Los tropiezos de Ingobernable

Ingobernable
Director: Pedro Pablo Ibarra
Género: Serie
Creada por: Epigmenio Ibarra, Verónica Velasco y Natasha Ybarra
Elenco: Kate del Castillo, Eréndira Ibarra, Alberto Guerra, Erik Hayser, Aida López, Álvaro Guerrero, María del Carmen Farias, Marina de Tavira, Luis Roberto Guzmán, Marco Treviño, entre otros.

*Contiene algunos spoilers

Hay algo seguro, la seguridad del Estado Mayor Presidencial no es muy eficiente: permiten que el Presidente de México sea asesinado; que la Primera Dama, principal sospechosa del crimen, escape, y días después, que secuestren a la hija de ambos.

Aunque Ingobernable sea una ficción arraigada en la historia, resulta difícil convercerse de la segunda serie producida por Netflix para México. Aunque cuenta con un alto nivel de producción —a diferencia de su antecesora Club de Cuervos—carece de un elenco consistente, y sobre todo, de desarrollo de personajes.El problema es que en Ingobernable se pierde la brújula, la consistencia y la objetividad, logrando solo una serie de viñetas que resultan inconexas, y poco atractivas.

Por un lado se presenta la problemática interna del Presidente y la Primera Dama: Diego Nava (Hayser) y Emilia Urquiza (Del Castrillo), quienes no se llevan bien y ella le pide el divorcio. Después del asesinato, entran a escena el Secretario de Gobernación (Ávaro Guerrero) —luego Presidente— y empleados del Gobierno, entre ellos la Jefa del Gabinete: Ana Vargas-West (Ibarra) la también amante del Presidente. A esto se le suma un complot del ejército encabezado por el General Agustín Aguirre (Treviño) que nunca queda del todo claro; un puertorriqueño (Guzmán) que no habla bien ni inglés ni español y que continuamente extorsiona a Ana, y, para complicar todo aún más, una serie de personajes de Tepito que se relacionan con el caso de los 39 desaparecidos (un claro guiño a los 43): entre ellos el joven Canek Lagos (Guerra) quien ayuda, e intima, con la Primera Dama.

Así de confuso es el embrollo de la serie, que por haber querido abarcar tanto en una temporada termina mostrando todo superficialmente. No se les dedica el tiempo suficiente a los personajes, a sus conflictos y motivaciones, y en consecuencia, no hay una verdadera construcción de personajes. Nunca sabemos bien a bien quién es Emilia, por qué huye si es inocente y cómo, si la gente del gobierno es tan mal intencionada, deja con ellos a sus hijos.

Además de la columna vertebral, es decir la trama, otro de los problemas de Ingobernable es el casting, empezando por la propia familia presidencial: Del Castillo, de 45 años, se ve, por lo menos, 10 años más grande que Hayser (de 36), quien para tener a una hija adolescente la debió tener a los 18. Esta hija, María (Alicia Jaziz), que en la historia se muestra como una lesbiana atrevida y desfachatada, aparenta menos de 18. Resulta extrañísimo que tenga escenas sexuales tan elevadas con la asistente del fiscal, una mujer de más de 30.

La estrella de este show, Del Castillo, se había comprometido ya con Netflix antes de que saliera a la luz todo su asunto con el Chapo. Como consecuencia, lejos de ganar por haberla mantenido en su elenco, la serie sale perdiendo. Al no poder pisar México —país donde se desarrolla la trama—, Kate tuvo que ser sustituida en todas las escenas en exteriores o lugares icónicos. Por ejemplo, en el primer capítulo, cuando Emilia escapa por todo el Centro hasta Tepito (en tacones y sin que nadie la reconozca), lo que vemos es a una doble cubierta. Para poder grabar con Del Castillo se tuvieron que idear locaciones en San Diego, así que además de haber sido una pesadilla de logística, la serie dejó atrás la oportunidad de ser enteramente filmada en México.

Si todo hubiera sido por un personaje que resultara realmente interesante, un papel que superara al trabajo que la actriz hizo en La Reina del Sur, seguramente habría valido la pena tener que trasladar al resto del elenco a Estados Unidos. Pero aquí la Primera Dama es presentada como una mujer abusada física y moralmente por su esposo, que escapa rápida y mágicamente a Tepito, que continuamente se mete en problemas ajenos, y que se la pasa huyendo, al etilo de Harrison Ford en El Fugitivo, en todos los capítulos.

Otro punto delicado es el guiño que se hace a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que, considero, debió haberse manejado de manera mucho más sensible y cuidadosa. Aquí es sólo un pretexto para que Emilia entienda lo mal que gobernó su marido y que ella no hizo nada al respecto (como si realmente hubiera podido hacer una diferencia). El tema se vuelve entonces un mero marco sin representar, como lo fue en realidad, una verdadera herida para el país (aquí solo parece impactar en Tepito). Fácilmente pudo haberse evitado y crear en su lugar otro contexto.

Finalmente, para el asunto del complot del asesinato del presidente, muy al estilo de otro thriller, 24, la intención era probablemente mostrar cómo al gobierno estadounidense no le están conviniendo las decisiones del mandatario mexicano y actúa en consecuencia. Pero es muy poco realista que, con tan poca gente y de manera tan sencilla, se haya logrado asesinar al hombre más importante de México.

Existen series más eficientes en mostrar los ires y venires de la familia y los asuntos presidenciales. Ahí están Scandal, The West Wing o House of Cards, ejemplos con personajes bien delineados y que van creciendo episodio a episodio. En contraste, cada capítulo de Ingobernable parece solo complicar la trama pero no en beneficio de los personajes o de una macro historia.

El final deja varios cabos sueltos y abierta la posibilidad de una segunda temporada —que ya fue confirmada—, pero con estos personajes y sus conflictos, resulta difícil mantenernos interesados.

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