The Walking Dead, temporada 8.
Una nueva dirección, nos guste o no

La historia de The Walking Dead parece no tener destino, pero lo que sucede en realidad es que el desenlace es un misterio.

La historia de The Walking Dead sigue su paso hacia ninguna parte. Para los que no están familiarizados con la trama, no hay mucho que explicar: Un policía cae en coma y, cuando despierta, el mundo ha cambiado. Una enfermedad misteriosa infecta a la población de Estados Unidos convirtiendo a la mayoría en muertos vivientes. A partir de ese momento, todo en la vida del protagonista, Rick Grimes, consiste en luchar por su seguridad, la de su familia y la de algunos sobrevivientes que conforman lo que se conoce en la serie como “El grupo”.

El programa revivió el concepto de apocalipsis zombi y es un éxito sin precedente en la televisión. Durante siete temporadas atrajo a una oleada de fans adictos a la insuperable tensión y suspenso que genera la lucha interminable por la supervivencia, pero poco a poco la fórmula se fue gastando. En su temporada 8 la serie ha llegado a un punto de quiebre que cambia el enfoque de la trama, de un desarrollo constante del grupo y sus motivaciones a los vaivenes naturales de una guerra.  Algunos fans no están tan felices. Personalmente no me molesta.

Dicho esto, entiendo la razón de los inconformes porque la serie pasa por un cambio radical de estilo. Los capítulos de las temporadas 6 y 7 tenían un ritmo pausado, con largos diálogos, llenos de introspección y contexto que daban un peso dramático a cada suceso. El efecto fue profundo: generó un apego emocional de la audiencia con cada personaje. Eso, aunado a la costumbre de los creadores de matar protagonistas a diestra y siniestra, proporcionó momentos de verdadera catarsis en cada temporada.

Por otro lado, la última temporada empieza con grandes secuencias de batallas entre el Grupo y sus aliados luchando contra Negan y sus despiadados Salvadores. La transición es difícil de digerir porque muchos disfrutan más del aspecto humano y solo toleran la simulación del fin del mundo para adentrarse en la vida de sus personajes favoritos. Pero sus críticos afirmaban que The Walking Dead había caído en una cansada rutina que estaba degradando la tenacidad del programa.

Los dos argumentos tienen puntos a su favor, pero sea cual sea la preferencia de cada uno, es importante reconocer que la trama necesitaba un cambio para avanzar en la historia. Los que han hecho trampa leyendo los comics de Robert Kirkman, en los que se basa la serie, tienen una idea más clara de a dónde va la narración y cuál será el destino de los personajes, pero los que acompañan al Grupo en pantalla podrían suponer que todo es una espiral interminable de conflictos entre sobrevivientes, extras con maquillaje zombi y muertes progresivamente sangrientas. La guerra provee un punto importante de inflexión.

Una guerra es por sí misma una línea que marca un antes y un después. Los personajes han llevado una vida definida por salir adelante hasta este momento, pero ahora luchan por la estabilidad de una paz posible. Todo lo sucedido los ha llevado a este punto y los ha transformado en algo muy distinto de lo que eran al inicio. La pregunta es si, en su metamorfosis, no han cambiado demasiado.  En el segundo capítulo de esta temporada, titulado “The Damned”, en un flashback, Morgan recuerda una conversación con Rick: “Tenemos que ir por ellos antes de que ellos vengan por nosotros. No podemos dejarlos vivos”. Esas frases marcan el cambio del Grupo, el momento en que pasaron a la ofensiva y, sin saberlo, pusieron en marcha el conflicto que estamos viendo. Hemos llegado a una encrucijada, a un impasse en el que la misma alma del Grupo esta en juego.

La guerra será la prueba de fuego y al terminar la misma, sea o no el final de la serie, habrá una diferencia clara.

La primera línea de este texto sugiere que la historia no va a ninguna parte. Parece ser una critica, pero no lo es. The Walking Dead es una historia del fin del mundo, por lo que podría estar plagada de los clichés característicos de dichas historias: tragedia y muerte hasta que un héroe encuentra la cura milagrosa o el arma para destruir la amenaza, pero eso no está en las cartas. La historia parece no tener destino, pero lo que sucede en realidad es que el desenlace es un misterio. Eso es precisamente lo que la separa del resto. No hay una solución simple ni tajante, pero todas las historias deben terminar. La guerra de esta temporada es un paso importante hacia ese final.

Mateo Aguilar Mastretta
Director comercial de nexos.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.