana edad debe adaptarse y aceptar su actual status. Agridulce pero muy real.

Mariana Mijares
Crítica de cine.


Alias Grace
2017
Dirección: Mary Harron
Guión: Sarah Polley y Margaret Atwood (basado en Alias Grace de Margaret Atwood)

Elenco: Sarah Gadon, Edward Holcroft, Zachary Levi, Kerr Logan, Stephen Joffe,Rebecca Liddiard, Will Bowes, Michael Therriault, Sylvia Zuk, Diane D’Aquila, Scott Anderson, Isaak Bailey, Noah Carson, David Cronenberg, Anna Paquin, Dave Reachill, Paul Gross.

Distribución: Netflix

La civilización no funciona si no puede reconocer al otro. Hace unos meses, Hulu estrenó El cuento de la criada, la serie distópica basada en la obra de la escritora canadiense Margaret Atwood que, a través de todas sus aristas, ponía sobre la mesa la deuda que la humanidad le tiene a las mujeres: violación de sus derechos, discriminación, dominación, muerte.

El cuento de la criada se situaba en un futuro (más actual de lo que se cree) y quizá, reconociendo otra parte de la historia, Netflix lanzaAlias Grace, una miniserie también basada en una obra de Atwood que repasa la vida de Grace Marks, una joven inmigrante irlandesa que llega a Canadá a principios del siglo XIX. Bajo la capa de una producción de época como Downton Abbey, Alias Grace hace una furiosa reflexión de la imposición de la mirada masculina sobre los aciertos y desaciertos de las mujeres de aquella época pues, acusada de homicidio, Grace tendrá que sortear el papel como una extraña en una sociedad que se niega a escucharla.

Arantxa Luna
Crítica de cine.

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