El viñedo que nos une o la universalidad del drama familiar

Ce qui nous lie / El viñedo que nos une
Director: Cédric Klapisch
Guión: Cédric Klapisch & Santiago Amigorena
País: Francia
Elenco: Pïo Marmai, Ana Girardot, François Civil
Año: 2017

“La sangre es más espesa que el agua” dice un conocido refrán popular que expone así la prioridad de los deberes familiares sobre los compromisos sociales o, incluso, morales. Casi todas las sociedades en el mundo abrazan este precepto fundamental y amenazan a aquél que las incumpla con el escarnio público, la expulsión y, añadido judeo-cristiano, todo el peso de la culpa. El Viñedo que nos une presenta la historia de Jean (Pïo Marmai), un hombre que regresa a su natal Borgoña, después de diez años de viajes y peripecias, para ver a su padre, quien se encuentra al borde de la muerte. Esta parábola del hijo pródigo se rompe cuando, solo unos días después del regreso de Jean, su padre fallece dejando muchas preguntas sin respuesta y grandes dudas con respecto al futuro de los viñedos que manejaba con la ayuda de sus otros dos hijos Juliette (Ana Girardot), y Jérémy (François Civil).

Así pues, Jean y sus dos hermanos deben afrontar las vendimias que se aproximan, y para ello tendrán que reconstruir su relación fraternal y solucionar los problemas escondidos por el paso del tiempo y la larga ausencia del primogénito.

Francia y el cine de viñedos

A pesar de abordar con sencillez un argumento bastante clásico (el legado familiar /el hijo pródigo) la cinta de Cédric Klapisch se inserta de forma original en el cine de viñedos o film de vignobles. En este género se elogian los valores patrimoniales, se trata la cuestión de la herencia cultural y territorial transmitida de generación en generación por medio de la tradicional producción vinícola. Asimismo, abundan las escenas de degustaciones de vino —un marco competitivo y teatral—, las cosechas —cuadro que exalta el romanticismo del trabajo bucólico— y la exploración del fascinante proceso de vendimias. Dentro de la cinematografía francesa, el cine de viñedos tiene precedentes importantes como Les vignes du seigneur (Jean Voyer, 1958), Tu seras mon fils (Gilles Legrand, 2011) y Les premiers cruz (2015), películas que Klapisch ha sabido honrar con su más reciente producción.

Klapisch: un director de culto

Uno de los rasgos típicos del cine de Kaplisch —que podemos identificar en otros filmes suyos como Paris (2008) o La amenaza joven (1994)— no falta en El viñedo que nos une: el conflicto central se desarrolla en torno a un mismo problema que involucra directamente a un grupo, y la realización del problema central supondrá también la resolución de los conflictos individuales. En consecuencia, la búsqueda interna de Jean sobre su destino y el futuro de su mujer y su hijo, no se puede desligar del problema de sucesión de la propiedad que lo une con sus hermanos y sus recuerdos de infancia.

La sutilidad del cineasta y guionista francés se percibe sobre todo en el equilibrio con el cual abarca diversos registros del discurso (popular / sostenido, familiar /amical, romántico /cómico) oscilando con justicia entre lo superficial y lo profundo. Sus estrategias de narración resultan simples (el uso de flashbacks y su intromisión en situaciones del tiempo presente) pero están muy bien dosificadas y son acordes al tema de la búsqueda de identidad. Los seguidores de Klapisch recordarán sus mejores punzadas de humor gracias a las sencillas pero eficaces estrategias de polifonía teatral: varias secuencias en que un grupo de personajes observa otro grupo de personajes interactuar a lo lejos y juega a adivinar lo que estos dicen, agregando una dosis cómica y haciendo de los espectadores sus cómplices.

 

Camilo Rodríguez
Twitter: @Cajme

Deja un comentario