Paterson y la poesía de lo cotidiano

Paterson
(Estados Unidos, 2016)
Director: Jim Jarmusch
Guionista: Jim Jarmusch
Elenco: Adam Driver, Golshifteh Farahani


“… despierto por siempre en una dulce inquietud
aún, aún para escuchar su tierno respirar,
y así vivir por siempre o si no, desvanecerme en la muerte.”
—John Keats

Paterson, el personaje principal de la cinta homónima de Jim Jarmusch, es un conductor de camiones. Sus días son un cúmulo de repetición al absurdo. Todos los días despierta antes que Laura, su esposa. Le da un beso, se acurruca en ella, o simplemente pasa su mano sobre su hombro para después pararse de la cama. Antes de comenzar a conducir la ruta asignada, escribe algunas ideas o bien intenta terminar ese poema inconcluso hasta que llega el operador que, sin falta, le pregunta cómo está. Paterson amablemente responde con la misma pregunta, que de pronto tiene como respuesta la sinceridad que nadie espera al preguntarle a otra persona por su estado actual: no le va bien.

Paterson recorre su ruta una y otra vez todos los días. Lo hace en silencio, con calma, con modestia. Habitado por la soledad de estar siempre rodeado de gente ante la cuál carece de substancia. Lo disfruta. Ve los autos pasar, los semáforos, la gente cruzar la calle, y de vez en cuando se pierde en la escucha de las pláticas de los pasajeros. Esto mientras construye poemas (escritos por Ron Padgett para esta cinta) en su cabeza que, a la primera oportunidad, anida en su libreta.

Es un poeta de a pie. No hay nada excepcional en su modo de vivir o en el modo en que escribe. Es un poeta de la periferia que crea pequeños poemas en una libreta gastada de tanto uso. Escribe desde lo mundano, desde las cosas. Escribe porque le gusta y no porque viva en la espera de devenir un poeta laureado. Está conforme con ser un conductor de autobús y disfruta su vida. Disfruta sus mañanas, sus breves encuentros con personas durante su jornada laboral, observar diferentes lugares de su ciudad (Paterson, New Jersey) e ir en la noche al mismo bar de siempre por una cerveza aprovechando el paseo de su perro. Si algo lo vuelve un poeta, es el encontrar la belleza en la repetición. En lo absurdo.  En palabras de Žižek: “la monotonía es la idiosincrasia más elevada; la repetición demanda el máximo esfuerzo creativo”. Esto lo aprendimos con nuestro héroe Sísifo.

La cinta es bella por la manera en que se conjuga la poesía con la imagen, con los rostros de los ahí presentes, con las situaciones en exceso cotidianas. Por la forma en que Jim Jarmusch logra captar, por ejemplo, la sensibilidad de dos personas que, enamoradas, despiertan todos los días juntos con la certeza de tener en la cama un pequeño rastro de inmortalidad, de saberlo todo (como escribió Sabines) a pesar de ser humanos. La pareja que habita la trama, Paterson y Laura, son dos personas que terminan por enamorar al espectador. La sencillez de su trato diario, las formas subversivas y escondidas en que se dicen “te amo”. El apoyo incondicional que representa el uno para el otro a pesar de sus diferencias. La insistencia de Laura porque Paterson saque una copia (de seguridad) de la libreta de poemas. El constante recordatorio de que es un gran poeta. Los momentos en que le pide que le lea. Paterson en cambio, secunda todas las tareas cuasi condenadas al fracaso de su esposa, quien está obsesionada con pintar todo en blanco y negro. Quiere abrir una tienda de cupcakes, ser intérprete de música tejana, pintar. Paterson está ahí siendo el primero en alentarla.

Jarmusch logra con Paterson una obra que te atraviesa, que te recuerda de qué va el amor, el mundo y la poesía. Formula respuestas tácitas ante la pregunta que alguna vez lanzara Hölderlin y que retomara después Heidegger “¿Para qué poetas en tiempos de penurias?”. Pareciera también una necesidad actual el preguntarnos para qué poetas todos los días en un mundo donde la actividad parece depreciada y borrada: poesía para vivir, para pensar, para sentir. Poesía para creación de sentido, de mundo, pero también poesía como cifra política capaz de fechar pero siempre con la capacidad de sustraerse históricamente. Escribe Juarroz:

El poema salta afuera de la historia
como animal de caza
que trastornando el orden de esas capas
pone otra capa encima: lo infinito.

La película busca rendir tributo al poeta William Carlos Williams (y sobre todo a su  poemario titulado Paterson, un poema largo que va avanzando como un río, contando la vida cotidiana de sus habitantes como un reportaje), médico de profesión que en sus tiempos libres escribió poemas que terminaron por influenciar distintos movimientos y quien siempre intentó hacerlo desde un lenguaje desembarazado del intelectualismo. El resultado es sólido gracias a la sencillez de las situaciones que emulan aquello de lo que escribió el poeta. Pero también es gracias a las magníficas actuaciones de Adam Driver (quizá en su mejor interpretación) y Golshifteh Farahani que ayudan muchísimo a que el espectador se vea reflejado en esas situaciones tan íntimas, rutinarias y a la vez fascinantes. Jarmusch ha mejorado con los años y en Paterson lo demuestra. La película no es ni un mero panfleto a favor de la poesía, ni se desgasta en conflictos absurdos. Es un trabajo meticuloso que funciona sólo con lo necesario para hacer de ésta un pequeño poema que terminará por remitir al espectador a la obra de un poeta maravilloso, y también hará que más de una o uno se quede un rato en cama viendo a esa persona (si la hay) que acepta compartir la vida con otro entre tantas posibilidades.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
@ferbustos

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