El centro de Joan Didion

Recién estrenado en Netflix, el documental Joan Didion: The Center Will Not Hold retrata la vida de esta figura imprescindible de la escena intelectual americana. A continuación, el escritor Iván Ríos Gascón realiza su personal homenaje a la escritora y periodista.

“Me llevaron hasta el box cerrado con cortinas en el que John ya descansaba solo. Me preguntaron si quería un sacerdote. Dije que sí. Vino un sacerdote y le dio la extremaunción. Le di las gracias. Me dieron el clip de plata en el que John guardaba su carné de conducir y las tarjetas de crédito. Me dieron el dinero que llevaba en el bolsillo. Me dieron su reloj. Me dieron su móvil. Me dieron una bolsa de plástico con su ropa. Les di las gracias. El asistente social me preguntó si podía ayudarme en algo. Le dije si podía ponerme en un taxi. Lo hizo. Le di las gracias. ‘¿Lleva dinero?’, preguntó. Yo, la mujer entera, dije que sí. Cuando entré en el apartamento y vi la chaqueta y el pañuelo de John en la silla sobre la que los había dejado cuando regresamos de ver a Quintana en el Beth Israel North (el pañuelo rojo de cachemir, la cazadora de Patagonia que había sido la chaqueta del equipo de la película Íntimo y personal), me pregunté hasta qué punto me permitirían no ser una mujer entera. ¿El colapso nervioso? ¿Necesidad de calmantes? ¿Gritar?”… Esas son las primeras horas de duelo que Joan Didion relata en El año del pensamiento mágico, verdaderamente las primeras, porque conforme pasa el tiempo en aquellas páginas en que la escritora y periodista estadounidense no solo relata la perplejidad de una mujer que se queda repentinamente sola sino que reflexiona sobre las múltiples dimensiones de la muerte, el luto invade la piel de sus lectores.

30 de diciembre de 2003. Joan Didion y su esposo John Gregory Dunne, también escritor, volvieron a casa tras la visita que le hicieron a su hija Quintana Roo en el hospital. Joan le sirvió un escocés a John y se ocupó de preparar la cena. De pronto, la conversación se interrumpió. John estaba en el suelo, inconsciente. Así lo cuenta ella misma en el documental Joan Didion: The Center Will Not Hold, de su sobrino, el también actor Griffin Dunne (recordado por su actuación en An American Werewolf in London, dirigida por John Landis en 1981, pero sobre todo por After Hours, realizada por Martin Scorsese en 1985), biopic que captura un retrato exacto de esa pareja emblemática de los años 1960, 1970 y 1980: la aguda articulista de Esquire, Life, The New York Times y The New York Review of Books y el dramaturgo y narrador de origen irlandés, fueron el paradigma de los matrimonios intelectuales más exitosos (por perdurables) en el mundillo de la literatura y la farándula norteamericana: ella y sus novelas Según venga el juego, Una liturgia común o The Last Thing He Wanted, elogiadas por escritores como David Foster Wallace o Bret Easton Ellis; él con su trilogía conformada por True Confessions, Dutch Sea Jr y The Red White and Blue, con la que plasmó la ruda cotidianidad de los inmigrantes irlandeses en el siglo XX americano; ella con el guión que hizo para la propia adaptación de un libro de su esposo (True Confessions); él con las múltiples anotaciones (que no enmiendas) a los textos de Joan; ella con sus guiones: desde su debut con The Panic in Needle Park, dirigida por Jerry Schatzberg y protagonizada por Al Pacino, Joan mantuvo una conexión constante con el cine hasta la década de los años 90; él con sus crónicas puntillosas en el Saturday Evening Post. Ellos trabajando en conjunto: el guión basado en el libro de ella, Según venga el juego (Frank Perry, 1972), y el de Íntimo y personal (Jon Avnet, 1996).

Ella y su negación, su pensamiento mágico: “Era ya pleno verano, unos meses después de aquella noche en la que necesitaba estar sola para que él pudiera volver, cuando fui capaz de reconocer que había habido momentos durante el invierno y la primavera en los que había sido incapaz de pensar racionalmente. Pensaba como los niños pequeños, como si mis pensamientos y deseos tuvieran el poder de alterar la narración, cambiar el desenlace. En mi caso, este desorden del pensamiento había permanecido oculto, creo que invisible para los demás, oculto incluso para mí misma: pero visto retrospectivamente, había sido apremiante y constante. Visto desde aquí, me doy cuenta que había habido señales, llamadas de atención que tendría que haber percibido. Por ejemplo, el caso de las necrológicas. No podía leerlas. Me sucedió el 31 de diciembre, fecha en que aparecieron las primeras, hasta el 29 de febrero, la noche de los Óscar de 2004, y cuando vi una fotografía de John en el montaje In Memoriam que hace la Academia. Al ver la fotografía me di cuenta de por qué las necrológicas me habían alterado tanto.

“Había permitido que otra gente pensara que estaba muerto.
“Había dejado que lo enterrasen vivo.”

Charles Bukowski decía que lo que más le entristecía era ver los zapatos de la gente muerta, y quizá es por eso que Didion preservó el centro de su ser, de su existencia, conservando la ropa y los zapatos de John Gregory Dunne, aunque no pudo hacerlo con las cosas de su hija Quintana, quien murió poco después, el 26 de agosto de 2005. Para no olvidarla, Didion escribió Blue Nights, especie de apostilla a esa grave meditación sobre el luto y la soledad que es El año del pensamiento mágico, una obra que se parece tanto, pero tanto, a la autobiografía que Mark Oliver Everett, líder de la banda Eels, escribió bajo el título de Cosas que los nietos deberían saber, y no porque a Oliver Everett también se le murieron repentinamente su hermana y su madre, figuras que lo sostenían emocionalmente en este mundo, sino porque la constante relación que ha tenido con la muerte le hace imaginar su propia historia como una casa vacía con la moqueta y los muros manchados. Y es por eso que Oliver Everett suele decir: “Vivir un día más siempre me ha parecido un éxito”. 

Iván Ríos Gascón
Escritor. Entre su obra destaca la novela Luz estéril y el libro de relatos Broadway Express.

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