Viene de noche: el nuevo cine de terror que no alcanza ser de terror

It comes at night
(Estados Unidos, 2017)
Director: Trey Edward Shults
Producción: Animal Kingdom
Guinista: Trey Edward Shults
Elenco: Joel Edgerton, Christopher Abbott, Carmen Ejogo


Todo sucede en las afueras de la ciudad, en una gran cabaña cobijada por la naturaleza, donde se mantiene recluida, por voluntad propia, una familia. Una extraña enfermedad comenzó a cobrarse la vida de varias personas de forma inmediata, y quienes pudieron huyeron de las grandes ciudades. Sin embargo, aquí no vemos ni zombis ni esos panoramas desérticos a lo Soy leyenda. Ya demasiado ha hecho todo ese cine y televisión postapocalíptica que abunda en la cultura pop, así que Trey Edward Shults, como director y guionista, se ahorra esto. Su interés no es inundarnos con más imágenes del estilo, sino contarnos una historia con mayor énfasis en lo humano y la supervivencia al interior de este contexto.

Uno de los pocos avistamientos que tenemos de la enfermedad en la pantalla es al inicio, cuando se observa al abuelo de la familia poseído por una enfermedad que lo hace vomitar sangre y que lo ha condenado a un cuerpo con ámpulas. Es el fin del abuelo. No sabemos cómo se contagió, y para evitar cualquier contagio al interior de casa, hay que matarlo.  Travis, el nieto de 17 años, acompaña a su padre Paul a las afueras de la cabaña. Observa a su padre darle un tiro al abuelo enfermo, arrojarlo a un hoyo y prenderle fuego. Hay que buscar sobrevivir a como dé lugar. Travis, por supuesto, es un lío de confusiones éticas que se presentan en forma de reclamo en pesadillas, que lo obligan a despertar a media noche en busca de respuestas. Como escribiera en algún momento el filósofo esloveno Slavoj Žižek: “la realidad es para quienes no soportan sus sueños”.

Al interior de la cabaña quedan Paul, Sarah y Travis, quienes viven bajo un imperio de reglas. Se aferran a éstas como un deportista a sus rutinas en pro del buen augurio. No siempre actuamos para que algo cambie sino también para que las cosas permanezcan igual.  Son las reglas las que dan la sensación de alivio, de bienestar, de habitar una guarida en el mundo.

Sin embargo, la fantasía se acaba el día que alguien entra a la casa. Paul enseguida arremete contra ese alguien, lo controla y después de una conversación y días de por medio, termina invitándolo a vivir a su casa. En medio de ese panorama apocalíptico y de inseguridad permanente, a él y a su esposa Sarah les parece de lo más racional unir fuerzas de forma cívica. Así que Will, el intruso venido a huésped, se muda a la casa de Paul acompañado de su esposa Kim y su hijo Andrew.

Sin decir más sobre la trama, Viene de noche (It comes at night) es una muestra sobre en qué o en quiénes nos podemos convertir cuando estamos invadidos de dudas, de sospecha, de inseguridad, cuando lo único que se busca es sobrevivir y estar en paz. Sin embargo no es una lectura obvia, ni tampoco es que la película te comunique estos sentimientos o que te haga sentir invadido por la sospecha que habita a los personajes. La cinta es inconsistente y hasta cierto punto lenta y tediosa. Es cierto que rompe con el canon de este género, pero su propuesta no es ni clara ni innovadora. El director es inteligente al plantear todas esas resoluciones ahorrándose mostrar a la gente enferma en la ciudad para entonces abordar ese dilema desde una óptica más humana y ética. A pesar de esto, la tensión nunca llega.

Viene de noche resulta una quimera que, mientras intenta desmarcarse del terror moderno, recurre a uno de sus trucos más usados: el hacer un marcado uso de los decibeles y la música ambiental para espantar al espectador y generar suspenso. Es decir, aunque evita mostrar seres y criaturas que personifiquen al mal, no se salva del otro elemento básico tan característico del terror actual. Y ciertamente es el sonido y no otra cosa, a pesar de la ejemplar cinematografía de Drew Daniels, lo que te recuerda que estás frente a una película que se supone de terror.

La cinta es igual de conservadora que mucho cine canónico del género que se ha hecho en EEUU.  El mal siempre es el otro, el de afuera, el extranjero. Y a manera de crítica, muestra también lo contrario. La barbarie habita la civilización, a mí, al local, al que vive bajo la ley. Pero tirando una analogía con lo sucedido en el 9/11, la película juega con esa ambigüedad: “sí, yo el local puedo ser un bárbaro en ocasiones, pero tenía razón para serlo”. Por otro lado, aquí nuevamente aparece el mal o la resolución justo en el despertar sexual del adolescente (Travis se siente atraído por la esposa de Will). Es la mirada conservadora que censura. Es una cinta de terror que detona el cierre cuando el sexo está por presentarse y que lo hace de una manera escondida (si algo se agradece a It Follows, también producida por Animal Kingdom, es la honestidad con que aborda el tema sexual y la mirada conservadora con relación al terror).

Viene de noche más que una cinta de terror es un drama, una tragedia al estilo clásico en tanto que plantea que cuando el fin del mundo venga, así sea bajo la máscara de una enfermedad, llegará para todos. No se salvarán los justos, ni los que viven bajo las reglas. Ni habrá consideración hacia la pulsión de muerte de aquellos que creen que por alguna razón son capaces de superar a la muerte misma a través de la vida. Cuando el fin del mundo llegue será el fin de todos. La película es trágica porque aún cuando la familia liderada por Paul y Sarah toma las decisiones más racionales e informadas para evitar el destino trágico, al final no pueden escapar de éste de la misma forma que Edipo, intentando escapar de su destino, termina por encontrarlo. Un círculo.

La película se siente como una tomada de pelo para quienes van buscando algún tipo terror y se encuentran con un drama, que aunque pudo llegar a enfrentar al espectador al abismo de lo inevitable, la muerte y la soledad, no lo hace. Así como tampoco explota el recurso de la duda frente al otro, de la desconfianza frente a aquel con quien compartes el techo como sí logra hacerlo, por ejemplo, Coherence  (James Ward Byrkit, 2013). No es mal momento para volver a ver The Witch (también distribuida por A24) y recordar lo mucho que aún se puede hacer desde este género en la actualidad.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
@ferbustos

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