George Clooney, hazme descendientes

La semana pasada me metí en aprietos conyugales al decir que envidiaba a George Clooney por: a) ser actor, b) director, c) productor, d) activista social, e) dueño de una mansión a la orilla del Lago di Como, en Italia, y, f) soltero. Este adjetivo casi me causa la soltería fulminante y no deseada.

Clooney es uno de mis grandes e invencibles rivales. El otro es un tal Johnny Depp. Algo tienen –de lo que probablemente yo carezco, estoy escaso o no soy pródigo– que hace a las mujeres a mí alrededor suspirar.

Esperaba con ganas Los descendientes. La esperaba porque disfruté mucho el bouquet de Sideways (Entre copas, 2004) la cinta que me presentó al director estadounidense Alexander Payne. La esperaba, también, para ver la actuación del canoso galán, que compite por el Óscar al mejor actor con Brad Pitt, Gary Oldman, Jean Dujardin y Demian Bichir.

El éxito de Los descendientes radica en su tono: una comedia que a cada rato te presenta situaciones agrias, relevantes, y se mueve sin pedir permiso, sin pena, con soltura, por lo trágico y lo melodramático. Clooney es aquí Matt King, un abogado y terrateniente que vive en Hawaii y debe encarar el coma de su esposa tras un accidente, lidiar con sus dos hijas (otra manera de decir: conocerlas con la profundidad que no se ha permitido), afrontar la dolorosa revelación de una de ellas y acordar con sus primos la venta de un extenso y rentable territorio en el mismo Hawaii.

King no es un malogrado activista gay (como el Harvey Milk de Sean Penn), ni un rey tartamudo (como el Jorge VI de Colin Firth), pero es un padre de familia en situación límite y eso puede pesar entre los jueces de la Academia. Clooney alcanza notables registros cómicos y dramáticos. Hace reír y quizá hasta llorar.

Lo que Payne conseguía muy bien en Sideways, en la Tierra del Vino californiana, lo replica en The Descendants (basada en la novela debut de la escritora Kaui Hart Hemmings) con una maestría que invita a seguir su carrera: tomar un hábitat, una geografía -con todo y camisas floreadas, ukelele y tonadas lánguidas- y colocar a un puñado de personajes en instantes de trascendencia y significación chejoviana.

Matt King y sus tres mujeres -esposa e hijas- afianzarán a Clooney en el nicho que le han construido sus fans (“George Clooney, hazme descendientes”, podrán suplicar ahora). La secuencia final –que no revelaremos– puede verse como el triunfo hogareño de un hombre en esencia común. El héroe posible y cotidiano que muchos individuos –feos, equis, guapos, solteros, pobres, mediomedio, ricos, casados, arrejuntados, divorciados o viudos– quisiéramos ser.  –Jordi Torre

One comment on “George Clooney, hazme descendientes

  1. Van on

    Es interesante la complejidad de situaciones que trata Payne con un humor muy particular; sin duda es al lado de Wes Anderson el director que más claro tiene el concepto de la road movie.

    Es onteresante observar la evolucion psicologica del personaje principal en cada una de sus cintas, y la necesidad de encontrar un equilibrio emocional, ya lo apuntaste bien con Giamatti en Sideways, Nicholson con Schmidt y es sobresaliente ahora el papel de Clooney.

    La resolucion de la pelicula lleva el sello Payne, te deja suspirando.

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