Un desastre trepidante: el Rey Arturo de Guy Ritchie

Rey Arturo: La Leyenda de la Espada
(King Arthur: Legend of the Sword)
Director: Guy Ritchie
Género: Aventura
Guionistas: Joby Harold, Guy Ritchie & Lionel Wigram
Elenco: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou

Si al entrar a ver El Rey Arturo esperas encontrar una película con batallas épicas, muchos efectos especiales y un soundtrack a todo volumen, no saldrás decepcionado. Si por el contrario, buscas encontrar una historia apegada a la leyenda de Arturo, su relación con Merlín o algo sobre Lancelot y Gueniver, será mejor que te abstengas.

En la versión de Guy Ritchie de El Rey Arturo, hay un ritmo frenético y una edición trepidante. El rey Uther (Bana) intenta defender su reino de un ataque de magos, liderado por Mordred. En esta batalla, las flechas y el combate tradicional son sustituidos por efectos especiales y animales fantásticos (los elefantes existen, pero aquí son del tamaño de un Transformer).

La batalla da lugar al meollo central de la historia: la separación del pequeño Arturo de sus padres y de su reino; corte A, un montaje de menos de 5 minutos que cuenta toda su infancia —cientos de fotogramas por minuto y con rápidos movimientos de cámara—, hasta llegar al presente.

Regresando al tiempo actual de la historia, nos enteramos que Arturo vive en un burdel y se dedica junto a sus amigos a robarle a los ricos para ayudarles a las prostitutas (¿?). Nunca vemos que tenga ninguna cualidad que lo redima y su verdadera valía inicia en el momento en el que le ayudan sus cuates —una hechicera (Astrid Berges-Frisbey) y su ejército de animales— a escapar del malvado tío Vortigern (Law). Sus méritos nunca provienen de su carácter: es un personaje que no crece y no evoluciona y, por tanto, nunca nos importa.

Además de la clara falta de desarrollo de personajes, el mayor problema de esta cinta es el ritmo pues, en lugar de agradecer que nunca aburra, va tan rápido que es casi imposible seguirle el paso a la edición de James Herbert y, sobre todo, a la historia.

El sello de Guy Ritchie está presente. Además de contribuir al guión, tal y como lo hizo en Sherlock Holmes, dota de vertiginosidad y música trepidante a un relato clásico ofreciendo un cuadro que podría haber resultado fresco, pero que resulta un batidero.

El estilo visual de este filme tiene más en común con cintas como 300 o con videojuegos malos, que con películas basadas en el mismo mito —como Excalibur (1981), First Knight (1995), o más recientemente El rey Arturo (2004). En cuestión de historia, esta cinta parece ser un mash-up mal logrado con elementos de Game of Thrones, Lord of the Rings y sobre todo, El Rey León pero con anfetaminas.

Otro de los grandes problemas es el abuso de tecnología: por ejemplo, vemos elefantes y serpientes gigantes (que no existian en Europa en la Edad Media ni en ninguna otra parte). También hay una especie de pulpo en cuyos tentáculos habitan dos mujeres y un hombre que sirven para recordarle al villano Vortigern que tiene que matar a Arturo. Y sí, los animales generados por computadora tienen mayor relevancia que los actores de carne y hueso.

Uno de los pocos aciertos es la música y, aunque podría culparse al director de valerse demasiado de su soundtrack, resulta uno de los aspectos más memorables de una cinta desastrosa.

Al final del día, cuando pensemos en Arturo, es probable que recordemos más al pequeño güerejo flacucho de Disney que a Charlie Hunnam (aún cuando éste presuma mejor forma). Y hablando en serio, resultará mucho más entretenido repetir por décima vez Monty Python and the Holy Grail que esta película.

Pero quienes quedarán más tristes que los espectadores serán los del estudio, pues de los 175 millones de dólares que costó hacerla, El Rey Arturo recaudó menos de 15 en su primer fin de semana, lo que significa que Ritchie y compañía pueden irse olvidando de la idea de una franquicia… o siquiera de una secuela (nos quedaremos sin conocer a Lancelot o a Merlín).

Pero no hay tiempo para lágrimas, Ritchie puede consolarse con la versión live-action de Aladdin: ojalá logre un mejor resultado y no acabe nuevamente con nuestras imágenes de infancia. El Rey Arturo es un épico desastre medieval.

 

Fernando Bustos Gorozpe
@Ferbustos

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