Habladurías que venden: Cuando conocí al Chapo de Kate del Castillo

La serie documental sobre el escandaloso encuentro entre Kate del Castillo, el Chapo y Sean Penn es una puesta en escena que victimiza a la actriz mexicana y da su propia versión de los hechos. Esta nueva aportación a la historia, muy telenovelesca, abona a la construcción de un personaje que, entre realidad y ficción, pretende enfrentar las injusticias del gobierno y la sociedad mexicanas, no sin contribuir, claro, al comercio de su propia imagen.

El pasado 20 de octubre, cuando pensábamosmos que la historia entre Kate del Castillo, Sean Penn (por algunos llamado el enfant terrible del glamoroso Hollywood) y el ahora encarcelado Joaquín “El Chapo” Guzmán se había estancado en la denuncia que realizó la actriz el pasado junio ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en Washington D.C.) contra el gobierno mexicano por violar sus derechos, Netflix decide darle amplio espacio a Kate para divulgar su versión e interpretación. Un capítulo más se añade a esta cochambrosa historia.

El documental Cuando conocí al Chapo. La historia de Kate del Castillo, de casi 4 horas, dividido en tres capítulos, sirve efectivamente los intereses personales de la actriz en torno a los hechos que ahora la tienen con el temor de no poder regresar a México. El material contribuye a la construcción de un tipo de personalidad del enunciador: su infancia-adolescencia como niña “rebelde”, sus primeros éxitos, la supuesta vocación infranqueable con el beneplácito y advertencia de su señor padre, el también actor Erick del Castillo quien le vaticina que no será feliz en el amor; el apoyo de amigos y conocidos incluida la defensora de derechos humanos y periodista Lydia Cacho a quien vemos solícita a más no poder, al grado de tomar el primer avión a Los Ángeles cuando su amiga Kate así se lo pide.

En primer lugar, se nos cuenta que la actriz fue objeto de distintas traiciones, comenzando por la de Sean Penn —con quien tuvo un affaire. La traicionan también los amigos del actor que pudieron eventualmente haber dado información al gobierno de los EE.UU, con el riesgo de que —todo en un terreno hipotético— este último se la transmitiera al gobierno mexicano para seguir a los actores cuando estaban en territorio nacional.

Otro componente del relato es la fuerte disputa de la actriz con las altas esferas del Estado, por ejemplo, con la actual primera dama Angélica Rivera a quien Del Castillo desmiente: no es posible vivir de la exclusividad de Televisa, lo cual busca destruir el argumento de los ingresos para adquirir la famosa “Casa Blanca” que tanto minó la credibilidad de la familia presidencial y estaría en la base de la animadversión hacia Del Castillo. Ello reforzaría esa especie de revancha del actual régimen debido a la humillación que supondría haber dejado que el Chapo escapara, por segunda ocasión de una prisión, mientras dos actores podían establecer contacto con él sin problema alguno.

Así este documental no solo nos permite acceder a la versión de Kate de los hechos en torno al encuentro con el Chapo y el contexto de la entrevista publicada en la revista Rolling Stone, sino que hace un ejercicio de victimización dentro de códigos de visualidad particulares donde no sabemos (¿o si?) si la actriz relata o, más bien, actúa, como parece sugerir el montaje central del testimonio: ella sentada frente a una mesa, en un escenario negro, en procesos donde la cámara no está solamente frente al narrador, sino que se mueve y genera una atmósfera, sobre todo en ese cuarto oscuro por momentos teatral, como si estuviéramos escuchando el monólogo de un personaje. Nunca vemos entrevistador o interlocutor a las respuestas, comentarios o reacciones de Del Castillo.

De manera adicional, Kate Del Castillo se construye como alguien de buena fe, interesada por apoyar originalmente a Sean Penn, quien ha tenido contacto con Oliver Stone para filmar una película sobre El Chapo. Conforme avanza el documental aparecen los problemas que implicaron el falseamiento en el texto de la “entrevista” que Penn entregó al editor de la revista Rolling Stone, con respecto a detalles de hechos que se modificaron: las supuestas flores que el Chapo le mandó a Kate, o el cruce por un retén militar para añadir dramatismo al relato de los actores en su encuentro con el capo.

Este documental parece ofrecer elementos que podrían ser el guión de otra serie, donde un personaje (Kate) enfrenta traiciones y amenazas, como lo vemos de hecho en Ingobernable, donde Del Castillo hizo el rol de primera dama, y atestiguamos a la maquinaria del poder queriendo incriminarla de haber matado a su marido (quien por otra parte, tiene parecido físico y escénico con el actual presidente). No resulta casual que Ingobernable aparezca metareferida en este documental: una especie de auto-publicidad en la que Del Castillo, si comparamos varios de sus trabajos, parece erigirse en un personaje-tipo, de situaciones y causas de confrontación con los poderes establecidos; ella convertida en una especie de fémina aguerrida y valiente a la manera de “Teresa Mendoza”, personaje que interpretó también en el que quizá sea su trabajo más famoso, La reina del sur, telenovela transmitida por Telemundo en 2011. “Teresa Mendoza” y la actriz parecen desde entonces consolidarse como iconos de la narcocultura audiovisual con aires reivindicativos de mujeres empoderadas y líderes de carteles o grupos mafiosos. Tanto en la telenovela como en la serie de Netlifx, Del Castillo interpreta personajes que dicen querer a su pareja, ser fieles a sus valores y principios. Tanto en el documental de octubre como en la historia Castillo-Penn, su único defecto fue haber confiado en quien era su amigo, y quien de hecho no quiso dar su versión para el documental dejando por supuesto el halo de sospecha contra Penn en los hechos o situaciones que se le imputan.

Aparte de la información que nos da el documental sobre el comentadísimo encuentro Penn-Castillo-Chapo, estamos claramente ante una puesta en escena a través del discurso audiovisual del documental, donde asistimos al show de la victimización de Del Castillo. Esto nos lleva a preguntarnos si no estamos también ante una actriz dispuesta a seguir en las escenas (ficcionales o no) a costa de cualquier escándalo al que pudiera aplicarse, en este mundo espectacular y espectacularizante, el famoso dicho: que hablen bien o mal de mi…, pero que hablen.

Tanius Karam
Profesor de comunicación en la UACM.

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