Los altibajos de Argos, productora de Ingobernable

La serie Ingobernable (2017), producida por la compañía Argos Comunicación de Epigmenio Ibarra y transmitida a partir del 24 de marzo pasado en Netflix, nos lleva a reflexionar sobre las estrategias de producción de contenidos de la importante productora mexicana.

En las producciones de Argos Comunicación hay que diferenciar las “telenovelas” con cierto contenido social y político como El Octavio Mandamientoo (2011) Infames (2012), de las “series” con alguna inclinación temática socio-política parecida, pero con muchos menos capítulos, a veces divididos en temporadas. Las series ofrecen en principio la posibilidad de una concisión que podría redundar en un lenguaje audiovisual más cuidado y cercano a los formatos cinematográficos, en lugar de los recursos telenoveleros del close up¸ el lagrimeo interminable y las reiteraciones temáticas a lo largo de la trama. Hay que decir que una de las características de las producciones de Argos Comunicación ha sido la de crear tanto series cortas como “telenovelas” sociales que saben relacionar la ficción con los hechos sociales y políticos del acontecer mexicano. Todo ello, como lo ha señalado el propio Ibarra, dentro de una cierta perspectiva de género en el que contextualiza la situación social de la mujer en la vida privada y pública del México contemporáneo, como por ejemplo Mirada de Mujer (1993) y Nada personal (1996), telenovelas que hicieron famosa a esta productora al innovar en el lenguaje y tratamiento de la ficción dramática serial.

Parte del éxito de las series, pero sobre todo de sus “telenovelas” como el hoy famoso El Señor de los Cielos (¡ya en una cuarta temporada!), es la presencia de un doble nivel del discurso: por una parte, lo común de esos diálogos del corazón, las promesas (o no) de amor, la secuela de declaraciones sobre odio, rencor, miedo, las confesiones de tradición o el reconocimiento del esfuerzo que hacen sentir muy cómodo al destinatario porque sabe cómo decodificar ese contenido. Pero por otra, lo parcialmente novedoso: las alusiones políticas, las intrigas y las referencias más o menos directas a hechos periodísticos que le permiten al público participar en ese “juego” del reconocimiento real tras la ficción.

Con el tiempo, la empresa de Ibarra se ha ido complejizando con nuevas alianzas y contratos, como el firmado con HBO para producir la que quizá sea una de sus mejores series: Capadocia (primera temporada 2008, segunda 2010 y tercera 2012) nominada a 3 Emmy’s internacionales. Argos ha creado su propia escuela de talentos (Casa Azul, formada en 1999) de las que han salido actrices como su propia hija, Eréndira Ibarra, quien en Ingobernable —como ya en otras series— tiene un papel protagónico.

Sin duda, Argos ha sido una suma de éxitos, pero ahora también de cuestionamientos. Entre sus méritos, no nos cansamos de reconocer cierto ejercicio de la denuncia, el acento (en la mayoría, no en todas sus producciones) de los temas de género, y la relación con los hechos contemporáneos de la política que generan quizá un ejercicio involuntario de pedagogía y sensibilidad social. Por lo mismo, extraña, cuando no incomoda, la recuperación de moldes, el desarrollo de estereotipos, la simulación del thriller ahora edulcorado con contenido político relativamente fácil de reconocer dentro de fórmulas que ya le hemos visto en otras producciones o que es posible ver en el cine de acción deficiente; vemos también la incorporación de una sexualidad explícita como la que mantiene la fría asistente de la oficina presidencial Ana Vargas-West (Eréndida Ibarra) con el presidente Diego Nava (Erik Kaiser), o también la protagonista, Emilia Urkiza (Kate del Castillo) con el ex convicto Canec Lagos (Alberto Guerra) quien le ayuda en su cautiverio y fuga, lo cual en sí mismo no tendría que ser objeto de mención en una trama que no requiere esos recursos de emotividad y paréntesis.

Es cierto que todos los elementos de entretenimiento se encuentran en Ingobernable y que tal vez tenga una presencia consistente en el consumo de Netflix, además de ser la segunda serie (la primera fue la comedia Club de Cuervos, 2015) producida por esta importante plataforma con tema, asunto, temática, actores y productores no únicamente, pero principalmente mexicanos. Esto tal vez explica el despliegue publicitario de Netflix México para difundirla en carteles, espectaculares, internet, anuncios en autobuses, etc. En todo caso es también la primera asociación entre Netflix y Argos.

Algunas de las fórmulas fáciles y gastadas que Argos comienza a repetir son recursos que diezman los valores semánticos de sus series. No resulta casual que la calificación de Ingobernable sea de “dos estrellas y media”. Esto puede traducirse como “bien a secas” y no por su fotografía o valores de producción, sino quizá por esa autocomplacencia de las temáticas impactantes, los diálogos melosos, la madre que huye y las formas en las que reitera su amor e inocencia ante sus hijos, las escenas pseudo-eróticas (en un estilo soft porn de canal Golden) y las escenas, muy poco creíbles, de vendedores y trabajadores de Tepito agarrándose a balazos contra el ¡Ejército! al momento de ingresar al barrio.

Si por una parte Argos ha sabido ser respetuosa de su audiencia al presentar contenidos de calidad y mediana originalidad ¿por qué ahora, en lugar de proseguir su exploración discursiva, audiovisual y temática sobre la realidad mexicana, parece reiterar abordajes ya explorados en otras series y telenovelas? Además de esto, quizá lo más preocupante sea lo siguiente: ¿qué imagen de audiencia o destinatario traslucen Argos e Ibarra en series de este tipo? ¿Acaso la productora no concibe a su público como un sector informado y mediamente inteligente? En tal caso sería bueno saberlo, porque con ello también tendrá que cambiar la actitud y disposición al seguir consumiendo sus series y ya no reconocer en ellos una relativa garantía de buen gusto y tratamiento de temas sociales. Desearíamos estar equivocados. Ya veremos. Por lo pronto, en Ingobernable, nos han quedado debiendo y no es la primera vez.

 

Tanius Karam
Investigador y profesor de comunicación en la UACM.
@taniuskaram

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