Ghost in the Shell en diálogo

Hablar sobre Ghost in the shell encierra cierta complejidad, esto debido a que es un manga que devino en dos películas animadas y del que incluso también se generaron series televisivas, hasta llegar a este Live Action estelarizado por Scarlett Johansson. Por lo mismo, este texto no busca entrar en grandes detalles ni comparaciones puesto que Ghost in the Shell es un verdadero tema de culto. Lo que interesará aquí es dar cuenta de esta última película de Paramount Pictures que, si bien no ha dejado muy contentos a los grandes entusiastas de este título, sí es útil para entablar cierto diálogo.

Es cierto que la película calca algunas escenas de la película de 1995 (Mamoru Oshii), pero esto no es una debilidad sino más bien parece un acierto. Se agradece el ejemplar uso de efectos especiales y la reconstrucción de ese universo futurista sin que parezca exagerado.  Visualmente es una película compleja. El New Port que nos presentan es sombrío y muy similar a Los Ángeles de Blade Runner. Hay grandes edificios y espectaculares que sopesan la falta de cielo como en casi todo el cyberpunk. No es de extrañar aquella justificación que las Wachowski, al interior de su saga Matrix (que tiene su génesis en Ghost in the Shell), desarrollaron para explicar el cielo clausurado sobre sí mismo.

La película sigue los cuestionamientos existenciales de MayorMotoko Kusanagi, una policía futurista que se encarga de vigilar y perseguir los crímenes cibernéticos. Su particularidad, en esta película, es ser un cyborg. Su cerebro fue implantado en un cuerpo robótico que ahora le permite realizar hazañas heroicas. Y aunque en el contexto de la película ya no es raro encontrarse con cuerpos intervenidos tecnológicamente, el caso de Mayor es importante pues es el primer cuerpo completamente robotizado habitado por un cerebro humano: un órgano sin cuerpo humano, pero con cuerpo robótico.

El título de la película (que a su vez hace referencia al libro de Arthur Koestler, The ghost in the machine), que en español ha sido titulada La vigilante del futuro, evoca una cualidad que puede habitar estos nuevos cuerpos, un fantasma heredado a través de la memoria que en este caso se asocia al alma. Mayor, en su caso, se ve asediada por imágenes que no logra diferenciar como verdaderas o simulaciones, tendiendo un evidente puente con aquella problemática cartesiana de la indistinción entre sueño y vigilia.

En este punto, decir más sobre la trama sería revelar la historia para quien no la ha visto. Lo cierto es que para todos aquellos que no son fans de la historia, posiblemente se puedan sentir un poco encerrados ante la estética y la narrativa. Ghost in the Shell es una película excesivamente sombría que al intentar seducir tanto a fans como a nuevos espectadores termina por quedar a deber en cuánto a la narrativa, pues las problemáticas que esta nueva adaptación plantea sobre la construcción de la inteligencia artificial son importantes pero no llegan a desarrollarse bien.

Independientemente de esta película, hay que destacar que la historia sirve para plantear una problemática que nos ha aquejado por años en la filosofía y también en la ciencia. Es aquella que tiene que ver con la dualidad alma-cuerpo. Ghost in the Shell tempranamente se introdujo al diálogo y problematizó cuestiones que apenas hace un par de años han tenido cabida en Hollywood, pues si bien casi toda la historia del cine que trata sobre Inteligencia Artificial (en este otro texto hablo sobre la I.A. en el cine) ha construido estas inteligencias ancladas a un cuerpo, rara vez se adentra en la razón y el interés de construirlas bajo un dualismo al que éstas podrían escapar (como en Her de Spike Jonze, es decir, una I.A. no necesita un cuerpo). El manga, anticipadamente en 1989, es honesto y cínico al respecto: si nos interesa construir inteligencias que dependan de un cuerpo robótico (y que al poseer cuerpo se construyen atadas a ciertas nociones metafísicas antropomorfistas) es para asegurar una casa a esa otra parte que desde lo secular se ha entendido como mente y ya no como alma (al pasar de los años el pensamiento no se ha separado del dualismo, y se ha remplazado el concepto de alma por mente que a su vez es análoga al cerebro, cuando habría que matizar que ningún concepto significa lo mismo). Frente a la carne corruptible y el deseo de superar a la muerte mediante la vida misma, pareciera que la única vía es la de volvernos cada vez más artificiales.

Ghost in the Shell es un manga valiosísimo y sus películas animadas merecen ser visitadas por la premura con que entablaron temas de ciencia ficción que generaron una cadena de trabajos relacionados alrededor de la temática expuesta. La cinta interpretada por Scarlett Johansson, aunque valiosa en términos visuales y en manejo de CGI, puede ser un poco somnífera. Sirve para dialogar, pero sirven más los trabajos previos.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Twitter: @ferbutos

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