Melanie: Apocalipsis Zombi. Escisión entre lo humano y lo zombi

Melanie: Apocalipsis Zombi
Director: Colm McCarthy.
Guionista: Mike Carey.
Reparto: Gemma Arterton,  Glenn Close,  Dominique Tipper.

El mundo nuevamente se ha ido a la mierda a razón de un apocalipsis zombi. Un virus, que tiene algo que ver con un hongo que se implanta en el cerebro, se ha propagado rápidamente y ha convertido a la mayoría de la humanidad en no muertos: entes que superan a la muerte a través de la vida misma. Sin embargo, como siempre, hay una esperanza de parar la zombificación y esta ocasión parece realmente viable. 

La esperanza reside en un grupo de niños, que al principio de la cinta observamos atados a sillas de sus manos, pies y cabeza, mientras atienden a clases.  Son híbridos. Son hijos de personas infectadas que nacieron con una dualidad. Pueden pensar y sentir, pero en el momento en que huelen carne humana no infectada, se convierten en depredadores que suprimen la razón. Todos ellos permanecen cautivos pues el ejército experimenta con sus cuerpos con tal de hallar una vacuna.  Al ser híbridos, al ser capaces de devorar a otras personas, no son catalogados como humanos sino como otra cosa más que escapa de esa categoría. Todos aquellos que se dejan llevar por los tres deseos destructivos del hombre: incesto, canibalismo y asesinato, están condenados histórica y culturalmente a ser vistos como salvajes, como una renuncia a lo humano. Aquí no es la excepción. Su capacidad racional no los salva del enjuiciamiento ortodoxo que sólo encuentra en ellos una esperanza para seguir viviendo y no nuevas posibilidades de existencia, nuevas subjetividades.

Dentro de este panorama se hace notar inmediatamente Melanie (Sennia Nenua). Una niña que destaca por su inteligencia y capacidad efectiva sobre el resto. Participa activamente en clase, guarda una foto de gatos debajo de su almohada, es amable con los guardias y se ha encariñado de sobre manera con su maestra, Helen Justineau, en quien podemos suponer encuentra una figura materna. 

Como es de esperarse, la base militar será sometida por los zombis, matando y convirtiendo a casi todos los ahí presentes, logrando sólo escapar un pequeño grupo integrado por Justineau, la Dra. Caldwell, el Sargento Eddie Parks, Dillon y Melanie, quienes, en busca de ayuda, se verán confrontados a diferentes escenarios bien manejados por el director, que sin duda rinde tributo a la estética de 28 Days Later de Danny Boyle.  Melanie: Apocalipsis Zombi (Colm McCarthy, 2016), podría parecer otra cinta más sobre zombis, no obstante es diferente en el tratamiento y la forma en que logra una resolución. 

Como casi todas las películas de esta temática, ésta sirve para hacer una lectura simbólica que alcanza a hacer una crítica social. En este caso, parece que se hace análogo el conflicto a uno generacional que se debate fuertemente hoy día, donde por doquier encontramos una infinidad de textos, artículos, tuits y más, que acusan a los millennials de ser la peor de las generaciones. Se les ha tachado de flojos, de incultos, desinteresados, enajenados, y la lista continúa, al tiempo que existe la sensación general de que nadie mayor de 30 años quisiera ser uno de ellos.  Y es ahí donde encontramos una similitud con la cinta. Frente a la pandemia han aparecido nuevos seres escindidos entre lo humano y lo zombi. Los humanos, la gente de antes, los ortodoxos, no quieren relación alguna con ellos, los entienden como sujetos de experimentación,  como vidas que no alcanzan el rango de vida y que entonces pueden ser aniquilados mientras la finalidad sea rescatar el modo de vida “original”. Nadie quiere ser zombi y ninguno de los adultos que alcanzamos a observar está dispuesto a integrar al campo social a estos niños. Es una lucha entre lo nuevo y lo viejo. Entre los adultos que no aceptan el cambio y las nuevas generaciones a las cuales es inevitable detener, como a los zombis o los híbridos al interior de la cinta. Punto destacable que sólo quedará en claro mientras la historia trascurre. 

El otro tema interesante que corre de forma paralela tiene que ver con la idea de la esperanza. Casi al inicio de la cinta, se ve a la profesora Justineau hablar sobre el mito de Pandora. De cómo al final lo que salió de esa caja fue la esperanza. Un regalo para la humanidad. No todo estaba perdido. Melanie escucha atenta mientras intenta hacer suya la historia. Se pregunta si hay esperanza para ella, para vivir en paz, libre, al lado de su profesora como si ésta fuera su madre. Pero si Justineau cuenta esa historia, es porque ella fija la esperanza en que algún día podrán volver a la normalidad, después de todo y aunque no está de acuerdo con los métodos elegidos por el gobierno, sabe que en esos niños habita la única posibilidad de encontrar una cura. Tanto Melanie como su profesora, aunque devanean con un futuro mejor, cada una pone su esperanza en diferentes destinos. Sin embargo no hay que olvidar que el sueño del otro siempre implica un peligro, como decía Badiou en su conferencia ¿Qué es el acto de creación?: “cada uno de nosotros es más o menos víctima del sueño de los demás”. No se puede confiar ni en el sueño ni en la fantasía del otro porque puede aprisionarnos, engullirnos. Y así como canónicamente se ha entendido a la esperanza como una virtud, no hay que olvidar la otra lectura que la acusa de ser una enfermedad. La enfermedad que sume al hombre en la espera de un futuro que no se sabe si llegará y que lo desvía de vivir el presente.

La cinta, dirigida por Colm McCarthy, es una adaptación de la novela homónima escrita por M. Carey quien aquí se desempeña como guionista. El resultado es inteligente e interesante. A pesar de ser otra película más sobre un mundo post apocalíptico habitado por zombis, el introducir a estos niños híbridos lleva la trama a nuevos territorios que se agradecen, puesto que apuesta no sólo al mundo devastado, sino a pensar qué puede haber después de esto, qué después de los zombis.

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
Twitter: @ferbustos

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