Girls: La revolución de Lena Dunham

El domingo 12 de febrero se estrenó la temporada final de Girls, la serie televisiva de Lena Dunham. Desde su aparición en 2012 este programa de HBO ha sido objeto lo mismo de adoración que de desprecio por parte del público y la crítica.

La estética del primer episodio de la última temporada de Girls nos dio indicios de lo que podemos esperar para el cierre de la historia: tonos azules, escenarios iluminados, desnudez abundante y esperanza en el futuro. Seis años después, parece que nuestra heroína –Hannah– lo consiguió: al fin saboreó el éxito tras enfrentarse al rechazo de las editoriales, sus amigos y compañeros de maestría en temporadas pasadas. The New York Times publicó un artículo suyo sobre la relación de su mejor amiga con su ex novio. Jessa y Adam, los sujetos en cuestión, se veían felices juntos y pasaron gran parte del capítulo desnudos en un sillón. Para Ray, la voz más sensata de la serie, el artículo no fue gran cosa. Es imposible saber si los creadores del programa están dando falsas señales en el primer episodio, pues tal vez en el segundo todo sea caos y miseria de nuevo. Sin embargo, da la impresión de que los personajes han evolucionado y que se sienten por fin cómodos en su propia piel.

Más allá de la afinidad individual que puedan generar las situaciones retratadas, es indudable que Girls ha dejado una huella en la televisión y se ha convertido en un ícono generacional. En los últimos tiempos programas como Louie, Atlanta y Master of None introdujeron un nuevo género deseries semi autobiográficas con duración de media hora en las que el creador del programa, muchas veces en el rol del personaje principal, relata situaciones de su vida diaria y los conflictos de la cotidianidad. Estos programas se componen de statements sobre el espíritu de la época y exploraciones sobre la identidad, las relaciones, el sexo, la familia, el género o el mercado laboral, más que de episodios que narran una historia de manera lineal. Girls sigue esta tendencia, pero se distingue del resto por haber introducido el punto de vista femenino de forma radical: la mujer que lo concibió y escribió le dio vida a personajes complejos y multidimensionales. Felicity, Sex and the City o Desperate Housewives eran programas sobre mujeres pero creados por hombres, en los que predominaban personajes superficiales y arquetípicos. Girls, por su parte, cuenta la historia de Hannah Horvath, el alter ego de Lena Dunham, y de sus tres amigas Marnie, Shoshanna y Jessa, todas chicas de veintitantos y graduadas de la universidad. Son cuatro mujeres blancas, que no son ricas pero tampoco pobres y que viven en Nueva York con todo lo que eso significa. No cabe duda de que la ciudad queda representada como la capital del individualismo exacerbado: la presión por ser exitoso, estable, tener trabajo y casa se potencia en este lugar y se convierte en el centro de la existencia de los protagonistas.

En el piloto de la serie, Hannah, graduada en letras inglesas, ansiosa, con sobrepeso y enfundada en una falda amarilla y medias color café, les pide a sus padres que no la dejen de apoyar económicamente para que tenga tiempo de escribir su libro. Profundamente convencida de su propósito en la vida les dice: “creo que seré la voz de mi generación, o al menos una voz de alguna generación”. La intención de ese diálogo, al mismo tiempo confesión y autocrítica, es lo que convierte a Girls en un monumento al realismo. En esta serie los personajes reconocen que sus deseos más profundos son perfectamente risibles, que sus problemas no son sino caprichos de una generación estancada en la adolescencia perpetua. El drama existencial de ser artista en Nueva York es un cliché y, sin embargo, muchos se identifican con él. Ese tinte de ridiculez en los artistas de la época es innegable y Lena Dunham sabe explotarlo perfectamente; ella misma mantiene una mirada crítica frente al mundo, pero no lo rechaza porque se sabe parte de él. 

Esta temporada es la despedida a la creación de Dunham; un microcosmos que mostró y moldeó a la vez los deseos, expectativas, miedos, defectos, hábitos, formas de hablar de personas de entre veinte y treinta años. Digo moldeó porque Girls desató una fiebre de interés en las mujeres jóvenes por estar presentes en el mundo artístico. Antes, era difícil pensar en creadoras de televisión que fueran mujeres y que fueran jóvenes, no había esa clase de modelo a seguir a pesar de que existían figuras de referencia como Julia Louis-Dreyfus, Tina Fey o Amy Poehler. Ahora se puede pensar en seguir los pasos de Lena Dunham y atreverse a escribir, crear, dirigir un programa propio. Por otro lado, Girls también moldeó y desechó ciertas ideas preconcebidas sobre los cuerpos, al mostrar aquellos que no están esculpidos como estatuas griegas y más bien enfocar las narices chuecas y los dientes amarillos, la celulitis en los muslos o el vientre irregular, rompió con la idea de que los actores deben lucir como modelos y que el sexo en la pantalla se reduce a cuerpos atractivos y sudorosos. Girls exploró otras dimensiones, otros ángulos: el cuerpo como fuente de inseguridades, enfermedades, secreciones y olores. El sexo como un escenario, en donde se adoptan roles y se actúa. Un acto interrumpido por diálogos incómodos, movimientos torpes, dificultad para coordinar los deseos de todos los involucrados. Ese realismo orilla a Girls a ser una serie que no es para todos, pues en ocasiones es demasiado estridente y difícil de ver.

Al mismo tiempo, la historia está llena de capas dramáticas, la psicología de los personajes es dramatizada de formas vistas muy rara vez. Sin necesidad de una explicación verbal, percibimos las diferencias entre lo que hacen y dicen los personajes, lo que entrega un retrato muy individual de la personalidad de cada uno de ellos. Hablan consigo mismos y cambian de acuerdo a la situación en la que se encuentran, en la medida exacta. Los gestos son importantes, las miradas, el lenguaje corporal, levantar las cejas o fruncir el ceño. Es fácil que el espectador desarrolle una opinión sobre Hannah y la considerare narcisista, molesta y egoísta. Es curioso que los personajes a su alrededor también expresen esa opinión y digan en voz alta: “Hannah es la más egoísta de todas” y concluyan después que “es la más dulce”. Sus amigas en la serie hablan de ella como un ser humano, la perciben en todos sus niveles, la analizan y observan en muchas dimensiones.

Otro acierto sin duda han sido los actores, que son cuidadosos en sus interpretaciones y saben que llevarlas al límite sería desgastante, por lo que optan por la sutileza y naturalidad. El ajetreo verbal del programa puede ser cansado: los diálogos son rápidos y cargados, da la impresión de que estamos viendo un concurso de ingenio entre los escritores y sus referencias. Hannah describe a Jessa como “una sirena con la cara de Brigitte Bardot y el cuerpo de Rihanna”. Menciones a Beyoncé, al teatro conceptual en Nueva York, a Philip Roth, a 50 Sombras de Grey, a Vogue, a Hillary Clinton, Occupy Wall Street, las TED Talks, The Velvet Underground y Nico son parte integral de la serie. Un silencio o una pausa podrían ser más efectivos que una respuesta sarcástica hablando del cine de Pasolini. Sin embargo, ese estilo también sirve un propósito, el hecho de que el concepto no sea crear personajes encantadores, que se puedan idealizar con facilidad, sino retratar las torpezas sociales, los momentos desagradables en toda conversación o encuentro casual y reflejar los estándares culturales de ciertos grupos.

Girls ha marcado un estilo hiperrealista, femenino, autorreferencial y cargado de guiños a la cultura popular. Tal vez su mayor virtud ha sido la de saber expresar la conciencia de un segmento de la juventud moderna, el recordar que ser inteligente tal vez no sea suficiente para triunfar allá afuera, que los padres se sacrificaron para otorgar un estilo de vida que es difícil de costear en la actualidad, que estar con un hombre mucho tiempo no es sinónimo de casarse con él y que las relaciones en general son extremadamente frágiles. Fue un parteaguas y podemos imaginar que en el futuro haya programas y películas que sigan el mismo camino. Esas son las consecuencias insospechadas de retratar la vida interior de una mujer de veinticuatro años.

María Guillén Garza Ramos

2 comments on “Girls: La revolución de Lena Dunham

  1. Fernando de la Torre Saavedra on

    Sin conocer la serie y estar lejos de esa generación que describes, invitas a verla con esos ojos críticos, para adaptarse a un mundo que se mueve de manera vertiginosa y en un momento ya estamos fuera de él. Excelente el artículo, voy a comprar este número de la revista Nexos.

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