Entrevista con Michael Dudok de Wit, director de La tortuga roja

La tortuga roja
(La tortue rouge)
Director: Michael Dudok de Wit
Género: Animación
Guionistas: Pascale Ferran & Michael Dudok de Wit

Este año, la categoría de Animación en los premios Óscar recibió más postulaciones que nunca con un total de 27 y más allá de Disney y Pixar, varios estudios presentaron cosas realmente interesantes, tal fue el caso de Ma vie de Courgette, de Francia, Kubo and the Two Strings, de los estudios Laika y La tortue rouge, coproducción de Francia, Bélgica y Japón, quedando las tres en la terna de nominadas por la Academia.

Aunque no obtuvo el Óscar (se lo llevó Zootopia), La Tortuga Roja acumuló otros reconocimientos: el Annie Award a Mejor Cinta Independiente; el Magritte Award de Bélgica como Mejor Coproducción y el más prestigioso: Un Certain Regard, premio especial del jurado, en Cannes.

El director y guionista, Michael Dudok de Wit, conocido por cortos como The Monk and the Fish (1994) y Father and Daughter (2000), tuvo con esta película, coproducida por Studio Ghibli, su debut en largometraje para mostrarnos la odisea de supervivencia de un hombre en una isla desierta.

Platicamos con el realizador holandés durante el pasado Toronto International Film Festival (TIFF).

Mariana Mijares: ¿Qué te inspiró a convertirte en un director de animación?
Dudok de Wit: Crecí en Holanda con una buena dosis de Los Picapiedra, además de otras caricaturas americanas y aunque no las considero mis inspiraciones, eran una forma de entretenimiento. Luego descubrí películas del este de Europa, que eran obscuras, individuales y políticas, pero yo pensaba, muy poderosas. En ese momento aún no decidía ser director, pero fui a la escuela de arte donde descubrí que me encantaban los cómics, que luego ligué a la animación. En retrospectiva, las películas del centro y este de Europa fueron las que más me influenciaron.

MM: ¿Cómo se dio tu relación con el famoso Studio Ghibli (Porco Rosso, ¿El viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke) para la realización de Tortuga Roja?
DW: La verdad fue muy muy inesperado. Tuve la fortuna de conocer a Hayao Miyazaki, pero fue un encuentro cordial y breve. Toshio Suzuki también conocía mis filmes, pues en alguna ocasión lo conocí en una charla que di en Corea y él estaba ahí. Me sorprendió el hecho de que tuviera interés en mi arte. Después recibí un correo de Studio Ghibli, del propio Suzuki, en el que decía que les gustó mi película Father and Daughter y que consideraban que era algo japonesa —cosa que  los japoneses no dicen fácilmente—. Me preguntaron entonces si había considerado hacer un largometraje con ese mismo estilo, y que si sí, les interesaría producirla.

MM: ¿De alguna manera ellos te impulsaron entonces a hacer esta película?
DW: Sí, definitivamente fueron catalizadores. Sin ellos probablemente nunca me hubiera animado a hacer un largo porque es muy difícil, no sólo financiarlo, sino despertar el interés de la gente. Nunca pensé que sucedería.

MM: ¿Cómo creaste la historia que cuentas en Tortuga Roja?
DW: Después de ese correo, de inmediato me puse a pensar ideas. No me considero un gran escritor en el sentido de que no tengo en la mente muchas historias distintas, sino que solo tengo una historia para un tiempo preciso y eso funciona para mis cortos. Me puse a pensar en qué temáticas podía utilizar y pensé en la de un náufrago varado en una isla tropical, un tema que he tenido presente desde mi infancia. Es muy arquetípico, pero te obliga a cuestionarte qué harías tú para sobrevivir y sobre todo, qué harías después. Eso es lo que me pareció interesante.

MM: ¿Cómo llegaste a la figura central, a la tortuga roja que se vuelve mujer?
DW: Pensé que sería muy lindo que este hombre conociera en la isla a una mujer y contarlo de manera muy natural. Al mismo tiempo, me pregunté qué sentimiento quería provocar: entretenimiento, drama, u otra cosa. El sentimiento que se me vino a la mente fue un gran respeto y admiración por la naturaleza y no me refiero a la naturaleza en abstracto como el bosque verde o el mar azul, sino a las emociones que te despierta:  la vida, la muerte, la luz, la sombra. Ese tipo de naturaleza.

MM: En ese sentido creo que la película retrata no solo el arco de un hombre que intenta sobrevivir, sino su relación con la propia naturaleza y eso no siempre le es fácil.
DW: Sí, me fui más allá, él está en conflicto con la naturaleza porque no quiere estar ahí. Al mismo tiempo debe aprender a sobrevivir, pero luego acepta su destino y entiende lo integrado que está con todo, no se puede estar en conflicto con el mundo natural. La mujer representa esa naturaleza.

MM: ¿Qué te gustaría que experimentaran los espectadores con esta película?
DW: No es una película con un mensaje grande, tipo: la naturaleza es importante, no, es más una película para contemplar y que haya empatía con lo que ves en pantalla.

MM: Sin embargo, creo que sí hay varios mensajes: uno de ellos, la perseverancia y la importancia de superar los obstáculos.
DW: Sí, el tsunami nos muestra que la naturaleza no siempre es bonita, a veces es devastadora, pero ese tsunami marca la madurez del hijo que justo después, crece y está listo para irse porque su momento ha llegado. Yo quería establecer suspensos, la muerte siempre está presente, no es una película ‘bonita’, es una película dura.

MM: Nos podrías hablar de la paleta de colores, porque tienes un estilo muy particular.
DW: Mi ambición más grande para Tortuga Roja era que se viera simple, dicho de manera positiva. Quería mucho detalle para las cosas: la arena, las piedras, los bambúes, las hojas, pero manteniéndolos simples. Lo mismo para la paleta de colores, porque creo que muchas películas tienen sobresaturación de colores. Jugamos mucho con eso y como inspiración vimos muchos ejemplos de arte japonés. Además, tenemos escenas en escala de grises, que tienen un fundamento biológico, porque en animación la noche siempre suele ser azul, pero en la vida real la noche no tiene color, simplemente no podemos verlos y por eso quise usar eso en la película: la falta de color.

MM: Creo que la película resulta muy universal también por el hecho de que no tiene diálogos, gente en todo el mundo puede experimentar la misma sensación.
DW: Sí, es una película muy universal en muchos sentidos: el personaje no tiene nacionalidad, no tiene pasado y no sabemos qué le pasó. Sólo sabemos que quiere sobrevivir. Y eso funciona porque construyes empatía en otros niveles. Incluso en su relación con la mujer no hay diálogos. Intentamos ponérselos en algún momento, pero se sentía muy artificial. Lo discutimos mucho y al final decidimos quitarlos. Sabíamos que era un riesgo, a mucha gente no le gusta que no haya diálogos, pero era un reto que queríamos tomar y que afortunadamente ha funcionado. Incluso en algunas proyecciones hubo gente que no notó que no hubiera diálogos, por eso creímos que funcionaba perfecto.

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