Moonlight: vida y fragilidad

Luz de luna (E.U.A., 2016)
(Moonlight)
Director: Barry Jenkins
Género: Drama
Guionistas: Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney
Elenco: Mahershala Ali, Shariff Earp y Duan Sanderson

Moonlight (Barry Jenkins, 2016), cinta ganadora al Oscar a mejor película, es una construcción que posibilita un vistazo a la vida de esas subjetividades que no han encontrado cabida en una industria mayoritariamente blanca. Al decir esto pienso en la serie The Wire (2002 – 2008), que en su momento permitió a su vez escuchar la forma en que se hablaba y relacionaba la gente en los suburbios de Baltimore. La serie, a manera de metáfora de expansión, permitió al público adentrarse en un modo de vida de la gente que habita precariamente estos lugares. La policía no estaba trastocada por un halo ético, ni los maleantes estaban exagerados. 

De forma similar, Moonlight nos acerca a un mundo que, aunque lo hemos visto en repetidas ocasiones en el cine (por ejemplo: Dangerous Minds, 1995), intenta recrearlo desde una postura realista. No hay malos completamente malos, ni héroes enteramente positivos. Como humanos y apelando a un juicio teológico: somos ante todo pecadores, que en términos seculares por supuesto significa que no estamos exentos de hacer el mal.

La historia, un completo Bildungsroman, está dividida en tres capítulos que van de la mano con la edad (niño, adolescente y adulto) y formación de Chiron, el personaje principal. Un niño enclenque al que todos se refieren como 1) Little (Alex Hibbert) por su aspecto físico. Sus compañeros lo molestan. Le dicen que es gay en forma peyorativa. Él no sabe a qué se refieren con esa acusación, ni por qué se lo recriminan. Su madre (Naomie Harris) casi nunca está en casa. Es una adicta al crack que mete a diferentes hombres al hogar (Jenkins ha declarado que su madre también fue adicta y que de hecho él creció a una cuadra del departamento donde se filmó la película). Chiron está desamparado y el único refugio lo halla en Juan (Mahershala Ali), un dealer que lo encontró en la calle y lo salvó de ser golpeado por otros niños. Chiron no habla, es desconfiado y temeroso. Juan y su novia Teresa son los únicos que lo ven en este mundo y que lo tratan con dignidad, como niño.

Los otros capítulos 2) Chiron y 3) Black son el resultado de las decisiones que Chiron va tomando dependiendo del contexto y de cómo lo aprisiona la situación. Sin entrar en pormenores, en el segundo capítulo Chiron está en secundaria (Ashton Sanders) y es violentado por un compañero de clases que lo juzga (nuevamente) por su sexualidad, su físico y su temperamento. Se enamora de su mejor (y único) amigo, pero en un punto de quiebre, toma una decisión que lo manda a la cárcel. Para el tercer capítulo nos encontramos con un Chiron adulto (Trevante Rhodes), con cuerpo musculoso, placa de dientes y que trabaja de dealer. Con aspecto hosco y de matón, ahora es una persona a quien teme la gente. Se refieren a él como ‘Black’. Ya no es el niño al que todos intimidaban, sobajaban y ofendían por sus preferencias, que ahora parecen ocultas detrás de esa estereotipada apariencia de masculinidad. En el mundo que le tocó vivir, sólo logró hacerse respetar mediante la violencia: en ese mundo de lobos, la única forma de ser cordero pareciera la inversa de la imagen caricaturesca del lobo disfrazado. Por supuesto el argumento es más rico que como aquí lo dibujo. Jenkins logra calar con la construcción del contexto y con la historia de Chiron como un ángel caído: no era un tipo malo, pero el contexto lo arrojó a esa forma de vida. Y esto no es una justificación sino una crítica a políticas y formas de vida que condenan a ciertos individuos a vivir en las sombras.

No es que Moonlight sólo sea una película sobre un niño negro gay y sobre cómo tiene que lidiar con la recriminación del estrato social que le tocó. Es una historia que se adentra a profundidad en ciertos tipos de vida que han sido negados de las pantallas, y que al ser desplazados se han vuelto invisibles. El tratamiento es horizontal respecto a la negritud: hay buenos y malos, adictos y no adictos (todos somos humanos) y están ahí en un Miami que no es el mismo que vemos —por ejemplo— en There’s something about Mary (Peter Farrelly, Bobby Farrelly, 1998). Los personajes de Moonlight habitan un Miami que ha sido marginado porque no es análogo a una estética de goce sino de precariedad. Y sí, es importante en la historia que Chiron sea gay, pero el director es extremadamente fino para tratar este asunto: el morbo está ausente, no hay escenas explícitas porque la intención es más profunda. La intención no es sólo evidenciar la laceración que puede sufrir un niño a causa de su sexualidad sino evidenciar la fragilidad humana: cómo hay cosas que nos marcan para siempre y cómo hay otras que siempre vamos a necesitar por más que intentemos construirnos armaduras que imposibiliten el embate del otro; sueños terribles que nos harán despertar porque la realidad es menos dura.

Moonlight es la primera película con un elenco enteramente negro. No es cosa menor y tampoco la única virtud de la cinta. Anímicamente es conmovedora y, claro, es mucho el mérito de la cinematografía a cargo de James Laxton. No me atrevo a decir que era la mejor película nominada a mejor cinta, más pareciera que el hecho de haberla elegido como ganadora fue más una cuestión política que estética, por el ascenso de Trump a la presidencia y sus múltiples significados, pero recordemos también que, como mencionó Walter Benjamin, es ahora en la política y no en el ritual donde se haya el fundamento del arte.

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