Maquinaria Panamericana 

Maquinaria Panamericana (México, 2016)
Director: Joaquín del Paso 
Género: Drama
Guionistas: Joaquín del Paso y Lucy Pawlak
Elenco: Javier Zaragoza, Ramiro Orozco e Irene Ramírez

Es otro día normal en la empresa de construcción Maquinaria Panamericana. El portero abre el zaguán y los trabajadores empiezan su rutina: limpiar oficinas, reparar máquinas, contestar llamadas, checar fugas, clasificar refacciones, apilar catálogos. Algunos pasan a persignarse frente a un altar de la Guadalupana, otros imprimen memes para pegarlos en sus cubículos y todo el movimiento sucede mientras un mensaje motivacional, leído religiosamente por el administrador de la empresa, inunda las instalaciones a través de un sistema de altavoz.

Las escenas iniciales de esta cinta del director Joaquín del Paso sirven para establecer una atmósfera de familiaridad en una empresa llena de tradición, un universo contenido que da la impresión de venir de otros tiempos, de épocas doradas de pujanza industrial y grandes tareas de infraestructura. La nostalgia de la cinta es palpable en cada imagen, en cada personaje y esto no es una coincidencia, sino una proyección deliberada del director que tiene una historia familiar muy ligada al guión de la película: su abuelo y su padre trabajaron en una empresa que comparte el nombre con la cinta, sus hermanos y él pasaron la infancia en la nave industrial conviviendo con las secretarias, los mecánicos y pasando sus vacaciones en viajes de negocios. 

Joaquín del Paso regresó de estudiar en Polonia para encontrar una empresa de construcción en plena reestructura. Las instalaciones se preparaban para la demolición y un mundo congelado en el tiempo estaba a punto de desparecer. En ese momento decidió filmar una película con un personaje central irrepetible, la nave industrial en desuso. Tuvo cinco meses para escribir un guión, recaudar recursos, armar un elenco y filmar. 

La historia de cómo se filmó es casi tan importante como la cinta en sí porque una buena parte de su carácter viene de esta premura. Esto es evidente cuando se ve a los personajes y a los actores que les dan vida: la mayoría provienen de las filas de trabajadores de la empresa y el resto se juntó con castings abiertos.

De esta manera la producción consolidó los dos ejes centrales que le dan su personalidad a esta cinta poco ortodoxa: la locación y el elenco. Dicho esto, no hay que quitarle crédito a los creadores porque el uso de estos elementos a través del guión, la fotografía, la dirección, vestuario y trabajo de sonido es lo que finalmente consolida una película que se sale del molde y culmina en una cinta extraña, única por su construcción visual.

Una vez establecida la peculiaridad visual, hablemos de la historia, que consiste de una psicosis colectiva que incita a los trabajadores a luchar por detener el tiempo, resistirse al cambio y negar la realidad.

La trama arranca después de las escenas iniciales que delimitan el día a día de la empresa. El dueño de la compañía fallece en su oficina, el administrador da la noticia a los trabajadores, quienes la reciben con una mezcla de tristeza e incertidumbre. Toda la certeza de la rutina desaparece en un instante para abrirle paso a un futuro lúgubre: ya no hay nada, la empresa está quebrada, se debe dinero a bancos, no hay pensiones y todos acabarán en la calle. En la desesperación y lleno de culpa, el administrador decide implementar un plan de resistencia, aunque nadie los está acosando en ese momento. Todos se reúnen en el patio de la nave y deciden encerrarse en las instalaciones hasta que encuentren la solución al problema: el dinero que falta debe estar en años de libros contables o en un Excel o una cuenta oculta o en la luna, pero habrá que encontrarla. Así da inicio el aislamiento del personal, que va deconstruyendo a los personajes y proyectando la sátira social de un México que vive negando su presente, engrandeciendo su pasado y temiendo su futuro. Para evitar arruinarle la película a posibles lectores, detengo aquí la narración de la trama, pero sí aclaro que la historia cumple sus cometidos y al final deja al espectador desconcertado.

La película vale la pena y no sólo lo digo yo, ya que mucho antes de su estreno ya es un éxito en la crítica y los festivales del mundo. La lista habla por sí misma: nominada a mejor película en el Festival Internacional de Berlín, ganadora del Premio de Audiencia a mejor película en el Festival de Durango, del premio MEZCAL por mejor película mexicana en Guadalajara, del premio del Festival de Guanajuato por mejor película, mismo asunto en el Festival de Monterrey, nominada a mejor ópera prima iberoamericana en el Festival de Cine de Miami y sigue y sigue.

En general, Maquinaria Panamericana es un animal raro, una bestia mitológica que se observa pocas veces en las pantallas de cine y esta cualidad no sólo es porque sea una cinta de cine mexicano independiente o porque se haya producido fuera del molde tradicional de estudio. Hay muchas películas de muchos países que cumplen con estos requisitos. Lo que de verdad hace especial a la obra de Del Paso es su naturaleza azarosa: que un cineasta mexicano regrese de Polonia tras siete años para encontrar una industria en vías de extinción, muy similar a la de su historia familiar, con sólo cinco meses para filmar, encontrando talento en hombres y mujeres ajenos al arte dramático y consolidando un guión para satirizar un punto crítico de la modernización de un país que está confundido en su identidad actual, melancólico de su pasado y temeroso de su futuro. Todo eso, junto, culminó en una obra muy particular.

Entrevista con Joaquín del Paso (spoilers)

Mateo Aguilar Mastretta: ¿En cuántas salas se va a estrenar? ¿Están pensando en salas de arte o buscan un perfil más comercial?

Joaquín del Paso: Queremos que salga en 50 salas como mínimo. Tenemos que platicar con Cinépolis y mostrarles a nuestros aliados porque ellos son los reyes de la distribución y deciden con cuántas salas. Entonces esperamos 50, pero pueden ser más o un poquito menos, pero alrededor de 45, 50, yo creo. Tenemos muchas ideas para que la película salga del perfil que tiene, es decir, la película se estrenó en el Festival de Berlín, ganó en Guadalajara, en Guanajuato, es muy de nicho de festivales, pero creo que se comunica bien con el público por el humor y el espacio y creemos que puede salir de ese círculo de arte y entrar al círculo comercial, sin aspiraciones de ser la nueva película de Derbez, pero sí llegando a más público del esperado.

MAM: Vi la lista de premiaciones, felicidades. Y la vi y la verdad es que hay que verla dos, tres veces más porque esta llena de detalles.

JDP: Sí, bueno, no es una película de pastelazo; aunque sí hay pastelazo hay un mensaje fuerte, un análisis, hay un sentimiento fuerte cuando terminas de ver la película. Creo que genera una reacción y tiene un punto de vista diferente y eso es bueno. 

N: Claro, desde la ambientación, que es increíble al estar filmada en una fábrica abandonada que iban a demoler. Y los pequeños detalles de decoración en cada escena, como el escritorio de la secretaria que esta lleno de ranas de porcelana, esos detalles le dan un toque. También vemos las computadoras viejas y los archivos, maquinas de fax y todo el ambiente de una compañía que un poco arcaica, aunque esta planteada en la actualidad, ¿cierto?

JDP: Es hoy en día, en un universo congelado en el tiempo. Esa fue la idea de la temporalidad de la película. De hecho yo pensé e intentamos poner señales de la época, como los memes, que en lugar de tenerlos en el whatsapp los imprimen, también los aviones y los coches, pero hay gente que sigue sin saber en qué año es la peli y me gusta que sea atemporal porque hay muchos espectadores que dicen “ah, yo trabajo en un lugar así” y en provincia todavía hay sitios así. La película habla sobre el fin de una era y el comienzo de otra, el fin de la economía familiar, el proteccionismo, del patriarca, que aunque nadie sea productivo se sigue adelante. Es una idea que ya esta en el pasado y seguir romantizándola es un poco utópico. El mundo ya cambió y la gente de la cinta sigue atorada en el pasado. Lo que se puede leer de muchas maneras, es decir, como sociedad muchas veces tenemos miedo de cambiar y no hay una cabeza, un líder que nos diga que todo va a estar bien y nos enfrentamos a un mundo que nos hace sentir solos. Ya no existe esa figura superior y no podemos confiar. Hay allí una analogía política y social de lo que esta pasando en México y justo el personaje del contador viene como parte de todo el ajedrez de la película, él es el clásico ejemplo del líder carismático, pero que no está preparado para serlo y que en el momento de crisis decide muy mexicanamente mentir, porque somos los expertos en decir mentiras cuando las cosas no salen. Entonces no es criminal en el sentido de que ahí hay una duda de si robó dinero o no, pero eso no está en la película, sino que el amigo lo acusa de llevar mal las cuentas y lo culpa por la quiebra. El contador le echa la culpa al Excel y de todas maneras se queda como líder porque es el que orquesta la mentira y la gente sigue la mentira. Es una sátira social en todo sentido.

N: Finalmente, dime cuántos días filmaron.

JDP: Cinco semanas. Coescribí el guión con una chica inglesa que se llama Lucy Pawlak, que vive aquí en México y estamos colaborando en otra. Fue un rodaje pequeño, pero ha dado frutos. Ha sido una sorpresa porque la hicimos sin intención, salvo por el intento de filmar el lugar que iba a desaparecer. Acabamos en Berlín y en Cannes y por eso salió bien, porque no hay manera de planear que una peli salga bien. Es algo mágico que sucede con la conjunción de todo: dirección, edición, el momento y cada factor que hace un éxito. 

N: Algo más. ¿Tiene propósito la película?

JDP: La película es personal.

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