Un miedo distinto.
5 películas de terror fuera del mainstream

El cine de terror es quizá uno de los más explotados en la industria; desafortunadamente, cada vez hay menos películas que valgan la pena. El género parece ahogado y carente de imaginación ante dinámicas que lo han condenado a ser un medio que solo logra el espanto por medio de cambios bruscos de decibeles o imágenes que aparecen de la nada. La fórmula está gastada y, ante el poco cuidado y la sobrexplotación de recursos, su poder parece desdibujarse.

Sin embargo, hay propuestas que en los últimos años han logrado aportar algo al género yendo contra el canon. A continuación, cinco películas de la última década (casi todas ópera prima) que se ubican fuera del mainstream.


Un zombi distinto
(Halley, México, 2013, dir. Sebastián Hofmann)

Halley se centra en la vida de Alberto, un guardia de seguridad bastante delgado y con mal aspecto, que descubre que más que estar enfermo está muerto en vida. En esta cinta, Hofmann retoma el mito del zombi para revestirlo con un velo existencialista, y desde ahí lanzar varias preguntas filosóficas y terroríficas sobre lo que significaría ser un “no muerto”. 

En Halley asistimos a las dubitaciones de Alberto, que preocupado por su olor a carne descompuesta y su mal aspecto, se interroga por lo que significa estar vivo mientras observa incrédulo a varias personas ejercitarse (en el gimnasio que cuida) sin que estas tengan (aparentemente) la más mínima duda existencial: ¿Quién está realmente vivo: él, que habita un cuerpo en descomposición pero que en términos intelectuales está intensamente vivo; o ellos, cuya existencia está atada a lo meramente fisiológico pero sin ningún examen de conciencia?

Aquí la figura del zombi rompe con el canon, y esa superación de la muerte a través de la vida misma se muestra como aquello que Kierkegaard llamó enfermedad mortal. La verdadera enfermedad no es la muerte, sino saber que se está condenado (bajo un estadio cristiano) a vivir para siempre. Pesadilla que solo desde lo pagano puede ser repensada en la imagen del zombi.

Una interesante propuesta que da pie a diferentes interpretaciones, y que sin necesidad de recurrir al arquetipo cinematográfico del zombi, logra generar terror y a veces repulsión por la mera fotografía, que es muy cuidada.


Alejados de Dios
(The Witch. A New-England Folktale, EE UU, RU, Canadá, Brasil, 2015, dir. Robert Eggers)

Probablemente el mejor escenario para imaginar el mal es al interior del cristianismo: solo desde ahí se puede pensar el peor de los castigos, el que se sufrirá por el resto de los tiempos. Es bajo la idea de Dios que pensar en su desamparo sería la experiencia más atroz. Como pagano, sé que lo que haga no tendrá consecuencias. Como cristiano, sé que pagaré por todo una vez que muera.

The Witch sucede en el seno de esa cosmovisión. Es un relato inscrito en la religión que sin mayor uso de efectos especiales o monstruos, ataca desde la mera narrativa para construir una historia de lo que significaría estar alejado de Dios y estar continuamente cercano a la tentación del pecado, pues ahí donde no está el gran Otro, hay espacio para que el mal, en este caso la bruja, se presente. El mal es la ausencia del bien.

La historia se sitúa en Nueva Inglaterra en el siglo XVII, y nos deja ver la vida de una familia que es desterrada de un pueblo debido a la soberbia con que el padre practica y vive su fe: cree conocer mejor la palabra y las leyes divinas que los mismos sacerdotes. Sin casa, se establecen en el bosque (lugar mágico abierto a la fantasía), donde comienzan una granja, pero desde su llegada a ese sitio que parece punto ciego a Dios, todo comienza a empeorar. La bruja se roba al menor de los integrantes de la familia, Sam, un bebé que no está bautizado y que seguramente irá al purgatorio. Ese es solo el inicio de una tragedia que a pesar de todas las plegarias y buen comportamiento de la familia liderada por William, no parará. El patriarca parece aquí un descendiente de Job que habla a Dios y este, aunque escucha, permanece indiferente.


El sexo maldito
(It Follows, EE UU, 2014, dir. David Robert Mitchell)

It Follows es una película de terror adolescente. Su principal objetivo son los jóvenes WASP (White Anglo-Saxon Protestant) a quienes busca aterrorizar, por supuesto, desde sus creencias religiosas.

La premisa de la que parte la cinta es bastante sencilla incluso a nivel simbólico. Hay una maldición que solo se contagia a través del sexo. En cuanto te vuelves portador de esta, comenzarás a ver fantasmas que vienen detrás de ti para matarte. La única solución es tener más sexo, pues la maldición sigue una cadena. Los fantasmas van detrás de la última persona contagiada.

Por supuesto, no hay nada realmente ingenioso en el tema y el paralelismo parece obvio: la maldición juega un símil con el Sida o con alguna enfermedad de índole sexual. Aun así, la cinta logra atacar y atemorizar. Los fantasmas son los padres, la Iglesia, la sociedad ortodoxa que con mirada clásica, condenan a los jóvenes por mantener relaciones antes del matrimonio. Y aunque todo esto pueda parecer una tontería, los elementos están bien puestos en escena y se logra una cinta completa que a la vez que juega con temores reales que habitan dentro de ciertos grupos de jóvenes, desenmascara cínicamente el terror característico del cine norteamericano donde el mal generalmente aparece para reprimir la sexualidad.


El miedo de una madre
(The Babadook, Australia, Canadá, 20014, dir. Jennifer Kent)

Amelia vive sola con su hijo Sam. Su esposo falleció en un accidente automovilístico el mismo día que su hijo nació. Iban camino al hospital. Años después del incidente las cosas siguen sombrías en casa; nunca se menciona al padre de Sam, y el niño se ha convertido en todo un caso debido a su mal comportamiento. Amelia vive en un estrés constante ante la conducta de su hijo y el trabajo, al que tiene que faltar regularmente para atender a su hijo, que de pronto entra en crisis. Ama a Sam pero el agobio se le nota en su semblante.

Un día, antes de dormir, Amelia comienza a leer un cuento a su hijo.  Se trata de The Babadook, una historia que habla sobre un monstruo que se hace notar siempre con un toquido de puerta y que viene detrás de las personas a quienes ha elegido. El monstruo habita en las sombras de las casas y su poder se incrementa, como lo reprimido, a manera que se le niega. Ante el miedo que la recorre en la lectura, Amelia apresura la conclusión y cierra el libro. Sam presagia que ya es demasiado tarde. Ha visto al Babadook en la casa y teme por ella.

El resto es una mezcla que juega entre lo simbólico a lo real al combinar el terror sobrenatural con los temores que a diarios nos recorren. A pesar de recurrir a elementos clásicos del género como apariciones, monstruos y sonidos, aquí todo está orientado a buscar una lectura más allá de lo aparente. La entidad sobrenatural es solo una forma de simbolizar los temores de Amelia como madre y la imposibilidad de hacer frente a la perdida de su esposo. 


La que tal vez no es
(Ich seh, Ich seh (Goodnight mommy), Alemania, 2014, dir. Veronika Franz y Severin Fiala)

Elías y Lukas, gemelos, viven con su madre a las afueras de la ciudad. Ella se ha sometido a una cirugía facial y recién ha regresado a casa. El problema, para los gemelos,  es que ha regresado con la cara vendada. Ahí donde está la figura materna, no hallan un rostro que la represente y la valide. ¿Cómo puedo saber que verdaderamente esa persona es quien dice ser? ¿Cómo estar seguro que debajo de las vendas está mi madre? Al no encontrar las huellas del rostro conocido, de la familiaridad, la red de significantes se desmorona.

Los gemelos, escépticos de que genuinamente sea su madre, comienzan a evaluarla con base en los recuerdos ficcionarios que de ella tienen. Por su puesto la madre falla, y con el poder que representa termina por castigar fuertemente a uno de ellos, prueba definitoria para él de que alguien la ha reemplazado.

Si bien es cierto que Goodnight mommy puede llegar a pecar de violencia visual innecesaria en el contexto de la historia, también es verdad que está bien construida, situada, y que obliga al espectador a someterse al mismo juego que los gemelos: el problema de la apariencia y de la interpretación.

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